Vélez Juegos Olímpicos Buenos Aires (1997)

El 13 de abril de 1997 quedará marcado en la historia de Vélez Sársfield, por ser el día en el que el cuadro de Liniers se adjudicó por primera vez en su historia la Recopa Sudamericana, trofeo que antiguamente disputaban, en Japón, el campeón de la Copa Libertadores de América y el campeón de la Supercopa Sudamericana.

Para aquella edición de 1997, River y El Fortín debieron adecuarse a las normas de la competición y no exhibir publicidad en su indumentaria, cosa que durante muchos años fue tradición en Tokio, tanto en la Recopa como en la Intercontinental.

La marca Quilmes, que patrocinaba a ambos equipos, se tuvo que quedar con las ganas de mostrarse internacionalmente, ya que Vélez y el Millonario salieron a la cancha con sus casacas limpias…aunque no tanto.

En la espalda de la casaca fortinera se podía observar un logo que apoyaba la candidatura de Buenos Aires para los Juegos Olímpicos de 2004. Los Juegos que se hicieron en Atenas, sí.

Atlético Villa Gesell (1990)

Qué hermoso rejunte fue históricamente el viejo Torneo Regional, luego denominado Torneo del Interior. Equipos con nombres extraordinarios, canchas en medio del campo, resultados que apenas si salían en la revista Sólo Fútbol, prometedoras figuras de ligas locales y, por supuesto, veteranos con pasado en Primera División que no tenían ningún problema en cambiar un poquito de prestigio por algunos billetes. Total, ¿quién se iba a enterar?

Un gran ejemplo que escupió esa amada competición fue el Atlético Villa Gesell de la temporada 1990/91. La institución costera, fundada en 1974, obtuvo el título de la Liga Madariaguense de fútbol en 1989 y eso le dio el derecho a participar del Regional al año siguiente. Y no lo iba a hacer así nomás, obvio.

Para 1990, llegaron al club varios refuerzos, entre los que se destacaban Oscar Más y Roberto Mouzo, dos viejas glorias de River y Boca. Pinino venía de hacer un master de betocarranceo durante la década del 80, jugando en cuanto equipo requiriese de sus servicios. El ex defensor xeneize, por su parte, se había retirado en 1986. Ninguno estaba en actividad, pero la tentación de volver a sentirse futbolista era muy grande.

Junto a ellos, también llegaron a la ciudad balnearia otros jugadores con menos cartel, todo bajo la atenta mirada del Hueso Rubén Glaría, quien asesoraba técnicamente.

¿Cómo le fue a Atlético? Mal, como no podía ser de otra manera. En la primera fase del torneo, participaron de la Zona Bonaerense junto a Alvarado de Mar del Plata, Ever Ready de Dolores y Alumni de Benito Juárez. Los geselinos apenas consiguieron 1 victoria, 1 empate y 4 derrotas, terminando últimos.

Aunque sea quedaron afuera en diciembre de ese año. Gesell, calor, playa. Pensándolo bien, no estuvo todo tan mal.

Medina Gustavo

Gustavo Fabio Medina (Tele)

Hay leyendas que superan a la realidad. Historias que parecen ser insólitas y, sin embargo, las tomamos como reales. Por ejemplo, suponemos que al Jardinero Cruz se lo apodó así porque lo encontraron cortando el césped del estadio de Banfield (cuando en realidad ya jugaba en las inferiores del Taladro), o creemos que a Menseguez le dicen “Rayo” por su velocidad (!). En este reconto de suposiciones, incluímos a Gustavo Medina, al que apodaron Tele por su afición a la caja boba. Y si alguien tiene pruebas de lo contrario, que las presente aquí mismo y de paso nos arruina el post.

Nacido el 22 de noviembre de 1972 en María Juana, Santa Fe, de chiquito se entretenía con “El show de Carlios Balá” y “Señorita Maestra” mientras sus padres lo mandaban a la cama a la hora de “Susana y Alberto”. Ya en los 80’s, se trasladó a la ciudad más importante de la provincia y, entre entrenamientos y sábados con “Badía y Compañía”, fue escalando lugares en las inferiores de Rosario Central.

Su debut en las canchas de Primera División se produciría el 21 de marzo de 1993 frente a Mandiyú, en Corrientes. Ya eran épocas de “Grande Pá!” y “Ritmo de la Noche”. Mientras tanto, este potente delantero culminaba su campaña en el Canalla: 29 partidos y 4 goles en dos temporadas (incluyendo la Copa Centenario).

Su momento de gloria (?) fue en un partido contra Vélez, por el Clausura 1993: convirtió un gol que estuvo a punto de arruinarle el campeonato a los de Bianchi, aunque estos finalmente dieron la vuelta olímpica y la filial de Ferro “Gustavo Medina” nunca prosperó (?). Por lo menos se pudo ver en “Fútbol de Primera”.

Argentino de Rosario fue su próximo destino. En las pantallas, “Mi Cuñado” era líder en el rating. Y en la cancha, el Salaíto se quedaba al borde del ascenso al perder la final ante Tigre. Sin embargo, el Tele subió de categoría: en 1995/96 jugaría en el Nacional B para Central Córdoba, su tercer club rosarino. Y mientras la TV argentina evolucionaba con la aparición de las señales de cable y, posteriormente, las satelitales, la carrera de Medina iba en picada.

En 2002 se fue a Chile para jugar en Coquimbo Unido, con el que alcanzó los playoffs en el Torneo Apertura. «Aquí se pasa mundial» era el éxito en la televisión trasandina, conducido por la mujer de un ex presidente argentino. Cosas peores se veían acá.

El final de su carrera lo vio deambular por San Martín de San Juan y Juventud Antoniana de Salta. Ya era la época en las que las producciones de Pol-ka como “Soy Gitano” o “Padre Coraje” hacían furor.

