Adelfa not dead

lavolpe

Alguien mintió, yo no morí, estuve encontrando mi lugar.

Hace ya tiempo se dejaron engañar porque pensaron

que había muerto. Esta soy yo, uso bigotes

estoy viviendo en América Central. No necesito estar usando

este disfraz, y ahora quiero ser un buen «ténico».


Love me tender,

love me sweet,

never let me go.

you have made my life complete,

and i love you so.

Soy Richard, soy Richard y mírame cómo muestro la vincha.


Perra feroz, eso era antes cuando comía pendejos

Ya no me entra ni en chiste ese puton; ahora prefiero pelear con viejos.

¡¡Estoy aqui!! El rey no ha muerto, está viviendo en Costa Rica.

Hoy el destino me ha llevado a mi lugar.

Ayer anciana, hoy anti argento.


Love me tender,

love me sweet,

never let me go.

you have made my life complete,

and i love you so.

Soy Richard, soy Richard y mírame cómo muestro la vincha.


(Gracias Rodman)

De la Torre 1992

delatorre1992

En noviembre 1992, la selección mexicana se topó con su par de Costa Rica en las eliminatorias para Estados Unidos ’94. No tuvo problemas para imponerse en el DF por 4 a 0, pero ese día pasó algo inusual. Expulsaron al arquero Jorge Campos y quien tuvo que ponerse los guantes y el buzo colorido fue el mediocampista José Manuel de la Torre. Dicen que se lució en un tiro libre, haciendo una gran atajada. Sea cierto o no, mantuvo su valla invicta.

Fabbián Cristian

fabbian

Cristian Alberto Fabbián

Luca, José, Jaime, Nicolás. Franco, Donato, Clara. Frank, Denis y Guillermo no serán diez fenómenos, pero se las ingeniaron para meter sus nombres apellidos en la historia del fútbol argentino. Tampoco son un equipo, pero sin embargo sus filas reciben un refuerzo de renombre: Cristian Fabbián.

Cordobés, marcador central, de 1,84 de altura y 80 kilos de peso, nació el 28 de mayo de 1969 y de chiquito correteó la bocha en las inferiores de Rácing de Córdoba, equipo que por aquellos primeros años de la década del ochenta, transitaba sin dudas su etapa dorada.

Lástima que para la hora de su incursión en Primera, ese mismo Rácing ya se lanzaba en caída libre hacia el under. Debutó y asomó apenas la cabeza en la temporada 1987/88, trató de hacer pie en la 1988/89 y no le quedó otra que poner el pecho a las balas en 1989/90 cuando se ganó un lugar entre los once que llevaron al descenso a la Academia de Nueva Italia. De hecho pisó la Bombonera junto a Misetich, Daniel Sosa, Maldonado, Américo Silviardo Ozzán, Arsenio Benítez, Daniel Ergo, José Barrella, Ibarra, Luis Araña Amuchástegui y Pablo Dialeva, en ese final del mundo (?) frente a Chaco For Ever para mantener la categoría. De más está decir que ser defensor central y perder 5 a 0 en ese contexto es mínimo como para pasar un par de largos años en el exilio.

Y algo de eso hubo, si nos agarramos de las versiones que dan fe de un paso por el Aurich de Perú. Muy atrás habían quedado lsa enseñanzas de Van Tuyne, la Pepona Reinaldi, Rodolfo Motta y Abel Herrera entre otros DTs, sus esfuerzos para jugar alguna que otra vez como volante, sus 19 partidos en primera y aquel 10 de diciembre de 1989: 1 a 1 frente a Boca en la Bombonera con gol casi desde mitad de cancha a Navarro Montoya en el arco de Casa Amarilla incluido. Su único gol en el fútbol grande.

Mucho más acá en el tiempo, su apellido (?) volvió a pisar fuerte en la Liga Bellvillense de Fútbol defendiendo los colores del club San Martín y en donde hasta apareció escalando alto en una tabla de goleadores.

Panathinaikos 2 – Boca 3

panathinaikos2_boca3_1984

La llegada del plantel de Boca a Atenas, en plena gira de 1984, fue bastante a los tumbos por decirlo suavemente. Primero y principal, porque cargaba sobre el lomo los nueve goles del Barcelona. Segundo, porque dos días antes había perdido frente al Sevilla con el caramelito incluido de cinco horas de espera en el Aeropuerto. Y tercero, porque surgió un tema legal que casi tira todo para atrás.

Boca debía cobrar un cachet de 15.000 dólares por presentarse en el Estadio Olímpico de Atenas frente al Panathinaikos. Pero un llamado de último momento de los directivos griegos al empresario catalán José María Minguella, organizador de la gira, trató de bajar el precio a 10.000 verdes. Finalmente hubo acuerdo, pero surgió un nuevo problemita. Los números no le cerraban al tal Minguella. El traslado de Boca de España a Grecia, más los gastos de estadía y demás, le costaron 30.000 dólares. Y cómo esa cifra era casi imposible de recuperar, sacó un as de la manga. Convenció a los popes del Panathinaikos para que la noche del amistoso con Boca, le hagan de paso cañazo, el partido despedida a Dimitris Domazos, catalogado por los medios como “el mejor jugador de fútbol que Grecia dio en toda su historia”. Poco importó que Domazos tuviera 42 años y ya hacía dos que había colgado los botines. La movida seguraba un estadio colmado de punta a punta. Y adelante con los faroles.

Efectivamente la noche del 31 de agosto de 1984, el Estadio Olímpico se venía abajo de gente. Pero poco pareció importarle a un Boca que arrancó con todo. Puso contra el arco a los griegos y a los 8 minutos, tras un centro de Stafuzza desde la derecha, el Potrillo Morena la dominó y cruzó un zurdazo medio incómodo a la red. Pero ese Boca no era garantía de nada. Cinco minutos después llegó el empate local gracias a un penal ejecutado por Charalambinis. Y casi sobre la media hora, el juez Antoine Vassaras, se puso la gorra otra vez tuvo vista de lince y dio otro penal. Pero esta vez, entre el palo primero y Balerio después, el arco xeneize se mantuvo a salvo.

Boca fue un poco más, pasó al frente con un gol de Porté tras un rebote, pero en el segundo tiempo hubo un nuevo empate local tras otro error de la defensa. Esta vez gracias a los servicios (?) de Mario Alberto. Pero en medio de un griterío ensordecedor de las tribunas, Porté bajó con el pecho un centro de Mendoza y clavó el 3-2 final con una media vuelta.

Con la victoria decretada gracias a la labor de Balerio, Pasucci, Alberto, Segovia, Cacho Córdoba, Stafuzza, Gallego Vázquez, el Pelado Sotelo, Porté, Morena y Carlitos Mendoza, Boca tuvo que salir arando para seguir su derrotero de amistosos. Los próximos destinos, Niza y Turín, obligaban a jugar dos partidos más en 24 horas. Hecho que dejó una reflexión final del técnico Dino Sani de camino al hotel: “…este equipo no está preparado para jugar en Europa y la verdad tengo miedo por lo que pueda pasar en Buenos Aires cuando se reanude el campeonato. Van a llegar destrozados fisicamente…”.

Zárate Fabio

zaratefabio

Fabio Héctor Zárate (Huevacho / Wilkins)

Presentado por la revista Súper Fútbol como un pibe que apuntaba para crack, Fabio Zárate se moría por debutar en la Primera de Lanús y dejar bien parado a su terruño, Pilar, en la Provincia de Córdoba: «estoy como representando al pueblo, no hay ningún jugador en un equipo de AFA que sea oriundo de Pilar; Si Dios quiere, podré llegar a ser el primero que juegue en Primera y espero que sea en el transcurso de este 1991«.

Con 20 años, había pasado por las inferiores de Talleres de Córdoba sin demasiada suerte y jugaba en la Reserva granate con una autoexigencia para nada saludable y quizás algo de presión familiar: «ya me siento en condiciones de debutar en la Primera División, cuando el técnico así lo disponga; sería la culminación de un buen año y es una alegría que le quiero dar a mi viejo, que tanto me alienta y a quien espero poder responderle y no defraudarlo. Quiero que puedan llegar a tener la tranquilidad económica que se merecen«.

Finalmente pudo subir al plantel superior bajo la tutela de Miguel Ángel Russo en el Nacional B, pero al verse tapado por otros delanteros volvió a Córdoba para sumarse a Talleres. Con la casaca albiazul debutó el 5 de abril de 1992, en el empate 1 a 1 ante Racing, con goles de FFF y Cosme Zaccanti. Su baldoseridad estaba asegurada.

En su primer partido como titular, ante Vélez, lo expulsaron. En su segundo encuentro desde el arranque, metió 2 goles que sirvieron para ganarle a Huracán en Parque Patricios. Para ese entonces aquel título que decía «apunta para crack» parecía tener fundamento. Pero la cosa se fue desinflando. Durante 1992 anotó algunos goles más, generando una fugaz idolatría entre los tallarines (ya sabemos que en la T tienen de ídolo a cualquiera), pero al año siguiente jugó 11 partidos más en la A y no convirtió, colaborando bastante con el descenso. Una vez en el Nacional B, apenas disputó otros 9 cotejos, donde marcó en 2 oportunidades. En total, sumó 44 presencias y 7 tantos, aunque algunos dicen que fueron sólo 6.

¿Qué le pasó después? Vaya uno a saber. Dio algunas señales de vida en Aldosivi (1996/97, 18 partidos y 2 goles) y Godoy Cruz (1997/98, mismas cifras que en el Tiburón), pero no mucho más. Tanto su nombre como sus maravillosos apodos y su melena rulienta desaparecieron rápidamente de los primeros planos y hace poco supimos que terminó siendo genio y figura en el club Defensores de Pilar. Allí incluso jugó para el equipo de veteranos y trabajó con las inferiores. Hoy tiene una escuela de fútbol que lleva su nombre.