Placard: las medias de antes del Mundial ’94

Aunque ahora sea bastante común ver cómo los equipos y los seleccionados presentan nueva indumentaria una vez al año, allá por principios de los 90’s, cuando el marketing deportivo no estaba tan desarrollado, la gran oportunidad para conocer los nuevos templates de las marcas eran los mundiales del fútbol.

Uno se fijaba como era la camiseta adidas de Rumania, por ejemplo, y ya empezaba a imaginar cómo quedaría ese mismo diseño a Atlanta o a Argentinos Juniors. Es más, uno podía apostar que la casaca de España sería exáctamente igual a la del Deportivo Español un año más tarde. También podía apostar entrando a bet on nfl football, pero ese es otro tema (?).

Extraño fue ver, entonces, a la selección argentina estrenando las medias que utilizaría en el Mundial de USA ’94, pero varios meses antes de la competencia.

El curioso adelanto tuvo lugar en el partido de vuelta del Repechaje ante Australia que nos depositó angustiosamente en la Copa del Mundo. Esa noche, en el Monumental, el conjunto dirigido por Alfio Basile sacó a relucir las nuevas medias, blancas con anchas tiras celestes, pero manteniendo el pantalón y la camiseta que venía utilizando en las Eliminatorias.

Con esa combinación Argentina derrotó 1 a 0 a los oceánicos y clasificó al Mundial, pero no sería la última vez que la utilizaría.

A fines de 1993, empilchado de la misma manera, el team del Coco jugó un amistoso ante Alemania Federal, en Miami, donde obtuvo la clásica victoria que siempre nos sirvió para creernos campeones del Mundo antes de tiempo.

Y en marzo de 1994, en un increíble amistoso con Maradona y Ronaldo en los bancos de suplentes, Argentina volvió a utilizar las medias modernas con el conjunto antiguo. Sería la última vez.

Después llegaría la presentación oficial del nuevo uniforme con un amistoso ante Marruecos, el Mundial, la efedrina, la camiseta de Rumania y el avión de vuelta (?).

Especiales: Gustavo Lisazo, de futbolista a galán

Ser jugador de fútbol, pegar un pase a Europa, besar a hermosas actrices y hacer suspirar a miles de mujeres por televisión. ¿Sueño? ¿Utopia? ¿Delirio? Nada de eso. Ni más ni menos que la vida de Gustavo Lisazo, el George Clooney latino.

Nacido en Los Toldos el 1º de junio de 1955, Gustavo Saúl Lisazo comenzó a enamorar como delantero en Sarmiento de Junín. Paseó su buen porte por Atlanta (1974) y después actuó en el exterior, primero con el Atlético Juventus de Brasil (1975), y luego en Bélgica, donde tuvo su momento más trascendente.

Defendiendo al KSK Beveren (1976 a 1979) salió campeón de la Liga y de la Copa de Bélgica, junto a Jean Marie Pffaf y Mark Baecke, entre otros. Además, jugó la desaparecida Recopa de Europa, donde su equipo eliminó al Inter de Milán para luego caer en semifinales ante el Barcelona, en un épico partido que se definió en el último minuto, transformándose luego en una película para la televisión belga. Algo se veía venir.

Dos años más en la tierra de Jean Claude Van Damme, con los colores del KV Mechelen (1979 a 1981), le sirvieron a Lisazo para juntar valor y regresar a la Argentina. Entre 1982 y 1983 jugó en el club donde había empezado, Sarmiento de Junín, pero una lesión a temprana edad terminaría truncando su trayectoria e, inesperadamente, abriendo las puertas de otra muy distinta.

Sin tener en claro su futuro, la vida un día lo cruzó con un agente publicitario. Y ahí empezaría lo bueno. Luego de desempeñarse como modelo y locutor en España, le surgió la propuesta de filmar telenovelas en la tierra del culebrón, México, lo cual vino aparejado de un consejo: «Sácate el Gustavo, cabrón». Por lo cual Lisazo comenzó a ser conocido por su segundo nombre: Saúl.

Hizo inferiores como actor secundario, a la vez que tomaba clases de actuación y hasta un curso de dicción para eliminar su acento argentino. Pero no había dudas, la cámara y los puntos de rating sentían magnetismo por su figura.

Protagonizó infinidad de novelas, como Acapulco, Cuerpo y Alma, con Patricia Manterola (la que cantaba «Que el fútbol no pare»); Tierra de Pasiones y El Clon, entre otras. A la vez, mostró versatilidad de registro en diversas obras de teatro.

Habiendo sido elegido en el año 2000 como una de las 50 personas más sexys del mundo por la revista People y luego de haber sido sindicado como El George Clooney Latino por el mismo protagonista de ER Emergencias, su nombre se mantiene como uno de los más queridos y respetados en la tierra del tequila. Gustavo Saúl Lisazo, futbolista, galán, Hijo e’ tigre.

