Uruguay 6 – Independiente 0 (1977)

Menos mal que en la década del 70 estaba Independiente para llevar bien alto, la bandera del fútbol argentino en todas las canchas del mundo. Gracias a Dios, el Orgullo Nacional traspasaba las fronteras de nuestro país desplegando un fútbol capaz de todo. Hasta de ser humillado del otro lado del Río de la Plata en 90 minutos que fueron conocidos bajo el nombre de «la catástrofe de Montevideo».

Corría enero de 1977 cuando los Rojos fueron vejados (?) en un amistoso parte de una extensa pretemporada que iba a incluir escalas en Colombia, Japón, Guatemala, El Salvador y Perú. Tras la paliza histórica, el Pato Pastoriza mostró puertas afuera, cierto conformismo: «…recién comenzamos y estoy seguro que vamos a mejorar. Necesito tres o cuatro jugadores más de gran nivel, de categoría y, sobre todo, de experiencia. Dejé mi pedido al presidente Grondona. No me procupa la derrota contra Uruguay. Son cosas que pasan, sobre todo después de las pretemporadas en la playa. Aunque realmente tuvimos una noche muy mala. Independiente fue un equipo torpe, sin relevos ni coberturas…».

En la foto se puede ver el tercer gol charrúa. Una media vueltqa de Morena que deja a Lencina y a Pogany totalmente fuera de acción.

Especiales: los que volvieron del retiro

El fugaz regreso de Claudio Caniggia a las canchas nos trae el recuerdo de otras figuras del fútbol que, después de muchos años de inactividad, decidieron descolgar los botines por un rato para volver a jugar oficialmente. Aquí una selección.

Ricardo Enrique Bochini

El Bocha fue único. Ídolo de Independiente, debutó en 1972 y se retiró en 1991. Jugó 638 partidos y marcó 97 goles en Primera División. Además cosechó 14 títulos (incluído un cameo en el Mundial ’86) y se ganó el respeto de todas las hinchadas, pese a que en toda su carrera sólo vistió una camiseta. Bueno, dos. Aunque sea fue coherente con los colores.

El innecesario retorno de Bochini se produjo a comienzos de 2007, cuando Enrique Sacco, el periodista y cabeza visible del grupo que manejaba el club Barracas Bolívar, lo convocó para que disputara un partido más. Y el Bocha, fiel a sus ideales (?), agarró viaje.

El propósito, claro, era hacerle un homenaje. Pero aquel encuentro ante Deportivo Argentino de Pehuajó era totalmente oficial y válido por la sexta fecha del la Zona 57 del Torneo Argentino C.

El 25 de febrero de 2007, bajo una lluvia torrencial, el ex jugador de Independiente pisó nuevamente una cancha, con nada más y nada menos que con 53 años. Jugó 42 minutos, metió pases con su sello, su equipo ganó 2 a 1, e hizo laburar al pobre flaco que en Wikipedia ya había puesto que Bochini había jugado toda la vida en el mismo club. Cosas que pasan.

Patricio Hernández

Antes de ser un entrenador errante, Patricio Hernández fue un talentoso volante nicoleño que se inició en Estudiantes de La Plata allá por 1974 y que desplegó su fútbol por Italia, México y distintos clubes de Argentina, hasta abandonar la actividad a comienzos de los 90’s.

Su inesperada vuelta se dio en la temporada 2001/2002, cuando fue el número diez y capitán de Fútbol San Nicolás, el equipo que él mismo había fundado en 1997. Con 45 años, el ex River jugó el Torneo Argentino B, junto a dos de sus pollos futbolísticos, Roberto Lanfranchi y el Mosca Cardano.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira

Simplemente Sócrates. Médico y futbolista brasileño, se destacó en este último ítem, aunque no pudo despegarse del apodo El Doctor.

Debutó allá por 1972 en el mediocampo del Botafogo y desde ese momento llamó la atención por su juego elegante, el mismo que lo llevó a la selección brasileña, con la que disputó los mundiales de España ’82 y México ’86. Además, sus vinchas con inscripciones a favor de la paz recorrieron el planeta.

La rompió en el Corinthians, tuvo un paso por Europa con la camiseta de la Fiorentina y volvió a su país a mediados de los 80’s para vestir las casacas de Flamengo y Santos, donde se retiró en 1992.

Su inesperado regreso a la actividad se produjo en 2004, mientras dirigía al ignoto Garforth Town, del ascenso inglés. Con 50 años, el brasileño se puso nuevamente los cortos para disputar apenas 12 minutos. «Hacía mucho frío», declaró. Y agregó, quizás arrepentido, «Al segundo de salir tuve un increíble dolor de cabeza. No estoy acostumbrado a esto».

Fue uno de sus últimos gustos en vida. En diciembre de 2011, siento todavía muy joven, Sócrates falleció a causa de una infección intestinal, después de largos años de hacer abuso del alcohol.

Ántony de Ávila

El Pitufo. Toda una institución del fútbol colombiano, que incluso tuvo un período en nuestro país, defendiendo la camiseta de Unión de Santa Fe en la temporada 1987/1988.

Su pequeña estatura y sus goles dieron que hablar tanto como su fama de perder finales. Sin embargo, cosechó muchos títulos locales con el América de Cali y también fue campeón en Ecuador. Además jugó algunos minutos en los Mundiales de 1994 y 1998.

