Independiente de Trelew (1972)

Nos remontamos hasta 1972 para recordar la participación en la máxima categoría de un equipo inolvidable: Independiente de Trelew, el único representante de la Liga del Valle de Chubut en los viejos Nacionales.

Tras haber ganado un duro torneo regional, el Rojo trelewense tuvo apenas dos meses para preparar un equipo decente y afrontar partidos de Primera División ante equipos con más experiencia. El tema era que jugadores por la zona no abundaban y la mayoría de los hombres de Independiente tenían un trabajo paralelo al fútbol. Algunos eran obreros, otros empleados municipales. Pero casi todos los muchachos laburaban de otra cosa y además jugaban a la pelota… ¡en Primera A!

Con esos jugadores, más la categoría de 2 o 3 profesionales, Independiente de Trelew hizo lo que pudo en el Nacional de 1972. Disputó 13 partidos, de los cuales empató 3 y perdió los 10 restantes. Pero tendría recompensa.

En ese largo periplo de sinsabores, le tocó enfrentar a River en el Monumental, en una fecha que fue verdaderamente histórica. Aquel 29 de octubre de 1972, los Millonarios volvían a su estadio después de mucho tiempo, a raíz de una suspensión. Los hinchas locales, con bastante abstinencia de ver a su equipo en casa, acudieron en masa. Más de 35 mil personas fueron a Núñez para ver ¡a River contra Independiente de Trelew!

Ya en la cancha, los sureños hicieron un papel decoroso en el primer tiempo, perdiendo apenas 2 a 0. Pero en la segunda mitad, se vinieron abajo. River hizo 6 goles más para completar un drástico 8 a 0, que sin embargo dejó un par de alegrías para los chubutenses.

Por un lado, el arquero de Independiente, Alberto Parsechian, se atajó la vida, pese a comerse 8 goles, y la revista El Gráfico lo calificó con un 10.

Como si fuera poco, los dirigentes se volvieron contentos pese a la catastrófica derrota, porque en aquel entonces la recaudación de los partidos se dividía al 50 por ciento. Y a Independiente de Trelew, que apenas había hecho de partenaire ante los lujos de River, le tocó cobrar un cheque tan grande, que terminaron haciéndole una fotocopia y la pusieron en un cuadrito. Sin (?).

Y sí, los beneficios de hacer un River.

Ferro parchada 2011

La temporada 2011/2012 mostró a un Ferro Carril Oeste bastante indeciso a la hora de salir a la cancha. Y no hablamos por su performance futbolística, sino de su imagen, esa que cambió frenéticamente, sobre todo en el primer semestre.

Durante los dos primeros partidos del campeonato, el conjunto de Caballito jugó con una camiseta casi perfecta de la firma Kappa: verde, con detalles en blanco y sin publicidad. Una hermosura que duraría muy poco.

Tras la tercera fecha, donde salió a la luz una casaca alternativa blanca, Ferro regresó al mundo del capitalismo (?) con el sponsoreo de la Constructora Colangelo en un match ante Almirante Brown. El chivo, delicado y totalmente adaptado al frente de la camiseta, no alteraba demasiado las cosas. La pilcha seguía estando buena, pero también duraría poco.

El auspiciante, constructor pero no boludo (?), tiró la bronca porque su firma ni siquiera se leía. Y entonces mandó a agrandar el logo. ¿Cuál fue la solución? Una bien argentina. Parche verde con letras blancas y a otra cosa. Aunque claro, no todos los verdes son iguales. Y sino pregúntenle a Marcos Acuña, que estaba buscando uno en la nariz, detrás de Oreja.

La camiseta, que en su momento había sido hermosa, pasó a ser un espanto y debutó en la fecha 8 de la B Nacional, nada menos que ante River Plate. Era, sin dudas, el momento para hacerse conocer.

El modelito parchado, combinado incluso con pantalones en otro tono de verde, se mantuvo hasta la llegada de un nuevo diseño, en la fecha 17, momento en el que la de Ferro volvió a ser una típica camiseta del ascenso.

Gracias a @Ariel_Ferro

Mac Allister a Independiente (1992)

En conflicto con la dirigencia de Argentinos Juniors, Carlos Javier Mac Allister se fue del club en pleno Torneo Clausura ’92. Todavía quedaban varias fechas por jugar, y el Colo no quiso perder ritmo, por eso decidió que lo mejor era seguir entrenando. Y gracias a su representante, Settimio Aloisio, Independiente le abrió las puertas y lo recibió como uno más del plantel, junto con Diego Cagna, quien atravesaba una situación similar.

