Al día de hoy, mucha gente que recién conoce el sitio o que no está muy relacionada con el mundo del ascenso, nos sigue preguntando quién fue Darío Dubois, ese tipo al que mencionamos en muchas oportunidades. Lo más simple, en esos casos, es recomendar el artículo que ilustra su historia, pero a veces eso termina siendo insuficiente.
No es que nos interese el golpe bajo ni mucho menos, pero a 6 años de su muerte, bien vale entonces un homenaje para recordar cómo era Darío, el Loco, aquel que nos tocó conocer.
Nuestro primer contacto con él fue en abril de 2007. Le queríamos hacer una nota, pero no sabíamos cómo ubicarlo. Finalmente lo conseguimos por intermedio de Daniel Console, periodista e integrante del Forito de En Una Baldosa. Encontrarlo a Darío, de todas maneras, no fue fácil. Algunas veces nos atendía la madre y nos pedía que llamáramos más tarde o al día siguiente. Otras veces nos atendía él, pero la comunicación se cortaba. Así estuvimos algunos días, hasta que finalmente pudimos coordinar una entrevista telefónica en la Rock & Pop Beach de Mar del Plata. ¿El resultado? Lo que escuchan acá:
[audio:http://www.enunabaldosa.com/audios/notadubois.mp3%5DUnos meses después lo volvimos a contactar porque se nos ocurrió que podía ser una buena idea tenerlo de invitado en el 3º Encuentro Baldosero. Claro que arreglar tampoco fue sencillo. De nuevo tuvimos que llamar varias veces, hasta finalmente encontrarlo y explicarle qué carajo era lo que queríamos hacer. «¿Jugar al fútbol? Mirá que estoy lesonado, eh, pero voy igual», nos dijo, sin entender demasiado de qué se trataba En Una Baldosa.
No podríamos describir hoy lo entusiasmados que estábamos en la previa a ese encuentro del 1º de diciembre de 2007. Pensábamos hasta en pintarnos la cara al mejor estilo Dubois, pero finalmente decidimos hacer unas remeras con su imagen. Y fue un acierto.
Ni bien llegó al Complejo Catalinas, en Buenos Aires, preguntó: «¿Acá es la Rock & Pop Beach?», desatando los primeros aplausos, risas y caras de incredulidad entre los presentes. Al toque, nos presentamos y se dio cuenta de que su imagen aparecía en nuestras remeras. Ahí nomás se emocionó: ¡¿Ese soy yo?!, sin comprender demasiado el por qué tanta admiración.
Una vez en la cancha, fue figura junto al otro gran invitado de la jornada, el Flaco Lamadrid. Ambos marcaron la diferencia por ser jugadores profesionales (y sobre todo porque nosotros éramos unos muertos), pero además dejaron todo lo que tenían. Sobre todo Darío, que cargaba por entonces con una lesión de ligamentos y no dudó en tirarse al piso (alfombra) cada vez que la situación lo requería. De hecho, sintió un dolor en la rodilla y tuvo que salir, porque aún esperaba recuperarse para volver al fútbol de los sábados.
Después del partido vino lo mejor. El post-encuentro en el buffet, donde Darío habló de política, de fútbol (ni sabía que Olimpo estaba en Primera División) y de la vida en general. Fue un grato momento en el que fue uno más de nosotros y eso quizás era lo que lo hacía más querible.
Unos meses más tarde nos desayunamos con la terrible noticia de que el Loco había sido baleado en un episodio no demasiado claro. Intentamos comunicarnos con él, dimos con la familia y con algunos allegados, pero la cosa no era sencilla. Darío estaba en grave estado, internado en el hospital Paroissien.
Una noche, casi sin imaginarlo, sonó el teléfono. Era una persona que nos decía que Darío quería hablar con nosotros. Fue así que después de algunos llamados, pudimos dar con él. Todavía estaba internado, pero un poco mejor. Se lo notaba herido, con pocas fuerzas físicas, pero mentalmente fuerte. Nos dijo que estaba mal, pero que se iba a recuperar. Y nos pidió, sobre todas las cosas, que difundiéramos su estado, él quería que se supiese que lo habían querido matar y que estaba grave. Preguntamos las razones, queríamos saber detalles de aquel episodio violento en el que había resultado baleado, pero nos contestó que no podía, que otro día nos iba a contar la historia. No pudo.
Hoy la historia, su historia, la contamos nosotros. La del Dubois que conocimos, El Loco.