Su primer retiro se produjo en 1999, pero 10 años más tarde fue tentado para volver a vestir la casaca roja de su amado América de Cali. Y no sólo en un partido.

El delantero colombiano firmó un contrato por 6 meses y lo respetó. Con 45 años demostró que estaba a la altura, marcando goles en partidos importantes y despidiéndose de la manera que él quería.

Salvador Reyes

El puesto número 1 de los jugadores que volvieron después de mucho tiempo se lo lleva el mexicano Salvador Reyes, atacante mexicano que brilló entre 1953 y 1972, convirtiéndose en el máximo anotador de las Chivas de Guadalajara, con 122 tantos.

Lo insólito, según nos señala Federico Álvarez Braga de @AXEM012, se produjo en enero de 2008, cuando Reyes volvió a pisar el verde césped de manera profesional con ¡71 años!

A modo de homenaje, las Chivas lo incorporaron legalmente en su plantilla y lo hicieron jugar 50 segundos oficiales en un partido ante los Pumas de la UNAM. Sólo tocó dos pelotas y salió de la cancha. Suficientes para transformarse en el futbolista más longevo que jugó en Primera Division a nivel mundial.

Amaya Daniel

Daniel Humberto Amaya

El ser humano más famoso de los 1507 habitantes de la localidad tucumana de Los Bulacios. De pequeño lo dejaban sólo frente al televisor para que éste lo criara y así fue como mirando “El Espejo” se decidió a recorrer el país desde Ushuaia a La Quiaca. Para tal misión eligió dedicarse al fútbol, al cual sentía cercano, ya que las ramas de su árbol genealógico se rozaban con las del Tigre Amaya.

El arco de Unión de Santiago del Estero en 1991 fue su primer destino, donde en dos años recorrió las duras canchas de la zona noroeste del desaparecido Torneo Regional. Su primera oportunidad en el fútbol grande le llegó cuando se unió a Gimnasia y Tiro de Salta en la temporada 93/94, donde además de reencontrarse con su hermano se dio el lujo de reforzar éste histórico plantel, aunque nunca tuvo chances de estar entre los 16 que firmaban la planilla, eclipsado por Claudio Mele y Ramón Benito Álvarez.

Tras el descenso del equipo norteño le llegó la sorpresiva noticia de que Lanús estaba interesado en sus servicios. Ni lerdo ni perezoso, Amaya se tomó el primer micro disponible a Capital y cuando llegó a Retiro se sintió como el protagonista de éste video (?), sin embargo esto no le prohibió sortear con creces las pruebas a las que fue sometido en El Sur.

En el banco de suplentes del Granate vivió dos años exasperantes: pasaban aperturas y clausuras y no sucedía. No había forma que Roa deje el arco. Llegaban las Conmebol, amistosos y torneos de Necochea y no había manera. El Lechuga no se lesionaba, no se iba expulsado, no se moría (?). Cuando Amaya se había resignado a la eterna suplencia, ocurrió lo impensado: el 6 de marzo de 1995, Carlos Ángel se levantó con ganas de ir a lavar culpas a la iglesia (?) y esto le abrió la posibilidad a Amaya de disputar su primer partido en la máxima categoría. Fue victoria 3 a 0 sobre Gimnasia de Jujuy y también fue su despedida de Primera División.

A sabiendas que pelear por el lugar de segundo arquero con Pedro Rómoli era una lucha desigual, comenzó su peregrinaje por todo el país, recorriendo miles de ciudades y categorías, sin echar raíces en ninguna. Tomen nota (?): conoció la Primera B con El Porvenir (96/97). Pasó por el Nacional B con Cipolletti (97/00) y General Paz Juniors (2000/01). En el Argentino A defendió a Atlético Nuñorco de Monteros (2001/02) Talleres de Perico (2002/03) y Central Norte de Salta (2006/07). El Argentino B lo encontró en Sportivo Patria de Formosa (2004/05), Atlético Policial de San Fernando (2005/06) y Atlético Famailla (2008) y se despidió de la actividad en Atlético Concepción de Río Salí (2008) del Argentino C.

Tras haber colgado los guantes participó de algunos cuerpos técnicos de características -obviamente- itinerantes, en donde tuvo la chance de cruzarse con éste vendepatria señor y con éste duende preadolescente. Como le quedaba una foto en el rollo, también se inmortalizó con su verdugo. Lo que se dice, un autentico masoquista…

Díaz a San Lorenzo 2012

«El pase es mío. Yo ya devolví todo. A mí nunca nadie me pidió plata, yo arreglé con San Lorenzo. Ya les devolví la plata, San Lorenzo no perdió nada y yo tampoco«. Demasiado rico para tomarlo en serio despacio.

Ricardo Caruso Lombardi lo pidió, luego negó haberlo pedido, después le comunicó que no lo iba a tener en cuenta, y el ex volante de Ferro y Defensa y Justicia prefierió jugar en el Nacional B directamente y no irse al descenso y firmó contrato con Banfield, donde debutó con un gol.

Díaz quedó un poco calentito con el Richard y espetó: «No iría a otro club dirigido por Caruso Lombardi«.