
Andrés Matías Quintana
Andrés Matías Quintana tenía apenas 16 años cuando Chiche Sosa lo largó a la cancha a ver qué onda en un partido que su club, Quilmes, perdía 3 a 0 frente a Racing por el Clausura 2006. Con un cagazo evidente (y entendible, propio de su juventud), el pibe, que jugaba como delantero y había reemplazado al Tweety Carrario a quince del final, fue el blanco perfecto para las puteadas de los impacientes plateístas, enojados por el desempeño de un plantel que rumbeaba derechito al descenso y del que se salvó solamente porque estaban Instituto de Córdoba y Tiro Federal de Rosario.
Quintanita, oriundo de Neuquén, arribó al Cervecero en 2004, a los 14 años. Atrás habían quedado sus inicios en las ligas comunitarias y conjuntos como Ruca Hueney e Independiente. En solo un par de temporadas se había convertido en uno de los proyectos más interesantes de las divisiones inferiores del club de la zona sur y Miguel Ángel Tojo lo convocaba con frecuencia a la Sub 17.
Justamente durante su paso por las juveniles de la selección se hizo conocido, aunque no por su juego. Ante Brasil, en el Sudamericano de Ecuador 2007, sufrió un fuerte golpe en la cabeza, que le produjo una amnesia parcial. Estuvo internado en Ibarra y Quito y recién luego de varios días pudo retornar a Buenos Aires, todavía con evidentes secuelas de aquel porrazo. A partir de ahí, todo se le hizo cuesta arriba.
Un grupo empresario (hay quienes dicen que estaba vinculado con dirigentes del propio Quilmes) compró su pase a mediados de 2007 y lo ubicó en Boca Juniors, el club de sus amores, que ya había intentado llevárselo dos años atrás.
En el Xeneize entrenó con las inferiores y hasta llegó a realizar la pretemporada con la Reserva, pero no tenía espacio y, en marzo de 2008, regresó a Quilmes… para jugar en quinta división.
“Fue un error muy grande haberme ido a Boca, ya que mi lugar estaba en Quilmes. Creo que tenía que haber crecido mucho más y después haberme ido, pero todo esto me sirvió para aprender”, reconoció a la vuelta. “Lo charlé con el psicólogo y también con mi representante porque quería estar en Quilmes debido a que no la estaba pasando bien en Boca y por eso bajé mucho el rendimiento. Por suerte, todo se arregló y volví para empezar de cero y tratar de ganarme un lugar en mi división».
Sin mayores chances de progresar en el Cervecero, donde no volvió a actuar tras el debut, en 2009 viajó a España para formar parte de un scouting del Espanyol de Barcelona. Algunas versiones (incomprobables, desde ya) aseguran que no le fue para nada mal, pero una oferta de Tigre le hizo pegar la vuelta. Según publicaron medios españoles, el equipo de Diego Cagna estaba dispuesto a abonar 100 mil dólares por Quintana.
Semanas después, algunos problemas personales lo obligaron a volver a su tierra natal y estuvo a punto de cerrar contrato con Independiente de Neuquén. “La idea es estar seis meses acá y después volver a Buenos Aires, donde el grupo inversor va a decidir dónde juego. Tengo que arreglar con Independiente e informarle a mi representante dónde voy a jugar así autorizan el préstamo sin cargo”, comentaba Quintanita por aquel entonces. Pero apareció un interés del Durazno (2009/10), de la segunda división de Uruguay, y los problemas personales se solucionaron mágicamente.
Obvio que el hijo pródigo (?) volvió al barrio. En 2011 se incorporó al Club Atlético Maronese, donde disputó el Torneo Argentino B hasta abril de 2013, cuando descendieron al Torneo del Interior. Allí sigue hasta hoy, engalanando el campeonato de la Liga de Fútbol del Neuquén.