Castillo José

José Alfredo Castillo Parada (El Pícaro, El Negro, Cuasimodo)

Todos compramos porquerías. Victimas del consumismo, nos dejamos amedrantar por la invasión publicitaria y adquirimos bienes y servicios que no necesitamos. Algunas veces como signo de status, poder o prestigio; otras como un simple e inconsciente engranaje inmerso en la tormentosa maquinaria capitalista. Dicen los antropólogos que dentro del amplio universo de los “Fashion Victim” se destacan los irreversibles. Son aquellos que, catálogo en mano, no dudan en dar por teléfono los últimos tres números de su tarjeta de crédito para comprar el primer engaño disponible, en el afán de llenar su alicaída autoestima. Artículos descartables sobran. Pueden ser pastillas para adelgazar, suplementos viriles o hasta un centrodelantero boliviano.

El VHS con el titulo “El Negro Castillo” que en 2005 Ronald Raldes le pasó a Cuffaro Russo y que esté le acerco al Viejo Zof, mostraba goles de todos los colores y también exhibía los siguientes datos: debutó en Oriente Petrolero con 17 años, en el 2000 salió campeón y goleador con 42 tantos, debutó en la selección mayor y la IFFHS le otorgó el premio al goleador más efectivo del calendario. En 2003 llevó sus goles a Tecos de México, le marcó un Hat – Trick a Boca jugando para Bolívar en 2004 y le convirtió el gol del empate a Brasil en La Paz por las Eliminatorias a Alemania 2006. Completo…

Claro, el video no mencionaba que de Los Refineros se fue por una mañana con resaca trasmitida por televisión a todo el altiplano. Ni que su técnico, Néstor Clausen, hizo la vista gorda (“Lo que me compete es que cuando entre a la cancha responda. Después vamos a tener jugadores que les gusta hacer el amor, que fuman y beben de vez en cuando”). Ni que de los Tecos lo fueron por conducir en estado de ebriedad. Ni mucho menos que luego de los tres goles a Boca le dio positivo el control antidoping por cocaína y se perdió la Copa América de Perú y que, al momento que Zof mostró su interés, llevaba un año de licencia y con ayuda psicológica por sus adicciones varias. Obviamente, esto no es nada comparado con sus declaraciones: “El doping fue lo más injusto, apareció cuando estaba por pasar a un grande como Boca Juniors” (?) “Nunca se me pasó por la cabeza tomar droga; iba a fiestas, tomaba un poco de alcohol, estuve con hasta 4 mujeres al mismo tiempo (?), pero gracias a Dios nunca tocó a mi puerta la droga”.

Por el embelesamiento del cuerpo técnico, Scarabino arregló la llegada del delantero a mediados de 2005; pero una mañana, mientras un chofer lo esperaba en Fisherton, Castillo aterrizaba en el Colonia de Alemania: “Estaba preparado para irme a Rosario, pero surgió esta posibilidad y claro, entre la liga Argentina y la Alemana, me quedo con está opción”. Cuando llegó a Westfalia le vieron la figura y desistieron contratarlo: ostentaba 92 kilos cuando su ideal era de 79. Al Negro, poco le importó y se colgó la cucarda de doble mal pase en simultáneo.

En enero de 2006, Don Ángel seguía con ganas de contar con eso de “el mayor goleador de la historia del universo” e inició él mismo las gestiones. Una perpicaz telefonista le dijo: “Por 10 pesos más se lleva al también boliviano Ronald Arana” y El Viejo aceptó convencido de estar haciendo un negoción. Castillo debutó en Rosario Central en la caída 2 a 1 ante Boca por la 2° fecha del Apertura ’06, ingresando a los 64´ por Marco Rubén. También jugó en las derrotas ante Nacional de Medellín (0-1) Lanús (0-2) y Gimnasia (0-3), para no dejarle dudas a nadie: Piedra. A pedido del plantel, del recién asumido Leonardo Astrada y de la memoria del Negro Olmedo, el 11 de marzo se le incineró el contrato.

El resto de aquel 2006, Castillo deambuló por Los Tecos B. En 2007 regresó a Oriente Petrolero pero lo echaron por “aletearle” a los hinchas del Bolívar y recaló en  O´ Higgins, donde jugó pocos minutos sin goles. En 2008 volvió a Bolívar, pero tras dos partidos y un gol huyó a Atlético Mineiro. A los 4 meses tuvo su tercera etapa en Oriente Petrolero, la cual duro 60 días ya que se marchó un semestre al South China de Hong Kong, donde ni siquiera debutó. Tras una leve mejoría en Blooming, volvió a los ahora Estudiantes Tecos en 2010, donde jugó 6 partidos, no convirtió, tuvo problemas con el alcohol, descendió y quedó libre. A mediados de 2011 rubricó su tercer paso por Bolívar, donde lo último que se supo es que tuvo rotura de peroné.

