Mal pase: Palermo a Lazio (1999)

La gran actuación de Martín Palermo con la camiseta de Boca Juniors en el Apertura ’98 lo convirtió rápidamente en una vedette en el viejo continente, y no precisamente por haberse vestido de mujer. La contundente estadística de 20 goles en 19 partidos llamaba la atención acá y también del otro lado del charco.

Fue así como, entre los interesados por contar con los servicios del Titán, se mencionaron varios clubes por aquellos días. El Atlético de Madrid, por ejemplo, se mostró bastante decidido a contratarlo en un principio, pero luego su Presidente, el verborrágico Jesús Gil y Gil, declaró: «Palermo se pinta mucho el pelo de colores, tiene algunas características raras… Más que el costo de la operación, me preocupan las neuronas del muchacho». Y agregó: «Necesitamos traer un chaval porque al equipo le hacen falta delanteros, pero debo estudiarlo muy bien. No quiero tener otro caso Vieri», en alusión al italiano, que no había soportado mucho tiempo fuera de su país.

Durante todo el primer semestre de 1999 Palermo siguió haciendo goles y los equipos del exterior se fueron multiplicando. Lazio de Italia apareció en escena y fue, durante varios meses, el candidato más firme para llevarse al Loco. Sin embargo, las conversaciones no llegaron a buen puerto, el libro de pases se cerró y el goleador debió quedarse otro campeonato en Boca, con la promesa de que lo venderían al finalizar el año.

En septiembre de aquel 1999, la chance de que Marteeeeeen (?) se sumara al conjunto romano reflotó inesperadamente, con la venta del sueco Andersson al Bologna. Fue en ese mismo momento cuando el representante del jugador argentino, Gustavo Mascardi, tomó las riendas del asunto y llegó a un acuerdo con los italianos, para presionar a Boca con una cifra que alcanzaba los 15 palos verdes. La dirigencia xeneize, bajo el mando de Mauricio Macri, no aceptó la oferta de los tanos, pero se mostró dispuesta a seguir charlando, dejando de lado a Mascardi, a quien no veían con buenos ojos.

Eso, por supuesto, generó una guerra entre el representante y Mauri (?) que terminaría frustrando al delantero y alejando un poco a la Lazio del mapa, mucho más cuando, a mediados de noviembre, Palermo se rompió la rodilla en un partido ante Colón.

Después de tanta desgracia, Palermo volvería con gloria y en el 2001 terminaría pasando a otro grande de Europa…el Villarreal (?).

Segurola y Habana: El Chanchi Estévez Vs. Cardetti


En infinidad de ámbitos se suele afirmar, con total justicia (?), que casi todos los colorados, los rengos, los jóvenes calvos y los petisos son tremendos hijos de puta. Dicho esto, claro está, en un sentido totalmente callejero, mundano u arrabalero, por así llamarlo.

A los antes mencionados se los sindica de usar un hiriente e injustificado humor negro al extremo en todos lados; de estar siempre a la defensiva para contraatacar con una crueldad meditada ante cualquier comentario que se les haga y de intentar irse siempre a las piñas, más aun, si su contrincante es una persona que, intuyen desde el vamos, jamás les va a meter una mano. Son victimas de una especie de resentimiento de adoquín. Y concientes de ello, lo usan para beneficio y deleite personal, claro. Ahora bien, cuando chocan dos especimenes de esta clase ¿terminan abrazados? Por lo general si, aunque a veces suceda lo contrario.

Diciembre de 2001, el mes de los 250 pesos por semana, nos dejó otra clara muestra de ello, aunque en este caso se trataba de enanos. El día 2 de ese mes mientras Roberto Parra ganaba Gran Hermano; Los Pumas lograban otra derrota digna ante los All Blacks; Pelé le decía al mundo que nuestra Selección compartiría el grupo F con negros, pálidos y albinos y la prensa nacional lloraba la imposibilidad de un Argentina – Francia en la final del Mundial (?); en el Cilindro de Avellaneda se jugaba un nuevo clásico. Aunque no era un clásico más, claro.

