Unión San Vicente 1 – Ecuador 1 (1981)

Antes de visitar a Chile por las eliminatorias para España ’82, la selección de Ecuador hizo una escala en Argentina, con vistas al trascendental choque. Para preparase de la mejor forma, no tuvieron otra idea que ir a Córdoba y de paso jugar un amistoso frente a un rival de fuste: Talleres Belgrano Instituto Racing General Paz Juniors (?) Unión San Vicente, por aquel tiempo uno de los conjuntos más poderosos de la Docta. Aunque no muy popular.

Por eso, no extrañó el resultado, aunque tampoco fue raro ver las tribunas de la cancha de Instituto despobladas. Bajo un intenso frío, el 10 de junio de 1981 terminaron igualando en un gol, con tantos de Romero para los locales y de Figueroa para los ecuatorianos (en la foto, batiendo al arquero Stobbia)

Reservá tu lugar, topu

El viernes 21 de marzo estaremos presentando nuestro libro, El Veraz del Fútbol, en Capital Federal (lugar a develar (?), alrededor de las 20 h en el barrio de Floresta). Aquellos que deseen confirmar su participación, sólo deben mandar un mail a enunabaldosa@digitoa.com.ar. Ese día van a poder ver el libro, tocarlo, olerlo, comprarlo (?), y compartir un rato con algunos de los invitados del universo baldosero. Los esperamos.

Más info en:

Mail: enunabaldosa@digitoa.com.ar
TW: @DigitoA
FB: facebook.com/elverazdelfutbol

Instituto 1 – Argentina 2 (1973)

Los viejos hinchas de Instituto pueden recitar de memoria a la delantera compuesta por José Luis Saldaño, Osvaldo Ardiles, Mario Kempes, Alberto Beltrán y José Luis Ceballos, recordándola como uno de los mejores ataques que hayan vestido la camiseta de la Gloria.

El 8 de agosto de 1973, estos monstruos compartieron el campo de juego en Alta Córdoba, aunque el Matador tuvo a sus compañeros enfrente: fue en el amistoso donde la Selección Argentina se impuso 2 a 1, con tantos de Avallay y Guerini, descontando Pellascini (de penal) para los locales.

Quilmes con publicidad de AeroPerú (1979)

En su carácter de campeón del Torneo Metropolitano 1978, Quilmes participó por primera vez de la Copa Libertadores en la edición de 1979. Aquel año, integró el Grupo A junto a Independiente, Millonarios y Deportivo Cali. Al equipo le fue pésimo: un partido ganado y cinco encuentros perdidos lo dejaron último en su zona. Sin embargo, a las arcas del club no les fue tan mal: durante su participación en la copa, la camiseta del Cervecero llevó el auspicio de AeroPerú, lo que le otorgó un respiro desde lo económico. O por lo menos algunos pasajes gratis a Lima.

De esta manera, el equipo del sur del Gran Buenos Aires se convirtió en uno de los pioneros en eso de llevar una marca sobre el pecho. Luego llegarían otros casos más notorios, como los de Argentinos Juniors con Austral a mediados de 1979, Argentino de Quilmes con El Condor en 1980, San Lorenzo con Caramelos Mu-Mu en 1982 y Boca con Vinos Maravilla en 1983.

Son decisiones: Castellano corriendo a Lunati (2007)

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, ¡seis minutos de descuento! marcó el cartel electrónico del cuarto árbitro, Mauro Biasutto, cuando se cumplieron los noventa reglamentarios. En el Monumental, y ante un sol que rajaba la tierra, River Plate y Rosario Central empataban 2 a 2 por el Apertura 2007.

¿Era para tanto? En el segundo tiempo solo hubo dos cambios (ambos en la visita y antes de la reanudación del juego) y si bien es verdad que los jugadores del Canalla pasaron un buen rato tirados en el piso, seis minutos parecía un exceso.

Para esa altura, todo Rosario Central estaba re caliente con la actuación del juez, el Loco Pablo Lunati, reconocido hincha de la banda, que había obviado un clarísimo penal de Nicolás Sánchez, que desvió el balón con la mano en su propia área.

