Hacé click en la imagen para ver la evolución de Maximiliano Gastón López.
(Gracias Arielp)
Hugo Ernesto Pérez Granados
Luego del mundial se quedó en Estados Unidos para bailar en Los Angeles Salsa (1994) y dos años más tarde terminó retirándose en su país de orígen, vistiendo los colores del FAS. En los últimos tiempos se ha dedicado a dirigir y fue incluído en el Salón de la Fama del Soccer, pegadito a Eric Wynalda y Marcelo Balboa.
Con este videíto, gol al Milan incluído, #ElRepresentanteDeMaxiLópez lo vendía a un equipo de Marte, mínimo.
Post publicado en simultáneo con Un Mundial para En Una Baldosa.
La cosa es así. Nos llamaron y nos ofrecieron hacer, como invitados, la contratapa del Olé de este lunes. Y entonces ahí, donde generalmente sale El Contra de Antonio Serpa, aparecimos nosotros, tratando de llenar ese espacio, adaptándonos al formato pero sin perder el estilo.
Puede haber gustado o no, eso queda a criterio de ustedes, los lectores, pero el hecho de habernos infiltrado en el mundo de esa redacción para nosotros fue más que interesante. ¡Conocimos a los hijos de puta la gente macanuda que mete «Kun» en cualquier título de Agüero! Esos gustos hay que dárselos en vida (?).
Roberto Diéguez
Marcador central que salió a la luz en Primera División con aquel piberío que se puso la camiseta de River Plate en 1983. Su carrera no tuvo el mismo brillo que la de Gorosito, Dalla Líbera y De Vicente, está claro; pero al menos integra este sitio, poniéndose a la altura de próceres como Fabio Nigro, Mauricio Trillo y Sandro Andreani.
Su participación, no está mal aclarar, fue insignificante comparada con la de muchos baldoseros de su camada. Apenas si jugó 2 encuentros, ante Unión y Platense, en aquel difícil momento del Millonario. Para colmo, en el match ante el Calamar chocó accidentalmente con Daniel Vélez, causándole a su compañero un grave problema renal.
Robertito no volvió a aparecer en los primeros planos y, lo que es peor, en el Museo de River hoy se lo recuerda como Ricardo Diéguez. Ah, ¿de qué jugaba? De marcador central. Hasta en eso le pifió, si tenía apellido para calzarse la 10 y esperar a que la coincidencia se convirtiese en milagro.