Vera Oscar

Oscar Luis Vera (Cachito)

Durante el apogeo del menemism*, Miele, De Stéfano y Alegre los clubes grandes estilaban darle vacaciones adelantadas a los máximos referentes de sus planteles y solían jugar las últimas fechas de los campeonatos con juveniles y habituales suplentes. Más aún, si se trataba de esos molestos partidos nocturnos de sábado en el interior diseñados para ser trasmitidos por TyC Sports.

Ese fue el caso del San Lorenzo versión Apertura ’96, que con Carlos Aimar al timón presentó un cambalache con titulares de la talla de Angelucci, Alarcón, Cardinal y Héctor Mario Núñez en la última jornada ante Unión. Como era de esperar, El Tatengue se impuso por 2 a 0 con goles de Oscar Gómez y Martín Perezlindo pero, al parecer, Carlos Trullet tampoco se tomó muy en serio el compromiso ya que esa noche dispuso el debut de Cachito Vera cuando el partido daba las hurras.

Lateral derecho o zaguero central. Recio, desmedido, errante pero simpático y de buen corazón (?), tardó más de un año en regresar a alguna convocatoria de Unión. Lo hizo recién durante el Clausura ’98, siendo suplente en aquel equipo de Mario Zanabria que terminaba los partidos con seis defensores en la cancha.

El Apertura ’98 fue su único torneo como titular, donde completó una buena producción con 16 partidos y 3 goles en su haber. A raíz de Trotta, Prátola, Raggio y Fernando Ortiz, vio relegado su lugar en el primer equipo, pero en los cuatro torneos siguientes debió poner la cara cuando, pasadas las doce fechas, El Tatengue deambulaba por el fondo de la tabla y los cambios de equipos y técnicos eran moneda frecuente.

Su último torneo fue el Clausura 2002, donde sólo jugó en la primera fecha (derrota 2-3 con Gimnasia) y en la última, cuando empataron 0 a 0 el clásico contra Colón. Intuyendo que se trataba de su última presentación en la elite, sobre el minuto 90 atendió a Graf y a Javier Delgado en la misma jugada, recibiendo la ovación de todos los presentes y acariciando la fama en su jugada cúlmine.

Tras 44 partidos y 3 goles con el Tatengue, Vera cruzó el océano para unirse al Widzew Lodz de Polonia. Sabemos que se mantuvo allí durante un año y medio, pero la cortina de hierro no nos deja ser específicos con sus datos. En el primer semestre de 2004 jugó 4 partidos para Puerto Montt de la segunda chilena y luego regresó a Europa del Este, más precisamente al Dinamo de Tirana de Albania, para jugar 7 partidos y marcar 1 gol.

En la temporada 2004/05 se unió a Sarmiento de Junín del Nacional B, junto a Claudio Pronetto, Jorge Manduca y El Maquina Giampietri, entre otros baldoseros, donde en un auténtico suicidio deportivo descendieron a Primera B. Luego de un año en el Argentino A con los colores de Gimnasia de Concepción del Uruguay, el Bamin (?) Real Potosí de Bolivia fue el lugar elegido para colgar los botines. Al menos logró lo que Hugo Sánchez, Fernando Hierro y Emilio Butragueño no pudieron: retirarse con el escudo del Real Madrid. Otra que Manolo Sanchís…

Em Uma Lajota: Creedence Clearwater Couto


Creedence Clearwater Couto

Uno de los momentos más complicados en la vida de los futbolistas brasileños es la elección del apodo por el que serán conocidos (o no) el resto de su carrera deportiva.

La costumbre en el país vecino es que los hijos lleven el apellido tanto del padre como de la madre. Sumado eso a los nombres de pila -muchas veces estrafalarios-, sería imposible incluir todo en un pedazo de tela.

Desconocemos en verdad cuántas veces Creedence Clearwater Couto (sí, así reza su documento) tuvo que explicar que ese era su nombre real y no un invento del marketing o algún representante chanta. Sus padres, fanáticos de John Fogerty, ni lo dudaron y bautizaron a su tercer bastardo hijo, nacido en 1979, con el nombre de la banda estadounidense. Sí. Creedence. Sí. Clearwater.

