Joannes Posthumus. Delantero belga. Jugó en los 60’s y 70’s.
Alvarado 2 – Yokohama Marinos 1 (1994)
La imagen nos muestra a Ramón Díaz sentado en el banco de los suplentes del estadio José María Minella de Mar del Plata, junto al entonces joven periodista local Esteban Salinas. ¿El contexto? El no tan recordado triangular internacional del que participaron Alvarado, Newell’s y el Yokohama Marinos de Japón. ¿La rereza? Los partidos duraban sólo 45 minutos y se jugaban todos en la misma jornada.
Con menos de 500 espectadores en las tribunas, el conjunto asiático perdió 2 a 1 gracias a los goles de Silvio Rudman y La Rata Rodríguez. Kimura descontó para el Yokohama, que además del Pelado, contaba con los argentinos Carlos Bisconti y el Chapa Zapata.
Después de aquel partido, los japoneses tendrían una segunda presentación, en la que vivirían una situación insólita que ya nos encargaremos de detallar.
Maradona a Las Palmas (1978 y 1996)
Repasar mentalmente los equipos en los que jugó oficialmente Diego Armando Maradona no es una tarea muy difícil: Argentinos Juniors, Boca, Barcelona, Nápoli, Sevilla y Newell’s. Seis, ni más ni menos. Ahora bien, si a eso le agregamos la cantidad de clubes que quisieron alguna vez tener al Diegote entre sus filas, nos tendríamos que acordar básicamente de…todos.
Es que, ya en el ocaso de su carrera, varios clubes, grandes y chicos de todo el mundo fueron los que se tiraron un lance para tratar de meterse, a la fuerza, en la vida deportiva del Diez. Fue así como All Boys, el Santos de Brasil o Peñarol de Montevideo quisieron contratar a Maradona, casi para exhibirlo, como si fuera un trofeo. ¡Pero mirá que esta retirado Diego, eh! No importa, dámelo igual.
Uno de las tantas instituciones que soñaron con tener al astro mundial vistiendo su camiseta fue Las Palmas, un modesto equipo español que apareció un par de veces en la línea histórica del Diego.
La primera vez fue a comienzos de 1978, cuando Gregorio González Fulgencio, un empresario de la isla de Gran Canaria, se enteró de las condiciones del pibito de Argentinos Juniors y negoció, personalmente con el club y con Maradona, para llevárselo a Las Palmas, donde jugaban los argentinos Carnevali, Brindisi y Morete.
A pesar del interés que tenía el conjunto español por aquella promesa sudamericana, las negociaciones finalmente no llegaron a buen puerto y Maradona siguió jugando en el Bicho hasta 1981, cuando pasó a Boca Juniors.
Sin embargo, esa no sería la última vez que Las Palmas y Diegote cruzarían sus caminos. En 1996, el club de Gran Canaria se encontraba en la segunda división y buscaba reforzarse a lo grande para volver a la elite. Un dirigente viajó a la Argentina para comprar al chileno Salas, pero se terminó llevando al Turu Flores, que la estaba rompiendo en Vélez.
¿Y Diegote? Bien, gracias. Disfrutando la vida loca, yendo antrenar en camión muy de vez en cuando, de fiesta en fiesta y amagando con retirarse una y mil veces.
Enojado con el cartonero Macri porque no le había comprado al Turu Flores, Diego dijo que no quería jugar más en Boca y declaró: «Tengo sueños imposibles, como jugar en el Real Madrid, en el Valencia con Romario, en Las Palmas con el Turu Flores, en el Barcelona con Ronaldo, o en el Atlético de Madrid con Simeone y Esnaider«.
Fue entonces cuando Guillote Cóppola se fijó cuál de los planes era más factible y se reunió con el dirigente de Las Palmas que estaba en el país y entre ambos trataron de llegar a un acuerdo para que el Diez se sintiera cómodo en un equipo sin demasiadas responsabilidades.
Pese a la buena predisposición de los españoles, el pase quedó en la nada. Es que, por esos días, el Diego se encontraba en Suiza, tratando de curarse de su adicción. Nos falta chequear la información, pero aparentemente no habría terminado el tratamiento.
Bonet Roberto
Roberto Bonet Cáceres (Flash / El Galgo)
Perteneciente a la raza de hermano malo que siempre supo alimentar los planteles de Racing en las últimas décadas, el paraguayo Roberto Bonet dejó su huella en una época difícil del cuadro de Avellaneda. Como si fuera poco, después agregó experiencias en el ascenso. Repasemos su caso.
Nacido el 17 de noviembre de 1980 en la localidad de Lambaré, trató de ser lo más fiel posible a sus orígenes. El Ambaré, en guaraní significa «el país de las sombras«. Y Robertito, para no ser menos, futbolísticamente vivió en la penumbra de Carlos, su hermano mayor, destacado lateral derecho de la selección albirroja.
Cuando llegó a Racing, para el Clausura 2008, muchos pensaron que se trataba del Bonet bueno, pero no. Lo poco que había conseguido Blanquiceleste para reforzar el plantel que pelearía el descenso fue a Diego Manicero y al Bonet trucho, que enseguida se uniría al grupito de sus compatriotas, conformado por Marcos Cáceres y Erwin Ávalos, más el correntino Hilario Navarro.
