Israel 1 – Atlanta 0 (1963)

Relacionado históricamente a la comunidad judía, el Club Atlético Atlanta puedo reforzar aún más el vínculo cuando se convirtió, en abril de 1963, en el primer equipo argentino en pisar Israel. En aquella mini gira, el Bohemio disputó dos partidos, destacándose la sorpresiva derrota ante la Selección local.

Invitada por el gobierno israelí, que se hacía cargo de todos los gastos, la delegación de Atlanta encabezada por el Presidente León Kolbowsky y el técnico Osvaldo Zubeldía, se tomó el vuelo hacia Tel Aviv, dejando algo pendiente. Sí, por aquellos días, los de Villa Crespo estaban participando de un hexagonal amistoso que ellos mismos organizaban. Poco les importó. Pusieron a la Reserva en el último partido y así fue como perdieron el título a manos de Argentinos Juniors. Lo paradójico es que el slogan del hexagonal era «un torneo serio». Lluvia de (?).

Ya en la Tierra Santa, Atlanta se enfrentó al seleccionado de Israel, que venía de perder varios amistosos y no estaba considerado como un rival a temer. Sin embargo, el Bohemio se vio sorprendido y cayó 1 a 0, con gol de Shimon Cohen, en el Estadio Nacional de Ramat Gan. Pese a que contaba con jugadores de renombre, como Carlos Timoteo Griguol o el centrodelantero Jorge Fernández, la figura de los argentinos fue el arquero Hugo Gatti, de tan solo 18 años, quien ya llamaba la atención de la prensa por su particular estilo.

La gira continuaría con otro amistoso ante el Macabi Tel Aviv. Y eso no es todo, porque algunas semanas más tarde, un combinado de Israel viajaría a la Argentina para a enfrentar a Atlanta y a otros equipos locales.

Gracias por el material a Sentimiento Bohemio.

Especiales: Hugo Moyano futbolista

moyanofutbolista

No se vayan a creer que todo lo hace por la guita o por el poder político. Mucho antes de convertirse en el mandamás de Alvarado, Comunicaciones, Barracas Central, Camioneros Independiente de Avellaneda, el sindicalista Hugo Moyano tuvo una estrecha relación con el fútbol. Y no como dirigente, sino como jugador amateur. Desarrollemos su breve y desconocida historia dentro de un campo de juego.

Nacido en La Plata en 1944, pero radicado en Mar del Plata, Hugo Antonio Moyano se empezó a interesar por los deportes desde muy chico. Mientras sus amiguitos jugaban a los autitos, él jugaba a los camioncitos (?) soñaba con presentarse en estadios repletos de gente. Y quieran o no, lo logró.

Primero, claro, corrió las despobladas canchas marplatenses, jugando en las inferiores de Unión de Mar del Plata, donde compartiría jornadas con Julio Santella, un buen lateral izquierdo que luego de pasar por Estudiantes y el Deportivo Español, se rompió los ligamentos y entonces se dedicó a la preparación física, función en la que consiguiría un singular éxito acompañando a Carlos Bianchi.

¿Y Moyano? A comienzos de los años 60 llegó a ser suplente en la Primera División del Celeste, cuando ya era delegado gremial en una empresa de transportes. Cuentan que era un wing flaquito que jugaba por derecha. Y a diferencia de lo que sucedería una década más tarde, no marcaba a nadie.

También en su juventud, el líder camionero se dedicó al boxeo, pero recién empezó a pegar fuerte en los 70, cuando se hizo cargo de la Juventud Sindical Peronista en la Regional de Mar del Plata. Algunas publicaciones de la época dan cuenta de que la LJP se dedicaba a identificar y a capturar a los subversivos. Más específicamente a los integrantes de la agrupación Montoneros.

Con los años, Moyano fue acomodándose a la coyuntura de los gobiernos de turno. A veces en la misma vereda, a veces en la de enfrente. Política, ni más ni menos que eso. Lo mismo que, luego de haber intentado en varios clubes del ascenso, tratará de hacer en Independiente. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlo? Si comete algún error, ya sabemos lo que tenemos que hacer.

Atlético Tucumán naranja (1993)

La historia, rescatada hace unos meses por el diario La Gaceta, da cuenta de un hecho bastante particular que pone de manifiesto algo que desconocíamos: los tucumanos son daltónicos (?).

En 1993, Atlético Tucumán recibía a Talleres de Córdoba en el estadio Monumental José Fierro. Un equipo a bastones celestes y blancos, otro a bastones azules y blancos. ¿Podían confundirse? Sí, pero nada fuera de lo común para lo que sucedía en el Nacional B de aquel entonces, más precario y sin tanta indumentaria como ahora.

