Deformaciones: Canadá (1986)

En la previa de Copa del Mundo de 1986, la gran incógnita fue el seleccionado de Canadá, que inesperadamente se había adjudicado la plaza de la CONCACAF, ganando la fase final por encima de Honduras y Costa Rica.

Una vez en el Mundial, le tocó integrar el Grupo C junto a tres selecciones europeas: Francia, Hungría y la Unión Soviética. Su director técnico, