




Wilmer «Pato» López. Mediocampista costarricense. Jugó entre 1992 y 2009.

Seguramente Racing de Córdoba se preparó a todo trapo para recibir en su cancha al River del Bambino Veira a comienzos de la temporada 1985/86. Pero no alcanza con que el campo campo de juego estuviera en perfectas condiciones, el pasto cortado impecablemente y las tribunas casi llenas. Bah (?), por lo menos a nosotros no nos alcanza. Y más cuando nos vemos en la obligación (?) de demostrar que ese 22 de septiembre Del Mul, Noriega, Tavares, Quiñones, Ozán, Barrios, Salinas, Cabral, Humberto Rafael Bravo y Oyola fueron obligados a usar una camiseta suplente toda azul, genérica de Adidas pero sin escudo, ni logo de las tres tiras ni la publicidad Pall-Mall que usaba habitualmente en las camisetas titulares. ¿Cábala o tratar de sumar porotos frente al vecino precursor en estos menesteres? Ni idea.
Leonardo Pablo Cauterucchi
¿Qué cosas determinan la baldoseridad de un futbolista? La pregunta trae aparejada una compleja y no tan exacta respuesta. Pero hagamos el intento de satisfacer a los curiosos y vayamos por partes.
El apellido. Es sabido que un futbolista llamado González, Fernández, Pérez o Gómez, la tiene que descoser realmente para ganarse un lugar en el altar de los futboleros. Al haber tantos, la mayoría termina convirtiéndose en un jugador del montón. Ni fú ni fá. Por eso es fundamental un apellido raro, que provoque algo. Risa, temor, ruido, nostalgia, asombro, algo. Lo que sea, pero nunca indiferencia. Cauterucchi, en ese aspecto, roba.
Paso por Primera A. Aunque sólo haya sido relleno de plantel, con escasos minutos oficiales o apenas alguna que otra participación en un partido de verano, el paso por la máxima categoría es indispensable. Hay algunos que apenas si debutaron. Otros tuvieron más de 50 partidos, aunque generalmente menos de 100. Cauterucchi, para ser precisos, atajó 11 partidos para Olimpo de Bahía Blanca en la temporada 2007/08, siendo ya un veterano. Antes, había sido suplente en Platense (1994/95).
Haber sido promesa. Algunos desilusionan a lo grande luego de haber sido figura en las inferiores. La rompen incluso jugando en la Tercera de un equipo importante, pero luego llegan a Primera y se cagan en las patas jugando con más de 2000 personas en las tribunas. La solución, en esos casos, es bajar las pretensiones y seguir la carrera en un club chico del ascenso. Cauterucchi actuó con éxito en las divisiones menores de Boca, pero después se desinfló.
Paso por el ascenso. No es condición sine qua non pero casi todos los futbolistas experimentan en algún momento de su vida lo que es el under. Algunos bajan y se afianzan para siempre en esas categorías, zafando de la baldoseridad. Otros, con menos recorrido, sólo agregan más líneas a su post en esta página. Cauterucchi atajó un tiempo en el ascenso, pero no lo suficiente para evitar este homenaje. Vistió los buzos de Atlanta (1995/96, 6 partidos), Aldosivi (1997/98, 16 partidos) y Olimpo (2006/07).
Paso por el exterior. Siempre es de valorar (?) que un baldosero haya representado a su país en otras tierras. Y si fue para mandarse cagadas, mejor (?). Cauterucchi cumplió con la ley del futbolista errante y pasó por la aduana cuando viajó a Chile para jugar en Palestino (2000 a 2002), Universidad Católica (2003/04), Deportes Concepción (2005) y Santiago Morning (2006).
Dato de color. Un parentesco con alguien conocido, un acercamiento a la farándula, una actividad paralela a lo futbolístico, una conflicto, un particularidad física, una jugada histórica, un episodio policial. Todo suma para que un futbolista sea baldosero. Y en este caso, Cauterucchi tiene algunas perlitas.
En el año 2002, un partido entre Palestino y Ranges derivó en una pelea que terminó con Cauteruchi en una comisaría.
El asunto es que Cauteruchi se iba del campo cuando Mondría dio por finalizado el juego. «Volví a discutir con alguien, que no recuerdo, y empezó todo. Repudiable, estuve mal. Fue uno de los peores momentos de mi carrera«, agrega el cuidavallas.
En el acto, el caos: Cauteruchi boxeó a Luis Aravena, Víctor Águila llegó para defender a Aravena, Ariel Macia y Jaime Rubilar hicieron lo propio con su portero y Ángel Carreño lanzó combos a los visitantes… ¿Consecuencia? Los siete fueron detenidos por infringir la Ley de Violencia en los Estadios y debieron prestar declaración en la 10ª Comisaría.
«Nos metieron en un calabozo. Y en el calabozo del lado, estaban los de Rangers… Con Macia estábamos recalientes y puteábamos a los de Rangers hasta que un carabinero nos dijo que si seguíamos nos dejaba una semana. Por suerte nos largaron a las cuatro horas… Recuerdo todo y sí, estuve pésimo. Me castigaron con siete fechas y la directiva me multó con el 50 por ciento del sueldo«, aporta Cauteruchi.
Como si fuera poco, algunos años después se enfrentó a la Anguila Gutiérrez, con quien peleaba por un puesto en Olimpo. El ex de Graciela Borges lo acusó de ser el alcahuete del Presidente Ledo: «Me molestaba entrar al vestuario y verlo. Tuve que convivir con una persona que me tiraba mierda, a la que sólo le interesaba arreglar su parte y despotricar en contra de todos. Con los de más experiencia (Carrario, Fleitas, Monsalvo, entre otros) no tenía diálogo; después lo fueron conociendo los demás. Y si el presidente te dice, el informante es fulano, es porque tanta confianza no le tenía. Cauterucchi ocupó ese lugar mientras le servía. No reaccioné para que no se arme la gorda«.
Por supuesto que eso desembocó en una encuesta baldosera.
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La trayectoria de este arquero (creemos que ya retirado) nos ha dado algunas herramientas para elaborar una pequeña guía con los parámetros que utilizamos a la hora de postear a un baldosero. Guía cuyos puntos más importantes jamás respetamos a rajatabla, porque entendemos que cada caso es particular y todos los homenajes son discutibles. Pero acá sí que no tenemos dudas. Se llama Cauteruchi, muchachos. ¡Cau-te-ru-cchi!
Y lo peor es que tuvieron miedo y se bajaron de la revancha.
Se dijo acá:
En Una Baldosa 35 – La Redó 3.
El equipo, uno por uno.
Declaraciones post partido.
A un año.
A dos años.
Se dijo allá:
Sin palabras.
En aquel agosto de 1991, la generación fluo argenta parecía tomar vuelo internacional con la realización de un amistoso donde los muchachos de colitas, vinchas y calzas tendrían la posibilidad de lucirse.
Para esa cita especial que formaba parte de la transferencia múltiple pero no tanto de Batistuta, Latorre y Mohamed al Calcio, Boca viajó a Italia y ante la Fiorentina paró en la cancha a: Navarro Montoya; Soñora, Simón, Marchesini, Moya; Claudio Cabrera, Giunta, Pico; Latorre, Mohamed y Boldrini.
Tras un primer tiempo donde los argentinos (especialmente Boldrini) perdieron chances de abrir el marcador, en la segunda mitad los tanos (que ya tenían a Batistuta) marcaron a través de Carobbi y Mazinho. Ni siquiera el ingreso de Gabriel Amato le dio a los xeneizes la oportunidad de descontar.