Sportivo Barracas – Inglaterra Umbro 1994/95

En la temporada 1994/95 Sportivo Barracas hizo una aceptable campaña, llegando a disputar las semifinales del Octogonal por el ascenso a la Primera C, donde fue eliminado por Central Ballester. La curiosidad, sin embargo, no estaba en los buenos resultados, sino en la indumentaria que utilizaba, que no era ni más ni menos que el conjunto alternativo de la selección inglesa.

Camiseta celeste, pantalones y medias azules, todo de la marca Umbro. Asi jugaban Los Arrabaleros, que de vez en cuando sacaban a relucir la casaca tradicional del club, aunque combinándola con el resto de la ropa Made in England.

Eso sí, el arquero usaba el buzo de Argentina, no fuera a ser cosa que los tildaran de anti-patrias (?).

Protti Sergio

Sergio Hugo Protti

Saltar de un colorido buzo Topper con el chivo de la marca automotriz Dacia a un formal traje a rayas, e increiblemente no de forma horizontal, fue cuestión de poco tiempo en la vida de Sergio Protti, un arquero sin demasiado angel que después de revolcarse contadas veces en áreas chicas con mucha tierra decidió meter las patas en la arena política.

Debutó en la Primera de Rosario Central allá por 1987, con el equipo campeón de Angel Tulio Zof. Fue suplente del Doctor Lanari pero se dio el lujo de actuar en la amistosa Copa de Oro de ese mismo año, en los Estados Unidos, junto al América y Chivas de México; Roma de Italia, Vasco Da Gama de Brasil y Dundee de Escocia. Las manos de Protti aparecieron en semifinales, para eliminar a los tanos a través de los tiros desde el punto del penal y luego estuvo en el once inicial que perdió 2 a 1 la final ante los brasileños.

Su suerte, sin embargo, no se modificó demasiado con ese torneo internacional. Siguió comiendo banco a morir y alternando algún que otro partido hasta 1992, cuando redondeó 32 presentaciones en el arco canalla y, casi sin proponérselo, también logró el récord de suplencias en la historia de Central, con 201 encuentros. Otra que el Rifle Castellano.

Pero todo hombre, incluso un baldosero (?), tiene un poco de orgullo. Confiado en sus condiciones, se alejó del lugar donde había sido humito un mito y se sacó las ganas de probar suerte en otra institución. Lanús lo recibió con los brazos abiertos y, para que se sintiera cómodo, lo mandó nuevamente con el buzo número 12 a esperar su oportunidad. Apenas si jugó 4 partidos en 1994, pero en uno al menos pudo ser figura en «La jornada está aquí» de la revista El Gráfico, con escasos 6 puntos.

Una gran sorpresa significó encontrarlo años más tarde en el ambiente político, donde fue elegido una y otra vez como Presidente de la Comuna de Arteaga, una localidad santafesina ubicada a 110 kilómetros de Rosario.

No nos asombremos, entonces, si dentro de unos años lo vemos ocupando un cargo en las altas esferas. Presidente no, sería demasiado. Seguramente lo convence más un lugar Senado de la Nación. Sentado en la banca, claro.

CFNM y el buzo del camión en Extremadura 1996/97

Gracias al hallazgo de Renaldinhos y Pavones, damos cuenta de un caso que tuvo lugar en el extranjero, pero que tiene mucho que ver con el fútbol argentino.

En 1996 el Mono N. Montoya llegó a España para incorporarse al Extremadura, después de una traumática salida de Boca, donde en tiempos de Nike no le habían permitido usar su buzo verde. Y mucho menos cambiarlo con un rival.

Fue así como en su primera temporada en el fútbol ibérico se animó a sacar a la luz el modelo del camión, de la marca Olan, que había estrenado y popularizado defendiendo al Xeneize en 1992. Así lo detalla el blog colega:

Dicho conjunto fue utilizado en algunos partidos durante su primera campaña en el fútbol español, en el Extremadura. Si bien no era de la marca Kelme, que vestía a los de Almendralejo, y tampoco contenía al auspiciante, poco o nada importó como para que en ocasiones el M*n* con él se vistiera. En ocasiones alternó el pintoresco pantalón, mitad blanco con estrellitas amarillas y rombos rositas, mitad azul, con el jersey oficial de porteros del Extremadura de por entonces, de color verde y negro, haciendo de la combinación un tanto estrambótica, casi tanto como los goles que muchas veces encajaba. En el Tenerife, sin embargo, se contuvo (en el Mérida no tanto) y utilizó la equipación correspondiente.