Ídolos de álbum: Un Perico diferente, un forro estadounidense (?)


Hugo Ernesto Pérez Granados

Hoy, en nuestra clásica sección tipos que no tenemos ni las más puta idea de cómo jugaban pero los homenajeamos de tanto haberlos visto en las figuritas (?), llega el turno del Hugo Pérez que no era Perico. O sea, el ahorrista traidor no, el otro, el crack de Estados Unidos.
La gran mayoría conoció su melena enrulada en el álbum del Mundial ’90, con el chaboncito usando la casaca blanca de USA que tenía un escudo que parecía del FBI. Pero, antes de eso, había tenido una vida. Nacido el 8 de noviembre de 1963 en El Salvador, emigró al gran país del norte a la tierna edad de 11 años. 
Inquieto como él solo (?), practicó varios deportes hasta que supo que lo suyo era el fútbol. A los 17 firmó su primer contrato profesional y ya para 1982 se ilusionó con viajar al Mundial de España para representar a su tierra natal, pero no le dieron cabida. Indignado, se nacionalizó gringo y durante los 80’s jugó para Los Angeles Aztecs, Tampa Bay Rowdies y Los Angeles Heat. Eso sólo en cancha de 11, porque también tuvo un paso por el fútbol de salón, con el San Diego Sockers (diferentes pasos entre 1983 y 1990). En esa especialidad ganó el torneo de la MISL en 1988 y fue elegido el jugador más valioso, ganándose el interés del Ajax de Johan Cruyff. Sin embargo, el equipo yanqui no quiso liberarlo y Perico se tuvo que quedar.
En 1990 también estuvo cerca de pasar al Parma tano, pero la transferencia quedó en la nada. Para entonces ya era conocido por haber vestido la camiseta de la selección estadounidente en los Juegos Olímpicos de 1984 y en las Eliminatorias del Mundial de Italia. Paradójicamente, en esa Copa del Mundo lo descubrimos pero no la llegó a disputar. Un par de meses antes de la competencia, Huguito se fracturó jugando para el Estrella Roja de Saint-Ouen, en el fútbol francés. Una nueva frustración.

Masticó bronca durante un tiempo en el Örgryte IS de Suecia y el Al-Ittihad Al-Ittihad de Arabia Saudita e incluso siguió actuando como jugador libre para su Selección. Así llegó al Mundial que lo tendría como integrante del equipo local, en 1994. Y ahí sí pudo sacarse el gusto de estar en la máxima cita internacional, con 66 minutos en la derrota 1 a 0 ante Brasil, en octavos de final. Poco, pero al menos le ganó el duelo al  Hugo Pérez argento, que ni siquiera entró.

Luego del mundial se quedó en Estados Unidos para bailar en Los Angeles Salsa (1994) y dos años más tarde terminó retirándose en su país de orígen, vistiendo los colores del FAS. En los últimos tiempos se ha dedicado a dirigir y fue incluído en el Salón de la Fama del Soccer, pegadito a Eric Wynalda y Marcelo Balboa.


Con este videíto, gol al Milan incluído, #ElRepresentanteDeMaxiLópez lo vendía a un equipo de Marte, mínimo.

Post publicado en simultáneo con Un Mundial para En Una Baldosa.

El Contra de €n Una Baldo$a (?)

La cosa es así. Nos llamaron y nos ofrecieron hacer, como invitados, la contratapa del Olé de este lunes. Y entonces ahí, donde generalmente sale El Contra de Antonio Serpa, aparecimos nosotros, tratando de llenar ese espacio, adaptándonos al formato pero sin perder el estilo.

Puede haber gustado o no, eso queda a criterio de ustedes, los lectores, pero el hecho de habernos infiltrado en el mundo de esa redacción para nosotros fue más que interesante. ¡Conocimos a los hijos de puta la gente macanuda que mete «Kun» en cualquier título de Agüero! Esos gustos hay que dárselos en vida (?).

Diéguez Roberto

Roberto Diéguez

Marcador central que salió a la luz en Primera División con aquel piberío que se puso la camiseta de River Plate en 1983. Su carrera no tuvo el mismo brillo que la de Gorosito, Dalla Líbera y De Vicente, está claro; pero al menos integra este sitio, poniéndose a la altura de próceres como Fabio Nigro, Mauricio Trillo y Sandro Andreani.

Su participación, no está mal aclarar, fue insignificante comparada con la de muchos baldoseros de su camada. Apenas si jugó 2 encuentros, ante Unión y Platense, en aquel difícil momento del Millonario. Para colmo, en el match ante el Calamar chocó accidentalmente con Daniel Vélez, causándole a su compañero un grave problema renal.

Robertito no volvió a aparecer en los primeros planos y, lo que es peor, en el Museo de River hoy se lo recuerda como Ricardo Diéguez. Ah, ¿de qué jugaba? De marcador central. Hasta en eso le pifió, si tenía apellido para calzarse la 10 y esperar a que la coincidencia se convirtiese en milagro.