Pallaro Federico

Federico Walter Pallaro

Hay futbolistas que avisan cuando están por ingresar en el Triángulo de las Bermudas. Bajan su nivel paulatinamente, se lesionan con asiduidad, juegan salteado, pasan de ser titulares a entrar en los segundos tiempos, de entrar en los segundos tiempos a no entrar, de no entrar a jugar en Reserva, de Reserva a un club más chico que le promete continuidad, después a otro más chico pero que queda en el culo del Mundo. Y así. Hasta que un día, por lógica, no aparecen más.

Hay otros, sin embargo, que no tienen consideración con el fiel futbolero que le quiere seguir la carrera a todos. Surgen en Primera División, juegan un par de partidos y cuando llegan los primeros síntomas del «¿Qué será de la vida de aquel pibe?» ya no hay datos fácilmente chequeables sobre su paradero. Se van así, en seco. Sin avisar. Este es el caso de Federico Pallaro.

Debutó con la camiseta de Rosario Central (2005/06) en la previa del recordado duelo ante Newell’s por la Copa Sudamericana. Para preservar a los titulares, el técnico Ariel Cuffaro Russo utilizó ante Lanús, por el torneo local, una formación de juveniles, entre los que se destacaban Juan Grabowski, Andrés Imp*riale, Lucas Moya y Marco Ruben, entre otros. Ese día Pallaro ingresó por Diego Villagra en el complemento de un match que ya estaba definido: ganó el Canalla 4 a 0.

En el Clausura 2006 el volante volvió a tener chances de sumar minutos, frente a Racing y Tiro Federal. Y justo cuando su apellido se estaba haciendo familiar…¡Chau! Se esfumó.

Después de mucho tiempo de no encontrar ni medio dato, nos enteramos que volvió a su pueblo, Arteaga, donde jugó para el club homónimo y luego para Alianza. El año pasado, con la camiseta roja de Independiente de Chañar Ladeado, se consagró campeón de la Liga Interprovincial.

¿Qué hace además de jugar al fútbol? Participa de las competencias de trote en el hipódromo. Y sí, al final era lo que intuíamos: desapareció por lo’ burro’.

Los Angeles Galaxy 1 – Boca 0

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Ni bien bajó la cortina el interminable y tortuoso Clausura 2010, todos los equipos entraron en unas lindas vacaciones a la espera de que pase el Mundial de Sudáfrica. Todos menos Boca claro, que en una especie de carrera desenfrenada, se lanzó a contratar un técnico nuevo, cortar un par de cabezas en el plantel y tirar y aflojar durante semanas por la renovación de los contratos. También hubo compra de refuerzos y lo que más nos importa ahora: el papelón llamado USA Tour 2010.
Con este nombre bien marketinero se cocinó una gira por Estados Unidos que incluyó tres partidos. Y el debut, domingo 23 de mayo de 2010 en el Home Depot Center Stadium de Los Ángeles, fue con derrota 1 a 0 frente a los Galaxy de Beckham y Donovan pero sin Beckham y Donovan en cancha. De manera que mientras el técnico oficial Borghi debía sufrir (?) en Buenos Aires, el técnico interino Pompei alineó a Javi García, Ibarra, Chiquito Muñoz, Bonilla, Monzón, Gastón Rossi, Jesús Méndez, Pichi Erbes, Matías Giménez, Mouche y Viatri.
Del partido se puede decir que fue una pequeña muestra de lo que venía siendo Boca en el torneo local y por qué no, de lo que iba a ser en el Apertura aunque con otros apellidos. Poca generación de fútbol, un par de llegadas desperdiciadas, dos avances rivales y un gol adentro tras una falla de la defensa.

Maidana Guillermo

Guillermo Néstor Maidana

«Almandoz es el mejor líbero del mundo«. La frase seca, contundente y sin doble lectura de Maradona aún retumba en la memoria de todos aquellos que en 1995 nos creímos el tocuén o que directamente escupimos una carcajada ante semejante afirmación, que sin proponérselo terminó frustrando el pase del Coio a Racing.

La histórica declaración del 10, sin embargo, no fue producto de una agitada noche para matizar la larga pena de 15 meses por doping, no vayan a creer (?). Aquellas palabras tenían un pie en la tierra, un sólido argumento que hoy a la distancia borra la sonrisa socarrona de los incrédulos: lo conocía de las inferiores.

Fue a fines de los 80’s cuando se produjo el mágico encuentro. Al Dié le habían contado que en la cantera de Vélez Sársfield había un defensor que la rompía. Y entonces se interesó, preguntó, le señalaron a uno de pelo largo, lo fue a buscar al vestuario y hasta pidió una foto. El que sacó provecho, claro, no fue Almandoz, tampoco el Ratón Zárate ni el Tito Pompei. El que se pegó al capitán argentino para quedar inmortalizado fue Guillermo Maidana, un número 3 a lo Pacha Cardozo, que pudo disputar 5 partidos en la Primera del Fortín entre 1985 y 1989.

¿Qué hizo después? Poco importa. La posta es que fue testigo de un momento clave en la historia. El día que Maradona conoció al que sería el mejor líbero del showbol.

Talleres de Córdoba parchada, con y sin escudo 1993

Ay, Talleres, Talleres…ese hermoso equipo mediterráneo que tanto nos ha dado de comer. En esta oportunidad, traemos el recuerdo de una de sus tantas camisetas hechas a las apuradas, sin ningún criterio estético.

El 4 de abril de 1993 la T venía mal y encima perdía 1 a 0 de local ante Estudiantes de La Plata. Para cambiar la racha, en el segundo tiempo dejó de lado la casaca a bastones y salió a la cancha con una blanca adidas que llamaba la atención por su gran parche azul de Lurocard. La movida dio sus frutos, porque los cordobeses ganaron 4 a 2.

Una semana más tarde, frente al Deportivo Español, volvió a usar esa indumentaria, aunque con un detalle digno de su utilería: ¡sin escudo! La ausencia de identificación igualmente no le dio mala suerte, porque ese día Talleres ganó 1 a 0 con gol del Gordo Kenig.

Gracias a JoloFútbol por las estadísticas.

Atlético de Rafaela copia de Racing adidas (2001)

Sin proveedor de indumentaria y con el apoyo de una empresa de colchones en el pecho, Atlético de Rafaela se permitió soñar (?) con una marca propia, allá por el 2001, pero la inventiva apenas le dio para plagiar el modelo que adidas había confeccionado para Racing un año antes.

La pilcha de la improvisada firma Rafaela copiaba la camiseta académica en todos los detalles. Ancho y distribución de los bastones, cuello negro, dos escudos y una curiosa estrella amarilla, que en la casaca original representaba el título intercontinental de 1967, pero que en la trucha no tenía mucho sentido.