Tras haber finalizado su relación con la empresa Olan, a mediados de 2000, Estudiantes de La Plata firmó un contrato con la internacional Mitre, que sin demasiado tiempo no alcanzó a presentar la indumentaria para el primer partido del Pincha en el Apertura de ese año.
Fue así como ante River Plate, en el estadio de 1 y 57, el local salió al campo de juego con un uniforme tradicional pero sin marca a la vista. O mejor dicho, de marca «Estudiantes». La casaca sólo se usó en ese empate 1 a 1 y luego fue utilizada por la Reserva del León.
La rapidez que tuvo Omar El Turco Asad para cambiar de equipo en la faceta de entrenador es totalmente lo opuesto a lo que fue como jugador. Con los cortos el delantero solo vistió la casaca de Vélez Sárfield, desde comienzos de los 90′ hasta que una lesión lo retiró de las canchas. Pero sentado en el banco fue capitán de diversos barcos: Dos etapas en Godoy Cruz, el Emelec de Ecuador y San Lorenzo, todo esto en tres años. Y fue en el génesis de este año, en el mes de enero, que tras un paso negativo por El Ciclón, el DT apareció como candidato a ocupar el puesto de entrenador vacante en el fútbol mexicano, el cual se ubicaba en la banca del Estudiantes Tecos, que se encontraba luchando por no descender.
Pero luego de que el candidato a entrenador confirmara su arribo al Tecos mediante Twitter (“Ya se concretó lo que dije en días anteriores, voy al Estudiantes de Tecos. Daré lo mejor de mí. Tengan confianza y pido todo el respaldo”) y de que Asad viajará a México para acordar la incorporación, los dirigentes prefirieron ir para atrás con la negociación. Según las palabras de los directivos, preferían a un entrenador que conociera más al equipo y al fútbol mexicano en si, ya que el tiempo de adaptación debía ser corto por la persecución del descenso que acechaba al equipo. El traspaso, entonces, quedo totalmente en la nada.
Mucho antes del Torneo Inicial «Eva Perón» 2012 y de los torneos «Néstor Kirchner» de 2011, otras competiciones amistosas, pero de caracter internacional, recibieron el nombre de un líder político argentino. Con ustedes, las ya olvidadas y nunca añoradas copas M*nem.
Copa Presidente Carlos Saúl M*nem (1994)
Situémonos en los dorados 90’s, esa época de la Argentina donde la impunidad en todos los niveles de la sociedad permitía cualquier cosa, pero cualquier cosa, eh. Incluso en el fútbol.
No es de extrañarse, entonces, que en 1994 haya existido la Copa Presidente Carlos Saúl M*nem, un singular trofeo que se puso en disputa con un cuadrangular en Argentina entre River, Independiente y dos invitados internacionales: la Roma y el Nápoli de Italia. ¿La excusa? El regreso de Claudio Caniggia a las canchas después de su suspensión por doping.
Por supuesto que los argentinos, conociendo el historial del riojano más famoso, no tenían muchas intenciones en quedarse con la Copa y por esa razón evitaron poner lo mejor para afrontar el torneo amistoso.
Lo curioso es que, ya estando en nuestro país, los italianos también se enteraron de la mufa de Carlitos y también decidieron ir para atrás, o al menos eso pareció.
En primer turno, River enfrentó a la Roma en la cancha de Vélez y antes de que se empezaran a pelear por ver quién perdía, un defensor italiano hizo un gol…¡en contra!
River ganaba 1 a 0 sin querer, pero después terminó haciendo lo que debía. El técnico Daniel Passarella se hizo echar, el arquero Javier Sodero se mandó una de las suyas y los tanos ganaron el partido 3 a 1 para pasar casi accidentalmente a la final. Ese día Cani hizo un gol y la hinchada millonaria coreó su nombre, sin imaginar que al año siguiente pasaría a Boca.
Para que no quedaran dudas de que el conjunto de Núñez no quería saber nada con esa copa, unos días más tarde se enfrentó al Nápoli y presentó una formación repleta de juveniles, como el arquero Leo Aguirre, Roberto Clérico (que se juntó con Cocca), el guatemalteco Rojas, Lombardi, Vujacich y el Luigi Villalba.
