Hacé click en la imagen para ver la evolución de Franco Mendoza.
(Gracias Paolo)
La invasión de futbolistas colombianos en la segunda mitad de los 90’s instaló en nuestro país, sin que nos diéramos cuenta, una manera alternativa (?) de responder las preguntas. ¿Cómo te sentís, Chicho? «A ver, creo que estoy bien». ¿Fuiste mal expulsado, Patrón? «A ver, yo no hice nada, hermano». ¿Te querés poner este chalequito para la foto, Oscar? «A ver, alcánzame una bermuda de jean que quizás combine».
Entre principios de los ’80 y fines de los ’90, cuando la vigilanteada latente de un teléfono celular con cámara en cada mano no estaba vigente aun, las reyertas eran transmitidas de boca en boca, cual tradición milenaria indígena (?). Claro que, para que la nota tuviese punch y no quedara en una estéril parrafada de dimes y diretes, había que ponerle imagen a la información dura y pura que se desarrollaba en el cuerpo de la noticia. Tal fue la desesperación editorial por graficar de cualquier forma estos conflictos, que El Gráfico instauró un método novedoso para la prensa gráfica pero demodé para el ámbito judicial. De hecho, hasta Telefé Noticias lo copió en un momento dado: la inclusión de dibujos dramáticos para ilustrar (?)
Lo particular de estas ilustraciones son los efectos de degradé en los focos de conflicto, al mismo tiempo de que las caras de los involucrados nunca están sonriendo, sino más bien involucrados en los más variados sentimientos de contrariedad y preocupación. Lo bueno es que, la gran mayoría de las veces, si no sabíamos de que se trataba la nota, ya el sólo hecho de que estuviera ilustrado nos prometía un sustancioso desparramo de mala leche (?) y fecundidad de datos aportados por «fuentes allegadas».
Repasamos los hechos más importantes del mundo baldosero en los últimos días:
– El videoclip que ilustra este post pertenece a la banda ecuatoriana Droz. ¿El niño protagonista? Ni más ni menos que Alejandrito Kenig, el hijo de nuestro ídolo, el Gordo. Gracias por tanto.
– Nos llena de emoción que un integrante de la dinastía arranque una prominente carrera baldosera deluxe que provoque que el segundo gol de Diego a los ingleses sea nada más que el destello fanfarrón de un gordito algo virtuoso (?). El tema es que Diego Hernán Maradona, hijo de Lalo, ergo sobrino de Diego, desde noviembre de este año comenzará a jugar en el Alzira, un equipo de la tercera división española.
Sí, Alzira no es la querible Argumedo pronunciada por Marcelo Bonelli (?), sino que se trata de un club de la localidad de Alcira, en la comunidad valenciana, a quien apodan Los Tigres de la Ribera y fue fundado en 1973. Tiene la camiseta similar a la del Barcelona y como presidente a Pepe Bosch. Al parecer Diego Maradona (s) (?) dará algo así como un puntapié inicial en un partido correspondiente al Grupo VI de la Tercera división, el próximo sábado 5 de noviembre. El boludón este (?) ya tiene 22 años, juega de media punta y estará a las órdenes del técnico Frank Castellón quien está muy contento con lo que pueda aportar en materia deportiva el hijo de Lalo ya que declaró: «ojalá que pueda generar ingresos para el club y que un día venga su tío así viene gente«.
Acá entonces las andanzas del sobrino de Diego en un equipo que marcha segundo en la clasificación, muy cerquita del puntero, el Catarroja (?).
– Por su parte, Jorgito Maradona, el otro hijo de Lalo, sigue integrando la Cuarta Division de Argentinos Juniors. Atrás quedo esa epoca donde mostraba el pito en la revista Caras. Ya vamos escribiendo el post (?).
– Un viejo y amigo lector nos pasó, en estos días, data sobre algunos baldoseros que están jugando en la Liga Chaqueña, esa que tiene excelentes terrenos de juego que nada tienen que envidiarle al Estadio Único de La Plata.
Ariel Suligoy, más conocido como el Suligoy trucho, está
robandohaciendo goles en San Martín de Margarita Belén. Mientras tanto, el ex Talleres de Córdoba, Eduardo Manduré Escobar, viste los colores de Fontana, que gracias a 2 de sus tantos se quedó con la Copa Chaco.
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Había que conocer mucho a los jugadores para darse cuenta de que en la cancha estaba Ituzaingó. La camiseta no sólo no tenía escudo, sino que además integraba unos colores bastante ajenos a la historia del club.
Así, con casaca blanca combinada con vivos fucsias y amarillos, el León del Oeste salió a jugar ese año. Eso sí, con medias verdes para no quedar desubicado (?). Todo gentileza de Taiyo.
Gracias, Cazador.