El que tenía la pelota era el local, pero el que se puso en ventaja, a los 94, fue Central, gracias a un gol de Ronald Raldes. Para aguantar el resultado, Carlos Ischia, DT de los rosarinos, llamó a Juan Manuel Azconzábal para que entrara en lugar de Martín Arzuaga. Pero Lunati hizo oídos sordos a los gritos de todo el banco canalla y siguió el partido como si nada.

Faltaban segundos para que se cumpliera el tiempo adicionado y River se venía al frente como una tromba. Con un córner a favor del Millonario, el Rifle Castellano (¿cuándo no?) explotó y reclamó el ingreso del defensor con algunas palabras que no le gustaron del todo al referí. «Está loco este, es es un loquito», exclamó el arquero ante las cámaras, y la siguió «Sos un loquito, sos un delincuente». El árbitro se acercó al banco visitante y, una vez más, expulsó al eterno suplente. Ah, además adicionó dos más.

El partido siguió y a los ¡98 y medio!, Radamel Falcao García clavó el 3 a 3. Castellano, que no había abandonado el terreno, salió disparado a buscar a Lunati, pero lo frenaron justo. En el medio de ese caos, el Loco Pablo informó por exabruptos al preparador físico, Diego Rousse, y el DT de la reserva, Angel Celoria. En cambio, y pese a lo comentado en la transmisión de TV, no mencionó al Pejerrey Gonzalo Belloso, quien aparentemente le habría arrojado un golpe al colombiano Falcao.

Cuando retornó la calma, al menos dentro del campo de juego, el encuentro ya estaba en tiempo recontra cumplido. Sin embargo, Lunati lo hizo seguir hasta los 101 minutos. Tras el pitazo final, el Rifle metió un pique tremendo para cruzarse con el árbitro. Mientras tanto, un grupo de hinchas de Central empezó a romper las butacas de la Centenario alta y a arrojarlas hacia abajo. Uno de los hierros que une los asientos golpeó en la bandeja inferior a un hincha de River, que sufrió fractura de clavícula y un corte en la cabeza.

¿Qué dijo el Loco Pablo? «Me quedé corto con los seis minutos; después pensé que tendría que haber dado ocho o más». O lo que en la jerga se conoce como “hasta que lo gane River”.

Especiales: Botero Joaquín


Joaquín Botero Vaca (El Chacal)

Tres goles en aquel recordado 6 a 1 de Bolivia a la selección argentina de Diego Maradona en la Paz convirtieron a Joaquín Botero en el enemigo público número uno de 40 millones de personas. No era la primera vez que el delantero se transformaba en el verdugo de los argentinos, ni mucho menos. Tres años atrás había hecho sapo categóricamente con la casaca del Ciclón.

«Es un jugador interesante al que conozco mucho», dijo el cometero técnico Oscar Alfredo Ruggeri cuando todos se preguntaban quién era ese boliviano que venía a reforzar el sector verdulería del Carrefour de avenida La Plata vestir la camiseta de San Lorenzo en el segundo semestre de 2006. Su llegada, a préstamo por un año (y gratis porque venía con el pase en su poder), se sumaba a la del peruano Roberto Malingas Jiménez en ese paquete de contrataciones falopa latinoamericanas que armó el actual panelista estrella de #elprogramadeFantino.

Para ese entonces, y si bien era casi un desconocido por estas tierras, el Chacal, un delantero de raza, nacido en diciembre de 1977, llevaba un buen rato en la selección y acumulaba pasos en su país por el Mariscal Braun (1997), Club Deportivo Municipal de La Paz (1998), Bolívar (1999 a 2003, en 2002 había sido el goleador a nivel mundial) y por México en los Pumas de la UNAM (2003 a 2006), aunque su carrera ya pintaba en declive.