Todo parecía encaminado a que ambos se sumaran al equipo de Avellaneda para la siguiente temporada. Y eso sucedió con el mediocampista.  Sin embargo, el caso del defensor fue diferente: Mac Allister arregló su situación con los directivos del Bicho, volvió al cuadro de La Paternal y al poco tiempo pasó a Boca Juniors. Y todo sin pedirle coimas a nadie (?).

Re Partidos: Bélgica – Corea del Sur en Italia ´90, un dolor de ojos

En el afán de buscar historias donde no las hay poco recordadas o inéditas, nos topamos con este partido que, por diferentes variables, fue un verdadero Pearl Harbor a las retinas.

La victoria Argentina en México ’86 fue la reivindicación de un fútbol especulativo, amarrete y tácticista, que valoraba la subordinación y el orden por sobre la inspiración y las libertades individuales pese a que, paradójicamente, aquella Selección de Bilardo contaba con el mejor y más desequilibrante jugador que vio cualquier edición de la Copa del Mundo: Giusti Maradona.

Como siempre, las vueltas olímpicas marcan tendencia. Entonces, durante el lustro siguiente, tanto equipos de liga como selecciones se dedicaron a plagiar ese modelo, adaptándolo, levemente, a la figura de algún jugador, ya sea por cualidad, negocio o clamor popular.

De esta manera, varios equipos cambiaron su idiosincrasia: Inglaterra dejó de jugar a los centros, la Holanda de Leo Beenhakker olvidó el romanticismo y Brasil experimentó en su mediocampo con Dunga, un señor sindicado, por aquellos días, de encarnar al certificado de defunción del Jogo Bonito. Ni que hablar de Francia, que apostó al Catenaccio y se quedó afuera de todo. En ese tablero global, equipos utilitarios como Irlanda, Checoslovaquia, Escocia, URSS, Yugoslavia y Rumania equipararon fuerzas y fueron protagonistas de diferentes competiciones con mayor o menor suerte.

Italia ’90 fue el punto cúlmine de esa manera de sentir el fútbol, con un Mundial aburrido, con pocos goles y espectáculos lamentables. Aunque la canción, los penales del Goyco, los goles del Cani y las lagrimas de Diego nos hagan sentir lo contrario. Italia ’90 fue aberrante. Y si los de arriba no daban el ejemplo… ¿Qué se le podía pedir a los de abajo? En ese mar de intrascendencia, se encontraban Bélgica y Corea del Sur.

Los equipos antes mencionados tenían la obligación de abrir el Grupo E, donde también se encontraban España y Uruguay. Los asiáticos contaban con lo de siempre: un grupo de futbolistas toscos y elementales, donde sólo destacaba la figura del Caballo Loco Kim – Joo Sung. Por su parte, los europeos presentaban a algunos de los héroes que habían logrado el cuarto puesto en el ’86, aunque ya desgastados como equipo y como grupo: Eric Gerets, Franky Van der Elst, Enzo Scifo, Michel De Wolf, Georges Grun y Jan Ceulemans, entre otros.

Sin embargo, quien se llevó toda la atención fue el legendario Michel Preud’ Homme. El arquero, quien sufría de glaucoma, había padecido una infección en sus ojos en la previa al Mundial, lo cual le impedía usar sus lentes de contacto habituales. Como solución, el portero le solicitó a la FIFA el permiso para utilizar unos anteojos plásticos ahumados para protegerse de los rayos ultravioletas.

Contrariamente a lo que se suponía, el organismo aprobó la petición del arquero, dejando, eso sí, la última palabra a criterio de los diferentes árbitros. Preud’ Homme, feliz como una diva, se paseó con sus nuevos juguetes tanto en entrenamientos como en ruedas de prensa. El genial portero del Malinas estaba seguro de, ante Corea del Sur, hacer historia grande en las Copas del Mundo. Aunque de una manera periférica, claro.

Lamentablemente para él, aquel 12 de junio lloviznó molestamente sobre Verona y fue el propio arquero quien desistió de la idea de usar los anteojos, ya que era peor el remedio que la enfermedad. El resto de los partidos de Bélgica en ese Mundial fueron en horario nocturno, excepto uno: ante España por primera ronda. Entonces, ¿Por qué no usó sus gafas Preud’ Homme? Simplemente, por que no lo dejó el Pichi Loustau quien, por ese hecho, fue señalado como el principal responsable de la derrota belga con perdida del primer lugar en el grupo incluida.