Sin embargo, el local disponía de dos juegos alternativos. Uno blanco con vivos celestes y otro naranja con vivos blancos. Toda una rareza este último, pero funcional para la situación que se presentaba ante La T. Fue así que, según cuenta la leyenda, el técnico Hugo Zerr eligió de movida la pilcha anaranjada para salir del paso. Claro que no esperaba la negativa del utilero, Néstor Usandivares, quien le explicó que usar esa casaca podría generar el rechazo de la gente, al confundir esos colores con los de San Martín, el clásico rival. El detalle es que el Ciruja está identificado con el rojo, no con el naranja. Pero bue.

Atlético salió a jugar con la camiseta blanca, pero en el entretiempo el árbitro insistió en cambiar de indumentaria. Según la autoridad, no había el contraste necesario para diferenciar a los jugadores. Hinchado las bolas, Zerr ordenó a sus hombres que se pusieran las camisetas naranjas, contradiciendo al utilero y haciéndose cargo de las consecuencias. ¿Y qué fue lo que pasó? Llovieron las puteadas.

Ni bien aparecieron los futbolistas decanos en el campo de juego, la hinchada empezó a silbar. «Si no cambian los colores, que quilombo se va armar», dicen que cantaron. ¿Resultado? Tuvieron que volver al vestuario para ponerse las camisetas del primer tiempo, mientras el utilero sonreía de satisfacción por haberle ganado la discusión al DT.

Después de tanto quilombo, el partido terminó 0 a 0. Y eso no es todo, porque hace poco San Martín de Tucumán presentó una casaca naranja.

Utilero, el tiempo te dio la razón (?).

Bottinelli: los Mizuno de Maradona (1995)

No es muy difícil relacionar a Diego Armando Maradona con una merca marca deportiva. Gran parte de su carrera futbolística la hizo vistiendo Puma e incluso bajo esa firma alemana supo tener una línea propia de indumentaria. Lo que muy pocos recuerdan es que el Dié también supo calzarse unos botines fabricados por una empresa bastante desconocida en esta parte del hemisferio. Con ustedes, los Mizuno de Maradona.

Las fotos de aquel partido ante Talleres de Córdoba, en 1976, nos muestran que el Diego debutó en Primera División con unos botines adidas. Sin embargo, muy rápidamente se convertiría en un jugador Puma. Algo similar a lo que sucedería décadas más tarde con Leonel Messi, que arrancó con Nike y al poco tiempo pasó a ser un hombre de las tres tiras.

El vínculo entre el pibe de Fiorito y Puma tuvo algunas interrupciones, pero fue tan fuerte que casi no se recuerda a la competencia. Desde la suspensión por dóping en Italia hasta el Mundial de Estados Unidos ’94, Maradona no tuvo los pies sponsoreados. De hecho, en ese período (Sevilla, Newell’s y la Selección) generalmente usó calzado adidas, pero ocultando las tiras con pomada para no hacer publicidad gratuita.

Recien en 1995, en su ansiado regreso con la camiseta de Boca Juniors, el Diego volvió a mostrar una marca de botines, aunque no la que todo el mundo esperaba.

Mizuno, una empresa japonesa que históricamente se había dedicado confeccionar artículos para actividades como el judo, el vóley o el atletismo, también quiso pisar fuerte en el fútbol a nivel internacional. Y para eso, claro, necesitaba jugadores de categoría.

La primera gran figura que tuvo la firma nipona, a finales de los 80, fue el brasileño Careca, compañero de Maradona en el Nápoli. El goleador tuvo hasta un modelo propio, llamado «Careca 9», que se destacaba por los vivos verdes y amarillos. Toda una apuesta en una época donde los botines eran siempre negros con detalles blancos.

La segunda apuesta de Mizuno fue la Japan Soccer League (luego denominada J. League), con la sponsorización de los equipos más importantes. De hecho, muchos empezamos a reconocer el logo recién con la explotación comercial de la imagen de Zico, que por los tempranos 90 jugaba en el Kashima Antlers.

El Pelé blanco, sin embargo, no fue hombre Mizuno como sí lo fueron otros compatriotas. Casi todos los jugadores de la verdeamarela que participaron del Mundial de Italia, tuvieron el modelo de botines «Brazil». Incluso, algunos como Paulo Silas extendieron su contrato con la marca japonesa por varios años.

En 1995, Maradona anunció su vuelta a Boca Juniors y pocos repararon en el detalle del calzado. Para su primer partido oficial, el Diego no se puso de acuerdo con ninguna marca y entonces salió a La Bombonera utilizando el viejo recurso del betún (también lo había hecho en el amistoso ante Corea). Botines negros y a esperar…

Para su segundo partido, frente a Argentinos Juniors, aparecieron los botines Mizuno, toda una rareza en la trayectoria del Dié. Con esos le marcó un golazo de tiro libre a Argentinos Juniors, jugó el superclásico ante River y hasta amenazó con colgarlos, luego de un encuentro ante el Deportivo Español.

Ya para 1996, Puma recuperó a Maradona como figura, y para congraciarse le hizo una línea especial de ropa (Puma 10), demostrándole su amor y acompañándolo hasta el final de sus días como futbolista. Todo muy romántico, pero nosotros no olvidamos aquella vieja aventura japonesa.