Esa tarde, en un partido casi sin precedentes, se enfrentaron por la jornada 16 del Apertura: el miedo paralizador contra el cagazo irrefutable. Aunque estaban disfrazados del River del restituido Ramón Díaz y del gerenciado Racing de Mostaza Merlo. Y los dos equipos estaban atemorizados. Uno tenía temor de hilvanar su tercer subcampeonato al hilo y el otro tenía chances claras de salir campeón luego de 35 años, situación que les daba, a los racinguistas, la misma cantidad de ilusión como de cagazo.

El clima bélico entre el puntero, Racing, y su escolta a 5 puntos, River, se inició el fin de semana anterior en La Noche del Domingo, donde Maximiliano Estévez, en compañía de José Chatruc, le afirmó a Gerardo Sofovich: “A Comizzo le voy a hacer un gol con el culo”. El Chanchi no pudo esperar hasta el partido y comenzó a mostrar su orto ahí mismo ya que le sacó una moto al Ruso jugando al Jenga, vehículo que ambos futbolistas se terminaron disputando en una paradójica apuesta al campeón de la Copa Mercosur (el fanático de Huracán, Estévez, le fue a San Lorenzo y Chatruc, quién luego jugó en El Cuervo, se inclinó por el Flamengo).

Martín Cardetti siguió echándole nafta al fuego y afirmó que ese Racing era una escueta sombra de su River y que a ellos siempre les hacía goles, como los dos que les hizo el día de su debut con La Banda. En un clima de final del mundo ambos equipos salieron a la cancha y se seguía notando el pánico. Basta con repasar la tensión con la que Cambiasso y Bedoya gritaron sus tantos y como Merlo le pidió el final del partido a Baldassi tras el 1 a 1 aunque aún faltaban 5 minutos y el descuento. Tal era el miedo que empataron.

Y victima de ese miedo al que algunos llaman estupidez y otros llaman viveza, sobre los 90 minutos, El Chanchi comenzó a burlarse del Burrito Ortega cuando estaba por ejecutar un tiro libre. Estévez le fruncía la cara, se tocaba las axilas, le jadeaba como un animal. El mensaje no era del todo claro. Mono, gorila, orangután, macaco, primate, cavernícola. Sólo el diminuto delantero lo sabe.

Por supuesto, tras el 1 a 1 final y con todo Racing festejando, Ortega le metió un sopapo a Estévez mientras este era hostigado por Garcé. Cuando El Chanchi intentó ir tras el jujeño más por circo que por otra cosa, Cardetti apareció por ahí abajo y le metió una piña desde atrás. Y parece que esta si le dolió, ya que instantáneamente perdió los estribos y ni se percató que D´Alessandro le metió otro golpe y Coudet una patada. Estévez le tiró una piña a Cardetti pero, por supuesto, se quedó corto.

Y en ese instante, como aquellos que temen ser victimas del mismo veneno con el que tratan de herir a los demás, Maximiliano Estévez le dejó sus inmortales palabras a Marcelo Benedetto, quién justo andaba buitreando (?):

“Pero bueno, estamos bien, seguimos a 5 puntos y bueno se lo quiero dedicar a Cardetti que fue un terrible cagón”.

– “¿A quién?”

– “A Cardetti que es un cagón mala leche y encima la mujer lo hace cornudo”.

Cuando se enteró de los dichos de su enemigo, Cardetti dio su palabra en un clima cercano al velorio y hasta se le quebró un poco la voz.

– “Lo único que quiero decir es que si me tiene que agredir que me agreda a mi pero en este caso está agrediendo a mi esposa y a mis dos hijas, que ahora voy a tener que ir a casa y seguramente comentarle a mis hijas que es lo que dijo este personaje. Así que bueno, nada más que eso. Después se verá en los abogados que dicen”.