Creedence Clearwater Revival debutó en 2000 en el modesto Iraty de Paraná. Ese año, su representante de aquella época, el polémico Juan Figer (investigado en la actualidad por el tema de las triangulaciones en los pases de los futbolistas, práctica que realiza desde tiempos ancestrales) lo llevó a prueba al Arsenal de Inglaterra. Cuenta la leyenda que cuando el histórico DT Arsene Wenger le preguntó sus cualidades, el pibe dijo: «Soy un buen cabeceador, le pegó con las dos piernas», a lo que Wenger contestó: «Si eso es verdad, sos un crack». Si bien nunca llegó a jugar en los Gunners, Creedence participó de algunos entrenamientos al lado de Thierry Henry y el nigeriano Kanu. Desconocemos también cuántas veces algún pelotudo compañero le preguntó si alguna vez había visto la lluvia.

De nuevo en Brasil, regresó al Iraty, donde se consagró campeón estadual. Al año siguiente pasó al Guaraní paulista (2003) y se hizo más conocido a nivel nacional. En ese entonces, cuando uno veía los resúmenes del fútbol brasileño en los canales de cable era común toparse con dos nombres asombrosos y que marcaban goles bastante seguido: el propio Creedence y otro delantero llamado Allan Dellon. En 2004 firmó con Fortaleza, pero ¡a los diez días! recibió una oferta del Brasiliense. Se ve que le chupaba un huevo eso de la fidelidad al equipo que acababa de contratarlo y partió hacia el Distrito Federal. En el club de la capital fue campeón estadual y logró el ascenso a Primera División.

Durante el primer semestre de 2005 vistió los colores de Figueirense. Ahí se destacó cuando convirtió un gol desde la mitad de la cancha en tiempo de descuento ante el poderoso (?) Remo que le dio la clasificación a su equipo a la próxima instancia de la Copa do Brasil. Tras el final del campeonato catarinense, tuvo la posibilidad de jugar en Flamengo, pero Figer pidió mucho dinero y la transferencia, lógicamente, se cayó.

Creedence rompió relaciones con su representante, lo llevó a juicio y se quedó con su pase. Arregló contrato en América de Río de Janeiro, pero no estuvo mucho tiempo. El empresario Eduardo Uram compró su ficha y lo vinculó a Tombense (2005), club de su propiedad, pero poco después pasó a préstamo al Lierse de Bélgica (2005), donde tampoco jugó demasiado.

Más tarde empezó un derrotero interminable por su país: deambuló por Marília (2005), Volta Redonda (2006), Santa Cruz (2007), Madureira (2007) y Comercial (2008). Así, sumó tantas millas que se convirtió en el enemigo público número uno de las aerolíneas.

En 2009 se incorporó a Sertãozinho de Sao Paulo, pero se rompió el ligamento cruzado de la rodilla izquierda y estuvo alejado de las canchas durante un año y medio. Reapareció en 2011 en el Yenicami de Chipre. Después de tres meses, le quisieron bajar el sueldo y volvió a Brasil para sumarse al Taubaté (2011). Desde entonces pasó también por Sampaio Correa (2011) y desde este año juega -siempre y cuando sus articulaciones lo permiten- en Santa Cruz de Río Grande do Sul.

Se espera que cambie de equipo mientras publicamos este post.

El Programa en Olé

Recibimos gustosos las primeras críticas de nuestro programa de radio, sobre todo si no nos hacen mierda (?). Le agradecemos a Federico Ladrón de Guevara y a Olé por el espacio dedicado en la contratapa de ayer.

Especiales: Arqueros con dorsales extraños

Desde el Pato Fillol consagrándose con el 5 en la espalda, hasta Nacho González vistiendo la 10 de la Selección, varios han sido los arqueros que fueron en contra de la historia y usaron números ajenos al puesto. Aquí un repaso.

Un 5 que la rompió

Pese a haber logrado que su número 1, esa especie de I latina en mayúscula, se convirtiese en una marca registrada durante dos décadas, Ubaldo Matildo Fillol también hizo historia con otros dorsales.

Gracias a las viejas listas que respetaban el orden alfabético, en 1978 el Pato levantó la Copa del Mundo en nuestro país, enfundado en un buzo verde que llevaba el 5 en la espalda. Cuatro años más tarde, en el Mundial de España, usó el 7. ¿A quiénes les había caído el 1 en suerte? A Norberto Alonso, primero, y a Osvaldo Ardiles, después.

En el exterior

El excéntrico portero mexicano Jorge Campos se destacó siempre, no sólo por su ropa llamativa, sino también por su versatilidad a la hora de escoger puesto dentro de la cancha. Podía jugar, tanto de arquero como de delantero, según lo requiriese el equipo o el partido. Sus coloridos buzos llevaron muchas veces el 1, pero en varias oportunidades lució el 9, aún con los guantes puestos. Hasta el momento de su retiro mantuvo esa dualidad.

