La presentación

Lo esperamos un montón, mucho más de lo que se imaginan. Y finalmente el día llegó. El viernes por la tardenoche finalmente presentamos El Veraz del Fútbol, nuestro primer libro, una obra que, sin falsa modestia, creemos que hacía falta. Y no porque la hayamos hecho nosotros, sino porque el mercado editorial apesta de títulos dedicados a los triunfadores, a los exitosos, pero muy pocos están dedicados a los perdedores, a los raros. Ese es, fue y seguirá siendo nuestro trabajo. El de contar las historias menos difundidas. Ahora en un libro.

La presentación no pudo haber sido mejor. Desde el punto de vista de la concurrencia, llenamos dos salas el mismo día, como Racing (?), aunque estábamos muy cerca de la cancha de All Boys, ese club tan adorable que le da lugar a Bernardo Leyenda, otro eterno suplente. De ellos hablamos, de los que no son titulares, los que aparecen de espaldas en una foto, de los que frustran una carrera por una lesión o por la indiferencia de un entrenador.

Y si hablamos de técnico, no podemos obviar a él. A Orestes Katorosz, nuestro padrino. Dio la nota desde el momento en el que llegó. Con su elegancia de siempre y robándole picos a las promotoras. Sí, hubo promotoras, vestidas reglamentariamente con musculosas baldoseras. Mirá hasta donde llegamos haciendo un blog de jugadores olvidados.

Del que no nos olvidamos fue del Flaco Hugo Lamadrid. Y él tampoco se olvidó de los lectores y foristas. Habló de la forma que tienen de interactuar en el sitio y de los Encuentros Baldoseros. Un grande, que además se refirió a su condición indiscutible de ícono Malvestitti. Ah, fue bastante bien empilchado, porque de vez en cuando se equivoca.

Después de los sanguchitos, los testimonios, las preguntas, las respuestas, los abrazos y las risas, nos despedimos con la más maravillosa música: «Jugadoooooooreeeeees, la concha de su maaaaaaaaaaaaadre, a ver si ponen hueeeeevos, que no juegan con naaaaaadie».

Gracias a todos, la pasamos muy bien.

Todas las fotos.

El Padrino

El Veraz del Fútbol contiene, entre otras cosas, un prólogo de la pluma de Orestes Katorosz. Es buen momento, entonces, para compartir esta gema en video que ilustra la vida y obra de nuestro padrino.

El Veraz del Fútbol se consigue en:

DígitoA. Senillosa 6, Caballito, Capital Federal.

Digitoa.mercadoshops.com.ar (Envíos a todo el mundo)

Consultas

Mail: enunabaldosa@digitoa.com.ar
TW: @DigitoA
FB: facebook.com/elverazdelfutbol

Ring Ring Balvorín: Ramón Pedro Moyano

Alguna vez aquel prometedor (?) defensor de Boca Juniors llamado Joel Barbosa declaró que en realidad llevaba el apellido de su madre porque su padre biológico no lo había reconocido. Quizás el dato hubiera pasado desapercibido pero no fue así, debido a que Barbosa aseguraba ser vástago de Enrique Nieto, reconocido ex marcador central de River Plate, Belgrano de Córdoba e Instituto, entre otros. Hay cientos de casos de padres e hijos futbolistas, no hace falta nombrarlos, pero este caso no deja de ser particularmente llamativo y curioso.

En el boxeo también la tradición familiar es fuerte, los ejemplos sobran a la hora de repasar el legado de padres a hijos boxeadores: Ali, Frazier, Foreman, Cerdan, Durán, Chavez, Hearns, etc. La lista sería interminable. En Argentina: Coggi, Galíndez y muchísimos otros, pero el deporte de los puños tuvo un caso que supera ampliamente al del Barbosa.

Esta historia nació el día de la primavera de 1972, Bernarda Franco de 17 años dio a luz un bebé al que bautizó Ramón Pedro. El chico se crió con las carencias habituales de los barrios bajos de Santa Fe y ya de chiquito mientras le pegaba a una bolsa de arena improvisada, le anticipaba a su madre su destino de boxeador.

Debutó como profesional en 1995, encuadrado en la categoría mediano. Rostro parco, aindiado, de pelo renegrido y cabellera espesa, hizo parar las rotativas con solo diez peleas profesionales, cuando en una de las primeras entrevistas importantes, suelto de cuerpo y sin pelos en la lengua, declaró: “Mi mama dice que soy hijo de Carlos Monzón”.

Aquí comenzó la historia de Ramón Pedro Monzón Moyano. Hincha de Colon, como Carlitos, entrenaba en el club sabalero (Monzón lo hacía en Unión) buscando su lugar en la historia bajo la atenta mirada de José Lemos. Su representante, Eduardo Palombo, aprovechando el parecido físico de Moyano con el gran campeón mundial, se encargó de mediatizar el tema y busco todos los elementos a mano para emparentar las historias, aprovechando lo que Moyano había contado respecto a la supuesta paternidad de Monzón.