Esa misma noche y obligado por Fernando Marín, un ¿arrepentido? Estévez apareció flanqueado por Macaya y Araujo en la apertura de Fútbol de Primera y con visible desprecio congoja le pidió perdón a la familia del Chapulín. Los indulgentes conductores lo felicitaron y mostraron su satisfacción por tan valiente actitud. Solo una vez más se cruzaron Cardetti y Estévez en un campo de juego (Racing – Olimpo, Clausura 2005) pero la cosa no pasó a mayores y apenas se saludaron. Lamentablemente, hasta el día de hoy, todos nos seguimos fumando a Marcelo Araujo.

Por supuesto, en una Argentina con los ánimos tan caldeados como aquella, el Tribunal de Disciplina de la AFA, el Juez de Paz de Avellaneda y el Comité de Seguridad en Espectáculos Deportivos sancionaron a Cardetti, Ortega y Estévez con 5, 4 y 3 fechas respectivamente… en mayo de 2002, cuando Argentina ya se había ido a la mierda, Racing había salido campeón, Cardetti había arreglado su incorporación al Paris Saint Germain tras estar seis meses colgado, River también había salido campeón, Ortega estaba por irse a Turquía y El Chanchi se encontraba lesionado.

Para que nadie diga que en 2001 la justicia tenía los ojos vendados. No, no, eso no sucedió en ningún ámbito.

¿Ganador?

Rotti Marcelo

Marcelo Gustavo Rotti

Silencioso, desapercibido, humilde. Cualquiera de estos adjetivos es capaz de ilustrar la corta trayectoria del poco recordado zaguero uruguayo que, sin embargo, fue capaz de hacer historia en un club grande de su país. Y sólo unos meses después de un paso con más pena que gloria por el fútbol argentino.

Oriundo de Paysandú, inició su camino como profesional en Peñarol, la institución que lo marcaría de por vida. Formando parte de un plantel muy joven, fue una pieza importante para la obtención de los campeonatos uruguayos de 1985 y 1986, incluso convirtiéndole un gol a Nacional en la Copa de Oro de los Grandes, un torneo jugado entre los dos equipos más populares del país.

Vaya uno a saber porqué, para la temporada 1986/87 llegó a Platense juntó a Alberto Vivalda, Claudio Larramendi, Gerardo Manuel González, José María Vietta, Javier Novarini, Daniel Rodríguez y Miguel Ángel Gambier, entre otros. El Calamar, como acostumbraba en esa época, se terminaría salvando del descenso por poco, pero Rotti ni se enteró: apenas jugó 3 partidos en toda la temporada y se despidió para siempre de nuestras canchas. Calladito, como había llegado.

Allí se dio cuenta que el fútbol da revancha. Y, a veces, muy rápido. Regresó a Peñarol, se ganó un lugar en la defensa reemplazando a Jorge Gonçalvez y apenas unos meses después estaba jugando la final de la Copa Libertadores contra el América de Cali y levantando el trofeo gracias al agónico grito de Diego Aguirre. A fines de 1987 jugaría la final de la Copa Intercontinental, esta vez cayendo derrotado frente a Porto.

Siguió en el Carbonero un tiempo más hasta su partida al Tampico Madero de México (1989/90) donde fue compañero de los argentinos José Celis y Claudio Baravanne. El equipo se salvo del descenso por un punto y los sudamericanos tuvieron que irse sin ser debidamente indemnizados, en medio de una crisis que afectaba a la institución (al final de la temporada algunos líderes del Sindicato Petrolero, propietarios del club, fueran encarcelados, la franquicia fue vendida y trasladada a Querétaro, con lo que se produjo la desaparición del club). Posteriormente, acredita un paso por el Estrela da Amadora de Portugal (1991/92), aunque es un misterio saber si llegó a jugar.

Una vez retirado, trabajó con juveniles en su ciudad natal, en clubes como San Miguel, Paysandú F.C. y Estudiantil Sanducero. La discreción, modestia y sencillez que caracterizaron su recorrido por el fútbol profesional lo siguen marcando hoy en día. Tanto es así que es el único jugador de Peñarol que jugó la final de la Copa Intercontinental 1987 que no tiene ficha en Wikipedia. Si eso no es humildad, la humildad dónde está.