Robertito también había jugado como lateral y volante por derecha en Sol de América, Libertad, Guaraní y Olimpia. Currículum, a decir verdad, no le faltaba. Lo que no tenía era jerarquía para darle el salto de calidad al equipo argentino.
A su llegada a La Academia le tiraron la camiseta número 3, para que más o menos se diera cuenta de que en el club las cosas estaban al revés. Ya en los primeros entrenamientos llamó la atención por su velocidad, muy superior a la que podían mostrar otros jugadores en su puesto. Ni hablar si pensamos en otros compañeros como el Chanchi Estévez o el chileno Navia. Les sacaba varias vueltas.
Su debut se produjo en la primera fecha, entrando en el segundo tiempo del empate 1 a 1 ante Olimpo. Después fue titular durante 8 fechas consecutivas y ahí mostró lo que sabía hacer: tirarla larga, correr hasta el fondo y levantar un centro pasado. Sólo en contadas ocasiones pudo escaparle a esa costumbre, como el día que le puso la pelota en el pecho a Erwin Ávalos, que se encargaría de transformar una jugada de gol en una expulsión. Magia guaraní.
En ese torneo, Bonet logró disputar 15 encuentros e incluso estuvo en los partidos de la Promoción ante Belgrano. De rendimiento aceptable, no pudo escaparle a la mediocridad generalizada y al terminar la temporada regresó a Olimpia.
Su primer retorno a nuestro país se produjo apenas unos meses más tarde, cuando firmó para Quilmes (2009) en la B Nacional. Jugó algunos partidos sin llegar a destacarse, hasta que se fue el técnico Pascutti y no le quedó otra que aceptar el escobazo. De nuevo a armar el bolso.
Otro semestre en el Rangers de Chile (2009), un año en Olimpia (2010) y un par más en Sol de América (2011 a 2012), le dieron el valor suficiente para regresar a la Argentina y seguir marcando surcos en el lateral derecho, esta vez en la tierra colorada.
Desde principios de 2013 el Galgo Bonet se calza la camiseta de River Guaraní Antonio Franco de Misiones en el Torneo Argentino A y desde su cuenta de Twitter (@R7Bonet) tira mensajes de buena onda y esperanza. Seguilo…si podés.
Si quieres lograr lo que aun no has alcanzado necesitas hacer lo q aun no has intentado
— Roberto Bonet (@R7Bonet) April 15, 2013
Racing con pantalones blancos 1996
Durante la década del 90 fue bastante inusual ver a Racing con pantalones blancos, ya que tanto la camiseta titular como la alternativa solía combinarse con lompas negros o azules, independientemente de la marca que lo vistiese. Hasta la llegada de la famosa casaca «La Academia» en 1998, fueron contadas las ocasiones en las que el equipo de Avellaneda salió a la cancha con pantalones que no fueran oscuros.
Una de esas pocas veces nos traslada hasta el torneo Clausura de 1996, cuando Racing recibió a Central en el Cilindro. Ese día, para los estadísticos, quedará grabado porque debutó en el Canalla un arquerito que daría que hablar, sobre todo de la línea de cal hacia afuera: Hernán Castellano. Nosotros, en cambio, rescatamos que el cuadro albiceleste usó pantalones blancos de la marca Topper por única vez en esa década.
Ah, ganó Central 1 a 0 con gol de Gordillo.
Prócer de la Baldosa
Ring Ring Balvorín: La Bestia Romero
Más allá de los deportistas, los triunfos y los fracasos, están las personas, con virtudes y también con defectos. Esta es la historia de un hombre que tuvo una oportunidad gracias al más noble de los deportes, el boxeo.
César Abel La Bestia Romero nació en Merlo, provincia de Buenos Aires, el 25 de Enero de 1955 en un hogar extremadamente humilde, donde su padre Servando y su madre Antonia debían redoblar el esfuerzo cotidiano para alimentar a siete hijos. Cesar se crió prácticamente en la calle y desde los seis años trabajó para colaborar con lo que podía con la numerosa familia.
Tenía un fuerte carácter pendenciero que lo hacía mezclarse y entreverarse en todo tipo de disputa o pelea contra quien fuera. Entró por primera vez a una comisaría para pasar tres días detenido, después de pegarle una piña a un tipo pasado de copas que no lo dejaba entrar a un billar. El tipo tenía 36 años y terminó desparramado debajo de una mesa. Cesar Romero, por ese entonces, solo tenía 11 años y medía 1,86 m.
A los 12 se tatuó una mujer en medio del pecho, que con el tiempo se convertiría en un águila de alas desplegadas. Fue, el primer tatuaje de los veintitrés que se repartían por su cuerpo: brazos, torso, piernas y hasta el pene. A los quince años empezó a juntarse con gente muy pesada de la zona para hacer plata fácil. Comenzaron atacando un cementerio de trenes y locomotoras en la estación Libertad. Bronce, cobre, metales, lo que fuese. Se llevaban 150 kilos de metal por día y lo vendían. Luego, cebados, pasaron a levantar autos y, por último, a usar armas para asaltar comercios y gente, al voleo, en las calles.