Pero los italianos del Nápoli, que venían de perder 3 a 2 con el Rojo, tampoco comían vidrio y, sabiendo que un tercer puesto en la Copa de Il Carlo podría ser mortal, se dejaron ganar por los chicos de River: 4 a 0 terminó el partido.
¿La final? Se jugó a cara de perro. Tanto Independiente como la Roma hicieron hasta lo imposible por perder. Hasta jugaron los dos con camiseta roja para tratar de confundirse y darle la pelota al rival. Pero no había caso, uno de los dos tenía que ganar. Y ganó el Rojo de Avellaneda 2 a 1 con goles de Gustavo López.
Sí, sí, aunque parezca increíble. Independiente, el mismo año que obtuvo el Clausura y la Supercopa, fue campeón de la Copa Presidente Carlos Saúl M*nem. ¿Era “nesario”?
Copa Carlos M*nem (1994)
Extrañamente no se disputó en nuestra tierra, sino en el vecino país de Uruguay, más precisamente en el Estadio Centenario de Montevideo. Del mini torneo formaron parte los locales Nacional y Rampla, junto a los argentinos de Racing y San Lorenzo.
Según consigna el sitio 1950.com.uy, la Copa Carlos M*nem comenzó a jugarse el 18 de Julio de 1994, día feriado para los uruguayos, al conmemorarse la Jura de su Constitución.
En primer turno, La Academia derrotó 3 a 1 al Bolso y accedió a la final. Lo propio hizo Rampla, venciendo en los penales al Ciclón, luego de haber igualado 1 a 1 en el tiempo reglamentario.
Dos días más tarde, los de Boedo caerían 2 a 1 ante Nacional en el partido por el 3º y 4º puesto. Y después, claro, llegaría el turno de la gran final, bajo la lluvia y con apenas 200 personas en las tribunas.
Fue así como Racing, dirigido por Rodolfo Della Picca, salió al verde césped con Ignacio González, Reinoso, Vallejos, Costas y Distéfano; Guendulain, Quiroz, De Vicente y Galarza; Claudio López y Fleita. Y tuvo que apelear a todo para ganar.
Corrían 15 minutos del segundo tiempo cuando Rampla, con el partido 0 a 0, tuvo un penal a favor. Dice la leyenda que una milésima de segundo antes de que lo ejecutara el uruguayo Wilmar Cabrera, un jugador académico tuvo la lucidez de gritar el nombre de la copa. Y Nacho González lo atajó, claro.
Un rato más tarde llegaría el tanto de Roberto Galarza que le dio el trofeo al cuadro de Avellaneda y que, por supuesto, marcaría la suerte del autor del gol, que al año siguiente empezaría su camino errante en el ascenso después de haber prometido bastante en Primera.
No es fácil encontrarle clásico rival a Vélez Sársfield, es cierto. Desde Nueva Chicago, pasando por Argentinos Juniors y hasta San Lorenzo, varios han sido los equipos que, por diferentes razones, han ocupado circunstancialmente ese rol de archienemigo del Fortín.
Sin embargo, el club que más se acerca al ideal de clásico para Vélez es Ferro Carril Oeste. Los dos son de la zona Oeste de Buenos Aires, vienen disputando partidos desde la época amateur y, fundamentalmente, ambas instituciones se toman en serio la rivalidad. Aunque claro, no tan en serio como para no andar prestándose las camisetas.
El increíble hecho tuvo lugar en 1977, cuando Vélez hizo de local en la cancha de Ferro (el Amalfitani estaba siendo acondicionado para el Mundial ’78) en un partido ante Platense. Con el Calamar vestido íntegramente de blanco, al Fortín no le quedó otra que recurrir a una casaca alternativa…que no tenía a mano. ¿Solución? Camiseta del verdolaga y a otra cosa.
Sí, aunque a la distancia parezca algo impensado, Vélez usó la clásica camiseta de su enemigo futbolístico, verde con el escudo grande en el pecho. Y le dio suerte, porque terminó goleando. «Demoledor. Vélez fue una máquina ante Platense. Y lo pasó por encima. El resultado final lo dice todo: ¡cinco a uno! Aquí, una escapada a fondo del puntero Corvalán que obligó a Del Prete a un revolcón», publicó por entonces el diario Crónica, en su Sexta edición del viernes 16 de septiembre de 1977.