En Abril de 1997 Moyano viajó del barrio San Lorenzo, donde residía, a Buenos Aires para entrenar cinco días bajo las órdenes de Amílcar Brusa en el gimnasio de la FAB. No hace falta decir que Brusa fue el formador de Carlos Monzón y quien lo acompaño durante toda su carrera. Brusa le vio pasta y cuando le consultaron similitudes declaró: “Tiene muchas características del padre”. Palombo daba vueltas carnero e imaginaba que en poco tiempo no iban a contar plata, la iban a pesar.

El fenómeno popular iba creciendo, los sponsor merodeaban con todo tipo de propuestas y asomaba un negocio fenomenal. El 19 de Abril del 97, peleó en Santa Fe, ganándole a Juan Carlos Lettieri por KO 5. Su madre lo fue a ver por primera vez en toda su carrera, infinidad de medios gráficos y televisivos no solo aprovecharon para cubrir la pelea, sino además para hablar con doña Bernarda (de solo 42 años), para que les diera detalle de su affaire (?) con Monzón.

Sorpresivamente, la madre de Moyano aseguró que la única relación que tuvo con Monzón fue la de alquilarle una pieza por tres meses a la suegra de éste, negando haber tenido contacto alguno con el maravilloso campeón. “Yo siempre lo cargaba a Ramón y le decía: Sos igual a Carlos, vos sos hijo de él. Pero se lo decía en broma”. Palombo casi se balea en un rincón neutral.

Enterado Moyano de las felices palabras de su madre, se propuso encerrarse con ella en una pieza, para que le contara toda la verdad. La pareja de doña Bernarda, un tal Jorge Gorosito, un hombre con el que convivía hacía apenas un año y al que le faltaba la pierna izquierda (?), se encargó de truncar el encuentro ya que el 23 de abril asesinó de dos puñaladas a doña Bernarda luego de una fuerte discusión y se llevó la verdad para siempre.

Moyano se mudó a San Antonio de Padua y rápidamente voló a Panamá para participar de la velada donde se enfrentaron el Roña Jorga Castro y Roberto Manos de Piedra Durán. Ganó por KO rápidamente. Comenzó un intento de acercamiento a la familia Monzón, sondearon a Mercedes Beatriz García (Pelusa, primera esposa de Carlos), quien no lo atendió aduciendo que Moyano quería aprovecharse del apellido Monzón. En el entorno, viendo que la luz se iba apagando, analizaron la posibilidad de hacer un ADN.

En Febrero del 98, en una exclusiva velada en el Conrad de Montevideo, solo para mil personas, Moyano se enfrentó y venció rápidamente a Darío Galíndez, hijo del recordado campeón Víctor Galíndez, en una pelea que denominaron “Herederos”. Meses después y en el mismo hotel se puso en juego el título FEDELATIN mediano entre Moyano y el ignoto keniata Chris Sande, ganando “Monzón” a los puntos. En primera fila estuvo Susana Giménez, quien no dudó en afirmarle “Sos igualito a tu papá”. Fue quizás el último capítulo de esta novela. La paternidad de Monzón no fue demostrada científicamente.

Algunas victorias en el Uruguay, otra en Nueva Zelanda. Llegaron las derrotas (7 en 9 peleas) y la historia se fue terminando. Moyano se retiró en 2001 (29 años) y volvió para hacer unos mangos en 2006, ganándole a Gustavo Kapusi. Se volvió a retirar y retornó por última vez en 2009, haciendo una pelea en Canadá (destino baldosero por excelencia en los boxeadores profesionales argentinos junto a Sudáfrica y Australia) y perdiendo rápidamente con el invento local.

Nunca más se habló (bien) de Ramón Monzón Moyano, en 2011 tuvo algún problema con la justicia y hoy poco se sabe de la vida de este hombre, de quien no queda muy claro si la madre le aseguró que era el hijo de Carlos Monzón o si su propio deseo lo llevó a adoptar al gran púgil santafesino como su padre.

Larrondo a River (2009)

Durante la Gestión Aguilar, River fue un caos en todo sentido. Los planteles que tanta gloria le habían dado a la institución se fueron desarmando hasta formar equipos como este, o la base de la plantilla que sufriría con los promedios unos años después. Por suerte, con la llegada de Passarella, todo este desastre se revertiría (?). Una de las desprolijidades futbolísticas fue una serie de pruebas realizadas por Néstor Gorosito a mediados de 2009.

El entrenador del Millonario buscaba un defensor, y para eso le abrió las puertas al paraguayo Javier Cohene Mereles, al uruguayo Rodrigo Basesco y al chileno Nicolás Larrondo. Todo parecía indicar que el lugar iba a ser para el trasandino, que deslumbró (?) en las prácticas. Sin embargo, el DT de los rulos se quedaría con el zaguero guaraní. Una triste noticia para Larrondo, que había mostrado buenas actuaciones en la U de Chile. Posteriormente, deambularía por equipos de menor jerarquía y por el ascenso francés, antes de colgar los botines a los 26 años para dedicarse a la venta de productos para la minería. Pensándolo bien, flor de favor le hizo Pipo.