Una vez retirado, se dedicó a la dirección técnica. Lo último que se supo de él fue que estuvo en Atlético San Jorge, cargo que ocupó hasta abril de 2013. Desde entonces, tiene más tiempo para ver las repeticiones de “Casados con hijos”.

Lanús azul inédita (2001)

Aquel primer template de la firma Le Coq Sportif que estrenó Lanús en 2001 tuvo una versión inédita que, a diferencia del modelo granate y el modelo blanco, jamás salió a la cancha oficialmente.

La tercera camiseta que la marca francesa le había diseñado a Lanús era de un tono azul marino, con detalles que combinaban los colores tradicionales de la institución. Un homenaje, quizás, a la indumentaria Kelme que se había utilizado un par de años antes.

Gracias a @sebagranate

Islas a Tiro Federal (2004)

Ya estaba todo arreglado. Si hasta había viajado a Rosario a firmar el contrato y aprovechó para presenciar un partido de pretemporada. Habló con los medios y se dejó retratar con la camiseta. Era una incorporación rutilante para el Nacional B que comenzaba, más allá de su deslucida última etapa en Independiente. Pero Luisito Islas siempre tuvo un as bajo la manga.

Cuando el acuerdo era inminente, surgieron diferencias con los dirigentes a raíz de algunas pautas que incluía su contrato. Nunca quedó aclarado que fue lo que motivó la no-llegada de Luis Islas a Tiro Federal. Lo cierto es que el arquero nunca jugó en el club rosarino. Incluso le puso punto final a su carrera en el fútbol profesional.

Especiales: Aimar Centeno en el Real Madrid

Ya hemos contado, alguna vez, en qué consistió Camino a la Gloria, aquel reality show de la productora Cuatro Cabezas que en el 2002 evaluó a 12 mil pibes para terminar eligiendo a uno y darle la posibilidad de probarse en un club gigante de Europa. Lo que no hemos desarrollado demasiado es lo que pasó con el ganador de aquel certamen en tierras españolas. Era hora: el paso de Aimar Centeno por el Real Madrid.

Nacido en la localidad bonaerense de Agustín Roca, Centeno tenía apenas 16 años y se destacaba por su perfil bajo. Es más, ni siquiera era de los jugadores más habilidosos en el concurso. ¿Su posición en la cancha? Un poco de todo, pero concretamente nada. Era volante, jugaba por derecha, por izquierda, en el medio y hasta de enganche. Quizás eso fue lo que terminó convenciendo al jurado integrado por Roberto Perfumo, Carlos Mac Allister, Javier Castrilli y José Basualdo.

Luego de una peleada final con el chico Santiago Fernández (adquirido luego por el representante Gustavo Mascardi), Aimar Centeno se terminó quedando con el premio económico y la posibilidad de viajar a España para probarse, nada más y nada menos, que en el Real Madrid.

En noviembre de aquel 2002, Aimar se tomó un avión por primera vez en su vida y llegó a la capital española, donde lo esperaba la Casa Blanca. Las expectativas eran enormes: hacer el tour Bernabéu, entrenar, jugar partidos, ir creciendo en el más alto nivel, estar en la consideración del primer equipo, ser contratado, debutar en la liga e invitar a todo el pueblo para que lo fuera a ver. Total, entradas Real Madrid le iba a dar. Pero todo eso sólo ocurrió en nuestra imaginación. En su cabeza, lo único que daba vueltas era la idea de hacer una buena primera práctica. Pero el plan falló.

Ya en el entrenamiento de bienvenida, al pibito lo tiraron a la cancha para que hiciese un poco de fútbol. Tocó una pelota, dos, tres…y se lesionó. Sintió un pinchazo en el aductor y tuvo que abandonar el campo de juego. Mucha mala leche, demasiada. Todavía le quedaban algunas semanas en España y ni se le cruzaba la idea de volver, como quedó retratado en una nota para el periódico ABC:

—Se le acaba el tiempo…

—Vine para disfrutar y para quedarme. Aún no ha terminado el plazo.

—¿Se ve con probabilidades?

—Condiciones tengo, pero uno nunca sabe qué es lo que va buscando el técnico.

—Algún truco tendrá para convencerlo.

—Jugar a la pelota, nada más.

—¿Ha conocido a Jorge Valdano?

—No. Sólo a Butragueño y a Vicente del Bosque.

—Entonces, ¿no sabe qué es el miedo escénico?

—No.

—Es lo que siente el rival cuando juega en el Bernabéu.

—Eso es nerviosismo, nada más. No hay que ponerle nombres tan raros a las cosas.

—Pero ahora se acabó el programa y las cosas van muy en serio para usted.

—Yo me tomé aquello muy en serio, no como un programa, sino como un concurso de fútbol. Si hubiera sido de música, no me hubiese presentado.

Bastante firme y centrado por tratarse de un chico de 16 años que se la jugaba solo en Europa, dejó pasar los días para ver si recuperaba y le daban otra chance, pero eso nunca sucedió. Volvió a la Argentina, integró las inferiores de River y Rosario Central, jugó en la liga de Venado Tuerto y terminó poniéndose la camiseta rojinegra de Origone FC, el único club de Agustín Roca.

Ahí, en su pueblo, ese que le debe su denominación a la estación ferroviaria porque en realidad se llama Coronel Marcos Paz, ahí donde se hace la Fiesta Nacional del Fiambre Casero, ahí donde el último censo dijo que apenas existen 331 habitantes, Aimar Centeno es uno más. Apenas un chico que se dedica a vender Coca Cola. No durante los partidos, claro. Es polifuncional, pero tampoco la pavada.