Mucho antes de comernos todo el chamuyo de las propiedades del Gatorei y el Powerade, los futboleros fuimos testigos de una era donde la salvación para los jugadores sedientos y deshidratados era una simple bolsita rellena con…agua. Y aunque en su momento formó parte de la escenografía cotidiana en las canchas, un buen día desapareció sin dejar rastros.
No se sabe a ciencia cierta dónde ni cuándo el método de las bolsitas comenzó a tomar fuerza, pero sí es comprobable que hacia fines de los 80’s estaba totalmente instalado en el ámbito nacional. Por entonces, el aguatero seguía atado a la vieja práctica del bidón, que se extendió incluso hasta el Mundial ’90, cuando el mítico Galíndez le ganó 1 a 0 a Brasil (?).
Bidones y vivezas mundialistas al margen, las bolsitas también tuvieron su momento de gloria, como recuerda el historiador Javier Roimiser: «el furor fue en la temporada 1989/90. En la victoria 4 a 2 de Argentinos sobre Chaco For Ever, por la última fecha de la primera rueda (diciembre del ’89), el Bicho ganaba 3 a 1, cuando en una jugada del segundo tiempo Sallaberry eludió a Mac Allister y encaró por la punta derecha… El colorado, que había recibido una de estas bolsitas para hidratarse un rato antes, le tiró con la bolsita y le pegó en la espalda, por lo que Sallaberry cayó. El juez Mastrángelo amonestó a Mac Allister. Y a partir de 1990 se prohibió que siga el juego con las bolsitas en el campo. Más de una vez algún jugador pisó bolsitas vacías tiradas en la cancha y se cayó«. Glorioso.
Principales bolseros y extinción del fenómeno
No hubo, a decir verdad, próceres de la bolsita, aunque la foto indique lo contrario. Todos los jugadores, en mayor o menor medida, recurrían al salvataje desde el banco de suplentes para evitar la asfixia. Por lo general, los futbolistas que ingresaban en el segundo tiempo repartían 2 ó 3 entre sus compañeros, que desesperadamente iban como asiáticos perros en busca de agua a hincarle el diente.
A medida que fue avanzando la década del ’90, otros métodos supuestamente más prácticos y estéticos como la mal llamada caramañola dejaron la bolsita de lado y casi que nadie se dio cuenta. Desde acá, el recuerdo para un elemento que marcó una época pasada por agua.