Fuera de stock: las vinchas patrocinadas

Si hacemos un repaso por la historia de la humanidad nos daremos cuenta de que la mayoría de las cosas de este mundo son cíclicas. Aparecen, se instalan, se convierten en cotidianas, pierden vigencia, desaparecen…y vuelven a aparecer. Así con todo. Y por supuesto que el mundo del fútbol no es la excepción.

Allá por comienzos 90 nos vimos sorprendidos por una costumbre que pronto ganó varios adeptos entre los futbolistas de nuestro país: la vincha. Sí, el tradicional accesorio para el cabello de las damas, de un día para el otro pasó a formar parte de la escenografía futbolera. Y la vincha tuvo, junto a las pulseras y las calzas, sus quince minutos de fama gracias al impulso de aquella generación fluo que comandaron Gabriel Amato, el Turco Mohamed y Fernando Gamboa.

Aquel furor noventoso, que afortunadamente murió y que rápidamente olvidamos, regresó un día sin que nos diéramos cuenta. Porque todas las modas regresan, pero a veces lo hacen camufladas para no levantar sospechas. Eso fue lo que sucedió entre 2007 y 2008 con el auge de las vinchas patrocinadas, una práctica que apareció tímidamente en la frente de los jugadores y que en cuestión de meses se transformó en un artículo de primera necesidad para varios planteles.

Huracan de Parque Patricios fue, sin lugar a dudas, la vedette que marcó esa época. Del equipo que salía a la cancha todos los fines de semana, podían identificarse fácilmente a 6 ó 7 jugadores con vinchas sponsoreadas, entre los que se destacaban Ángel Puertas, Eduardo Domínguez, Carlos Arano, Federico Nieto, Franco Mendoza, Andrés Franzoia y Patricio Toranzo.

Detrás del Globo, equipos de Primera División como San Lorenzo, Independiente, Gimnasia y Rosario Central también fueron protagonistas de la tendencia, de la mano de futbolistas como el Cuqui Silvera, el Rayo Menseguez, el Gordo Núñez, Ignacio Piatti y el Chino Vizcarra.

Y así como los jugadores se fueron contagiando la vinchuca (?), las empresas también comenzaron a subirse al exitoso método publicitario que no requería demasiada inversión. Marcas de ropa como Fiume, Andreina Disegni, A+ y Porcobello fueron apareciendo en los las cabezas de los futbolistas.

Para mediados de 2008 el uso de la vincha estaba totalmente instalado, pero no duraría mucho. Los sponsors oficiales de los clubes, como era de esperarse, pusieron el grito en el cielo y desde la Asociación del Fútbol Argentino prohibieron exhibir leyendas comerciales mediante ese método.

De esa abrupta manera se terminó una época que nos dejó una marca. O varias (?).

Mina a Huracán (2009)

La afección cardíaca que sufrió Leandro Benegas, le permitió al Globo tener un cupo más para reforzar su delantera de cara al Apertura ’09. Por eso, fueron a buscar a Narciso Mina, un ecuatoriano que jugaba en el Barcelona de su país. Se puso la pilcha de Huracán y tuvo varias prácticas con sus compañeros, incluso participando de trabajos regenerativos luego de los partidos con los futbolistas que no habían estado entre los titulares.

Pero Mina no era habilitado. Y finalmente, nunca pudo jugar en el equipo de Parque Patricios. ¿Por qué? Debido a una reglamentación de la FIFA: no se lo pudo incorporar con el torneo comenzado por ser un jugador que provenía del exterior. Lo peor de todo es que Babington era el Secretario de Relaciones Internacionales de la AFA, y parecía desconocer esta regla. Cappa tuvo que pagar los platos rotos arreglándose con Laurito, Trecco, Gino Clara y Nieto como delanteros.

(Gracias Paolo)