«Soy un delantero con mucha movilidad, que corre muchísimo, que le gusta y vive del gol. Soy un oportunista del gol», se presentó ante los que no lo ubicaban y dejó un par de perlitas como «El técnico, los dirigentes, los jugadores y los jefes de la hinchada (sic) me recibieron muy bien» y «Tengo 10 hermanos: mi papá tenía tan buena puntería como yo». Eso sí, ya adelantaba que lo iban a tener que esperar un ratito: «Todavía no estoy para jugar. Hace un mes que estoy parado. Pero calculo que la adaptación será bien rápida». Y sí, en los entrenamientos se lo veía bastante regordete.

Debutó casi un mes más tarde, todavía visiblemente fuera de forma física, el 18 de agosto, ante Belgrano en Córdoba (empate 2 a 2). Esa noche, el Boli reemplazó al peruano Malingas Jiménez y tuvo una actuación discreta, tirando a floja. Es más, sobre el final del partido, con Germán Montoya -el arquero del Celeste– ya vencido, se perdió lo que hubiera sido el triunfo del Ciclón. Mala suerte.

Reapareció cuatro días más tarde, ahora como titular, ante Banfield por la Copa Sudamericana, conformando la dupla de ataque con Malingas. Ese día, San Lorenzo ganó 2 a 1 y Boterito rindió bien hasta que salió reemplazado por el Pocho Ezequiel Lavezzi. Parecía que se le iban a abrir un par de puertas, pero…

Misteriosamente, Ruggeri lo mandó al freezer. Recién volvió a jugar en la revancha ante el Taladro, el 12 de septiembre. El partido terminó 0 a 0 y Botero se fue reemplazado por Leandro Ulloa (con todo lo que eso significa). En las instancias siguientes de la Sudamericana, ante Santos y Toluca, reemplazó a Adrián González, pero siempre pasó desapercibido.

La despedida quedó para la fecha 13, ante Vélez en Boedo Almagro el Bajo Flores, cuando le tocó ingresar por Ulloa. Más allá de que entró con un 0-2 abajo y se fue con el encuentro empatado 2 a 2, tuvo otra noche olvidable. Y así jamás volvería a vestir la camiseta azulgrana. Ese torneo, el Ciclón tuvo un desempeño discreto y terminó noveno, aunque no le fue tan mal en cuanto a goles convertidos. Pese a contar con Peirone, Botero y Ulloa entre sus delanteros, metió 30 tantos. Apenas cinco menos que el campeón, Boca Juniors Estudiantes de La Plata.

Sin espacio, y decepcionado con el Cabezón, se marchó antes del final del Apertura. «Ruggeri me pidió y después no me dio muchas chances. Habrá que preguntarle a él porque no jugué», argumentó el Chacal, que reconoció que llegó muy fuera de forma y eso le jugó en contra. Solo 6 partidos (nunca la metió, obvio) alcanzaron para conocerlo y pedirle un remís que lo regresara a su casa.

Lejos de Buenos Aires, siguió su derrotero por Deportivo Táchira de Venezuela (2007), Bolívar (2008) y Correcaminos de la UAT de México (2009). Quizás, esa tarde iluminada ante la Argentina le sirvió para viajar por el mundo en 2010. Primero jugó en Al Arabi de Kuwait y luego pasó al Henan Jianye Football Club de China.

En 2011, claro, ya estaba de nuevo en Bolivia, defendiendo los colores del San José, aunque se tuvo que marchar a los pocos meses por las constantes lesiones. A comienzos de 2012 surgió la posibilidad de ir a robar disputar la liga de la India con otras figuras del fútbol boliviano, como Joselito Vaca y Limberg Gutiérrez, pero todo quedó en la nada.

A mediados de 2012, Bolívar, donde es ídolo, lo tentó para volver, pero no hubo acuerdo. En enero de 2013, cuando todo parecía indicar que regresaba al conjunto celeste tras casi un año y medio de inactividad, los dejó de garpe y se fue a Sport Boys de Warnes, en la segunda división del altiplano, donde al cierre de la temporada consiguió el ascenso a la máxima categoría con goles en los partidos importantes.

Castigado por las lesiones, pasó los últimos seis meses relegado el banco de suplentes, viendo cómo su lugar era ocupado por el eterno Bichi Fuertes. Ah, sí, todavía ni piensa en retirarse.