
Adrián Daniel Villa
Mentirosos hubo (y habrá) siempre, no lo vamos a negar. Claro que era más fácil sanatear hace, digamos, 20 o 30 años cuando no había internet para chequear un dato. En esa época, para corroborar la veracidad –o no- de un rumor, no quedaba otra que ir a la hemeroteca (?) y mancharse los dedos con tinta revisando revistas y diarios viejos. Corta la bocha.
Hoy, en pleno 2013 y con En Una Baldosa Google como bandera, cualquier falacia se desmorona en tres o cuatro minutos.
La carrera deportiva de Adrián Villa, un arquero nacido en febrero de 1985, está plagada de saltos bruscos, transferencias extrañas y referencias dudosas, incomprobables, que él mismo se encarga de asegurar cual verdades irrefutables.
Oriundo de Laplacette, un pueblito ínfimo (menos de cien habitantes) de Junín, Villa arrancó en la otra punta, como delantero del club Defensa Argentina de esa localidad bonaerense. Claro que no duró mucho en ese puesto. “Yo hacía poco tiempo que estaba en el club y en un partido faltó el arquero, entonces el técnico preguntó quién quería atajar y yo en un segundo pensé ‘capaz que si no atajo, no juego’, entonces fui al arco. Anduve bien y ya no salí más”, reconoció muchos años después.
Ya más grandecito, y tras haber pasado por Independiente de Junín, se incorporó a Sarmiento (2000), donde rápidamente se destacó y Mario Finarolli, el DT de aquel entonces, lo hacía entrenar con la Primera. También para esa época, Hugo Tocalli y José Pekerman lo llevaron a la selección sub 17, en la que competía por un lugar con Juan Pablo Carrizo, Marcelo Barovero y el fallecido Lucas Molina.
Sin haber debutado en su club, un grupo empresario le compró el pase y lo llevó de paseo por Francia. Con apenas 16 años estuvo –asegura- seis meses en las juveniles del Mónaco (2001). La temporada siguiente la pasó en las inferiores del Saint Ettiene (2002). Según comentó, la experiencia fue muy buena, pero tuvo que volver a Argentina porque la ciudadanía italiana aún estaba en trámite y se le vencía el permiso para trabajar en el exterior.
En 2003, con solo 18 pirulos, apareció con su bolsito en Lanús, se probó, gustó y le hicieron contrato. Según su propio relato, “A mí me habilitaron el viernes anterior al partido contra Colón –por la segunda fecha del torneo Apertura- a última hora y fui al banco de la reserva. A los 5 minutos, lo echaron a Fernando Martinuzzi, el titular, y tuve que atajar casi todo el partido. Pero después, en la entrada en calor de la Primera se lesionó el arquero Claudio Flores, entonces volví a atajar y así fue como debuté en la Primera. Me fue bien porque en los dos salimos 0 a 0. Después jugué casi todo el torneo de reserva y fui mucho al banco de Primera, porque Martinuzzi tuvo varias lesiones”.
En realidad, lo que pasó aquella tarde fue lo siguiente. Efectivamente a Martinuzzi lo rajaron en Reserva y Villa tuvo que reemplazarlo tanto en ese partido como en el banco de Primera, aunque el segundo encuentro lo miró completito al lado de Miguel Ángel Brindisi, el DT del Grana. Además, las pocas veces que Martinuzzi no pudo estar entre los convocados, su lugar fue tomado por los juveniles Diego Carranza y Rolando Romano.
Sin más vueltas, a fines de ese año le dieron las gracias por los servicios prestados y quedó libre. A mediados de 2004, en una maniobra más que extraña, lo contrató River Plate, pero lo mandaron a préstamo al K.S.K. Beveren de Bélgica, de donde rescató algunas anécdotas pintorescas.
“El club tenía un centro de formación en Costa de Marfil y casi todos los jugadores eran marfileños. Yo con ellos tuve una muy buena relación, porque como son muy discriminados, cuando alguien los trata de igual a igual, son muy amigables. En el plantel había 5 o 6 belgas y en las concentraciones almorzaban aparte, no se juntaban con los marfileños porque eran negros. Me acuerdo que el primer día, que yo me senté con los marfileños, me llamó un belga y me preguntó por qué me sentaba con los negros. E inclusive, un marfileño también me preguntó ‘por qué te sentás con nosotros’, es decir que ya tienen internalizada la discriminación hacia ellos y hasta les sorprende que alguien no lo haga”.
Finalizado el préstamo, regresó a River (2005), aunque para esa altura ya era el cuarto arquero detrás de Franco Costanzo, Germán Lux y, otra vez, Juan Pablo Carrizo. De jugar, ni hablar.
Del Millonario, tras una gira con los juveniles y cuando tenía todo abrochado para sumarse a San Telmo (llegó a ser presentado y faltaban horas para el inicio del campeonato), pasó al Olympique de Marsella francés (2005/2006), donde dice haber sido relevo del pelado Fabien Barthez, el histórico arquero de la selección. “Era una posibilidad que se venía hablando desde hacía algún tiempo, y un día me llama mi representante a las 12 de la noche y me dice ‘mañana al mediodía salimos para Francia’. Y así fue”.
Y así también volvió. Recaló en Huracán (2006/07) para ser suplente de Leonardo Díaz en la B Nacional y no salió del banco. El invierno de 2007 lo pasó esperando una transferencia al exterior que nunca se dio y para no perder ritmo se marchó a El Linqueño (2007/2008), del Argentino B.
Sí se fue del país a los seis meses. Esta vez paseó por la reserva del Niza francés y cuando regresó a Argentina, sobre el cierre del libro de pases, volvió a buscar minutos bien abajo: Cruz del Sur (2008/09) de Bariloche, también en el Argentino B. “Con tal de jugar, yo me iba a cualquier lado”, dijo alguna vez. Y ya ni hacía falta que lo aclarara.
De ahí pasó a Atenas de San Carlos (2009), un equipo que momentáneamente disputaba la primera división del fútbol uruguayo. “Arranqué como suplente, pero la tercera fecha al arquero titular, la noche anterior al partido, lo encontraron en un boliche entonces atajé yo y quedé como titular para el resto del campeonato”, contó después. Desconocemos si la historia del golero (?) es real, pero ese año Atenas terminó último y con 62 goles en contra en 30 encuentros.
En 2010, por fin, pudo cumplir su sueño: debutar en la Primera de Sarmiento de Junín, club del que es hincha, pero la campaña fue un desastre (el Verde terminó 20° entre 22 equipos) y Villa -que atajó en 30 de los 42 partidos- perdió el puesto con Patricio Abraham. Para la temporada 2011/12, el destino lo volvió a cruzar con su ex compañero en Lanús, Claudio Flores.
El uruguayo agarró la titularidad y no la soltó más. El ex River (?) apenas pudo jugar dos veces y, para colmo, Sarmiento ascendió a la B Nacional.
En Flandria (desde mediados de 2012) pudo conseguir la continuidad que estaba buscando, aunque el Canario, tras un torneo bastante flojo (fue 15°), fue el conjunto que recibió más goles durante la temporada 2012/13 de la B Metropolitana. Eso, milagrosamente, no impidió que «el Uno» fuera el primer jugador que renovó su contrato hasta 2015.
Ya no quedan dudas: tocuén es cuento y Villa es baldosero.