Otros arqueros como el paraguayo Mario Villasanti y el argentino Federico Vilar, se destacaron usando el 3, típico número para un marcador de punta.

Número sagrado

Convocado a la selección argentina por sus buenas actuaciones en Racing, Ignacio González se encontró, de un día para otro, con la responsabilidad de llevar un número con mucha historia: el 10. Nacho utilizó ese dorsal en la Copa América de 1997, bajo el mando de Daniel Passarella, que extrañamente eligió para esa competición el viejo sistema de la numeración por orden alfabético. Por supuesto que el mismísimo Diego Maradona se quejó de que un arquero usara la diez.

Al que le toca, le toca

En la temporada 1997/1998 la AFA habilitó la designación de un dorsal fijo para cada jugador de Primera División. Hasta ese momento, la numeración se limitaba al uso correlativo del 1 al 11 para los titulares y del 12 al 16 para los suplentes. Así fue como se le dio el pie a una de las máximas locuras colectivas que se recuerde en nuestro ámbito.

Impulsados por una utilería bastante informal, los jugadores del Deportivo Español terminaron tomándose con gracia la elección de la casaca. “Cuando vi la lista que había confeccionado el utilero me puse furioso. Con el 1 aparecía Carrario y con la 10, yo. No entendía nada. Primero me sorprendí: yo odiaba ese número, no lo quería. Pero ahora estoy feliz. Realmente tiene un sabor especial», declaraba unas semanas más tarde el arquero Sandro Guzmán a la revista El Gráfico.

Como si fuera poco, al arquero suplente, Gustavo Dalsasso, le tocó el número 2. Por supuesto que, con tanta joda en el vestuario, se terminaron yendo al descenso al finalizar la temporada.

Lapietra Juan Ignacio


Juan Ignacio Lapietra

Para el futbolero medio, ese que cada tanto se engancha con un partido en la televisión y va a la cancha no muy seguido, «La Pietra» es la actriz Andrea Pietra, novia del empresario Daniel Grinbank, ligado en algún momento al Rojo de Avellaneda y alma mater de ese proyecto trunco que fue el Leganés español en la temporada 2003/04. Para el enfermo del fútbol, Lapietra es Juan Ignacio, un tímido defensor nacido en enero de 1987 y surgido de las divisiones de (oh, casualidad) Independiente.

Si bien nunca llegó a debutar en la Primera del Rojo, sumó algunos minutos en el verano de 2007. Ante San Lorenzo, por caso, fue de la partida y compartió la primera línea con Leandro Gioda, Carlos Báez y Matías di Gregorio. Y no anduvo mal: intentó proyectarse algunas veces y controló a los delanteros rivales. No había mucho más que pedirle en un partido tan choto que terminó en un olvidable 0 a 0 y que fue un verdadero dolor de ojos.

Sin espacio en el conjunto de Avellaneda, no le quedó otra opción que salir a buscar oportunidades por otros pagos. Aterrizó en Jujuy, para vestir la camiseta de Gimnasia y Esgrima durante seis meses. El debut entre los grandes le llegó en el Apertura 2008, en el norte, ante Banfield. Esa tarde, el Lobo se impuso 2 a 0 y Lapietra, que en ese torneo fue al banco en otras cinco ocasiones pero no ingresó, jugó sus únicos 22 minutos en la máxima categoría cuando le tocó reemplazar al chileno Sebastián Roco.

De nuevo en Independiente y sin chances, se mudó a Deportivo Merlo (2009) en la B Nacional, donde conoció a Mauro Pajón y el majestuoso Sinencio León. ¿De fútbol? Poco y nada. Siguió bajando escalones y llegó a la B Metropolitana. A comienzos de 2010 se lo vio paseando su sombra por el estadio Juan Pasquale, enfundado en los colores de Defensores de Belgrano. Tuvo muy poca actividad y seis meses después se marchó sin dejar mayores recuerdos en la parcialidad rojinegra.

A mediados de año se sumó a Deportivo Roca (2010/11), para encontrarse al ex Camino a la gloria Alexis Luna. Desde 2011 forma parte del plantel de Sportivo Rivadavia de Venado Tuerto, equipo en el que juega el interminable Federico Lussenhoff.

Desde acá, nuestro deseo es que vuelva a Primera para que el pasante de algún diario deportivo pueda sacarse el gusto de titular “Lapietra fundamental” o que meta algún papel protagónico. La vemos difícil.