
Mauricio Nicolás Oggioni
¿Qué tienen en común el viaje en tren de Plaza Constitución a Lanús, el tiempo de espera promedio en el odontólogo y la carrera en Primera División de Mauricio Oggioni? Ni más ni menos que su duración: 13 minutos. Así, mientras uno encara el ramal eléctrico del Roca y otro pispea una revista Pronto, hay un jugador cumpliendo el máximo sueño de todo futbolista, aunque sea solo por un rato. Y encima con derrota, porque ese día Unión perdió frente a Platense. Poco le habrá importado esto a nuestro homenajeado cuando ingresó a los 32 minutos del segundo tiempo en reemplazo de Jorge Faría por la 13ª fecha del Apertura ’96. Y menos, cuando cayó en la cuenta de que había tocado techo: de ahí en más, todo sería barranca abajo.
Antes de su debut y despedida de la máxima categoría, Oggioni fue un mediocampista prometedor surgido de la cantera de Unión. Con el Tatengue debutó en el Nacional B en 1993, y fue partícipe del ascenso tres años después, en un equipo donde se destacaban el Loco Marzo, Martín Mazzoni, Félix Pereyra, Rubén Garate, Martín Perezlindo, Héctor Pochola Sánchez, la Araña Maciel y varios integrantes del equipo de los ET. Con el conjunto santafesino redondeó 47 partidos en el ascenso, más ese rato en el torneo que no juega River (?).
Sabiendo que sus chances en Primera División no eran muchas, se mudó de club pero no de provincia: Atlético Rafaela lo cobijo durante la temporada 1997-98, donde actuó 31 veces, y pudo convertir en 4 oportunidades, algo que se le había negado hasta ahí. El equipo entró en la Zona Campeonato, donde finalizó en el último lugar. Y para Oggioni, el efecto tobogán siguió su curso.
En 1998 conoció el Torneo Argentino A. Patronato lo cobijó durante un tiempo, para luego recalar en la Comisión de Actividades Infantiles (2000/01) y Huracán Las Heras (2001/02). Siguió recorriendo el país y llegó a Puerto Madryn, para jugar con Guillermo Brown el Argentino B, bajando otro escalón de categorías. Sin embargo, con compañeros como Omar Ríos, Eduardo Castro, el Chato Rosas, Edgar Galeano y Néstor Jones, logró el histórico ascenso en 2002-03. En el sur se quedó hasta 2004, cunado volvió a Rafaela, pero para vestir los colores de 9 de Julio. Otra vez el duro camino del Argentino B terminó con final feliz: un nuevo ascenso (el 3º en su carrera) lo coronó como un jugador amuleto.
A esa altura, habían quedado muy lejos los 13 minutos en la A. Pero el tobogán no había llegado a su fin: hoy lo encontramos defendiendo la camiseta del Deportivo Grutly, equipo que juega en la Liga Esperancina. Allí continúa dándole a la redonda, enfrentando rivales como Juventud Felicia, Alumni de Laguna Paiva o Atlético Franck. Y, seguramente, añorando tiempos mejores.