En 1994 el arquero volvió a solicitar aquella extravagancia a la FIFA pero, en esa ocasión, le dieron un no enorme como sus cataratas. Será en la próxima vida, Michel…

El que tenía problemas peores en los ojos, no pidió nada y jugó como un campeón fue el delantero surcoreano Lee Tae – Ho. Es evidente que los asiáticos son todos iguales y que apenas se le ven los ojos. Por eso, al ver su figurita nadie se percató que al jugador le faltaba el ojo izquierdo y que en su lugar tenía una canica, sin (?).

En efecto, Tae Ho había sufrido una patada en la cara en 1988 defendiendo al Daewoo Royals, su equipo de toda la vida. En principio, el atacante perdió la visión de dicho ojo y meses después fue necesario vaciarle el globo ocular, pese a lo cual su técnico, Lee Hoe – Taik, lo incluyó en la lista mundialista.

Y así, el tuerto Lee Tae Ho ingresó a los 63 minutos del partido ante Bélgica y hasta le remató dos tiros a Preud’ Homme. Claro, estaba en juego una caja de Colirio (?). De esta manera, el surcoreano hizo historia al ser el primer jugador con una mutilación facial en disputar una Copa del Mundo y el segundo con un faltante físico después del uruguayo Héctor El Divino Manco Castro. ¡Como para que Salvador Cabañas sueñe con Brasil 2014!

Tae Ho no volvió a ver acción en esa Copa y tras el Mundial se retiró. Luego se convirtió en director técnico y recibió varias distinciones como “ejemplo de vida”. Muy lindo, aunque todos se olvidan de la peor parte: los tuertos no pueden ver cine en 3D. Será en la próxima vida, Lee…

Ah, nos olvidábamos de algo. En el que fue elegido como el peor partido de Italia ’90, Bélgica le ganó a Corea del Sur por 2 a 0. Un asco. Aunque a varios ya le dolían los ojos de antemano…

Publicado en simultáneo con Un Mundial Para En Una Baldosa

Chile 4 – Estudiantes 2 (1992)

Referirse a Estudiantes en Chile, hoy por hoy, es pensar en sistemas educativos, reformas, movilizaciones, reclamos, incidentes, carabineros, gases y muchas cosas más, que no necesariamente tienen que ver con el fútbol. Sin embargo, hace poco más de dos décadas el Estadio Nacional de Santiago fue testigo de un partido bastante extraño: la selección chilena contra Estudiantes de La Plata.

En la noche del miércoles 12 de agosto de 1992, ante 4 mil espectadores, el Pincha dirigido por Daniel Romeo formó con Merlo (Sanelli); Prátola (Squadrone), Fontana, Erbín y Ramírez; Siviski (Iribarren), Suárez (Ponte), París (Soto) y Capria; Percudani y Carracedo.

Los trasandinos, por su parte, pusieron en la cancha a Toledo; Mendoza, Fuentes, Margas y Vilchez; Musrri, Gómez (Castillo), Pizarro y Vega; Cofré (Castañeda) y Zambrano.

Pese a los goles de Capria y Erbín, el amistoso lo terminaría ganando el conjunto local por 4 a 2.

(Gracias a Cucu y futbolvintage)

Bordón Adolfo

Adolfo Enrique Bordón

Jugadores que vistieron las camisetas de dos equipos históricamente enfrentados los hubo y los habrá siempre. Acá y en cualquier lado. Pero si se trata de recordar futbolistas que únicamente acrediten pasos por esos clubes, la cosa se complica. Y si hay que hacerlo de memoria, sin la ayuda de Google, Wikipedia o aunque sea la Encarta, la tarea es titánica.

Y así resultó el caso de este marcador de punta, con una trayectoria tan breve como extraña. Surgido de las inferiores de Racing, debutó en 1981 como alternativa del Vasco Olarticoechea, Osvaldo Pérez o  Enrique Veloso. En la Academia acumuló 33 partidos oficiales hasta 1983 y se dio el mayor gusto de su carrera: compartir la tapa de El Gráfico con Maradona. De espaldas, medio cortado y mientras Diego se aprestaba a gambetearlo, eso sí.

Con Racing descendido, se consumó la traición (?): llegó a Independiente en 1984 para reforzar un equipo que jugaría los torneos Nacional, Metropolitano y la Copa Libertadores. Bordón sólo lo hizo en las competencias de cabotaje, algo lógico teniendo en cuenta las presencias del Loco Enrique, Rodolfo Zimmermann y Néstor Clausen. Apenas disputó 10 partidos, en su mayoría acompañando a los pibes que le daban descanso a los que disputaban la copa.

Después, la nada misma. En los diarios de la época, no figura. En la red de redes, no hay noticias sobre su paradero. Y en la mente de los hinchas, su apellido se esfumó. Desconocemos si a Bordón le importará algo todo esto. A veces, hay cosas que es mejor olvidarlas.