Ahí termina el VHS con la historia de José Alfredo Castillo, el Paul Gascoigne del Altiplano. El testimonio activo de cómo la inmadurez y el mareo por la fama pueden desplomar como un castillo de naipes a los jóvenes que tan bien se supieron moldear. O como diría un mítico bajista londinense “Live Young, Die Fast”. Punk is not Dead…

¡Al final, lo primero es la cometa!

El casting para dar con el protagonista de La familia Benvenuto, en el amanecer de los 90’s, no fue una tarea sencilla.

La producción buscaba un tipo carismático, entrador, con pinta de canchero, pero a su vez familiero y que tuviera la tanada presente en los genes.

Así fue como fueron desfilando hombres como Mauricio Piersimone, un joven Aníbal Fernández y el entrañable Ricardo Caruso Lombardi, actor de profesión, que llegó hasta la última audición pero se negó a dejarle el 15% de su contrato al director. Cosas que pasan.

Mención especial para el pibe del Cruzeiro que no quiso someterse a un arriesgado papel y terminó abriéndole las puertas del estrellato a Fabián Gianola.

Gracias a Miami Miriam por la imagen

Mundial: Eddy Carazas y aquel gol a Argentina

En la Copa América de 1997, un jugador peruano llamado Eddy Carazas le convirtió un gol a la selección argentina, generando un hecho histórico para su país y al mismo tiempo, asegurándose el futuro de su carrera baldosera.

Apodado «El Diablo«, Eddy Carazas debutó con la camiseta crema de Universitario de Lima allá por 1996. Actuaba como volante ofensivo, aunque su poder de gol muchas veces lo hacía terminar como delantero. Su juego asombró a muchos de entrada, por eso al año siguiente de su estreno fue convocado para representar a su país en la Copa América de Bolivia.

En aquel certámen los peruanos finalizaron segundos en su grupo, detrás de los locales, y accedieron a los cuartos de final, donde se cruzarían con los argentinos, que no contaban con sus mejores jugadores, pero eran favoritos de todas maneras.

Perú, con menos poderío pero también con menos responsabilidades en esa instancia, aprovechó las oportunidades que tuvo y eliminó a la Argentina.

A los 30 minutos del primer tiempo, llegó la jugada de la vida de Carazas. Tras un rebote en el fondo albiceleste, recibió fortuitamente la pelota por derecha e ingresando al área remató bien arriba, al primer palo del arco que defendía Carlos Roa.

A partir de ese momento Argentina insistentemente buscó el empate, pero se le negó. Gallardo tuvo un penal unos minutos más tarde, pero Miranda, el arquero peruano, se lo atajó.

En el segundo tiempo, para colmo, Martín Hidalgo aumentó para el conjunto dirigido por Freddy Ternero. Y aunque luego Gallardo descontaría de penal, las expulsiones de Berizzo y Zapata harían irremontable el encuentro. Ganó Perú 2 a 1 y pasó a la semifinal, donde lógicamente se comería un 7 a 0 con Brasil.

La dura caída, sin embargo no embarró la actuación peruana y mucho menos el momento de gloria de Carazas, que con el video de ese gol salió a robarla por el mundo.

Con ese antecedente, llegó a nuestro país para enfundar la casaca celeste de Belgrano de Córdoba (1999), donde entusiasmó al público con buenas actuaciones en sus primeros partidos. Luego, el tiempo hizo justicia. Eddy, moreno y con paso cansino, tenía el inigualable gen del futbolista peruano. Por lo tanto, se quedó sólo en promesas y pasó a ser un fiasco. Perjudicado por una lesión, sólo disputó 6 partidos con el Pirata y ninguno de forma completa.

Volvió a su club de origen, Universitario, pero evidentemente no era el mismo. Además de su paso poco productivo por Córdoba, arrastraba una mala experiencia en Tigres de México. Eso seguramente le quitó confianza y por eso no pudo escalar más alto. Pasó sin suerte por el fútbol portugués y también fantasmeó en su país con Sports Boys (2002) y Atlético Aviación (2008), un equipo del ascenso donde las cosas se le hicieron difíciles, porque ahí el que no corre…vuela (?).

Hoy sigue dando notas en relación a aquel gol histórico y, por supuesto, sigue alimentando el mito.

¿Por qué le ganamos esa tarde a Argentina?

Porque ellos se veían en la semifinal con Brasil, incluso ya habí­an reservado el hotel. ¿Perú? Patito feo, pues. Eso se notaba en la cancha. Gracias a mi Dios hice un gol, después vino el de Hidalgo, y al final temblaban. Después corrió de todo: patadas, puñetes. Nadie arrugó. Miranda, que no solo tiene una ‘caraza’ sino una manazo, se impuso. A mí­ se me salió el barrio. Fue lindo.

Ver: <a href=»http://elcomercio.pe/ediciononline/html/2008-09-09/eddy-carazas-yo-le-gane-argentina.html»»Yo le gané a Argentina».

Publicado en simultáneo con Un Mundial Para En Una Baldosa.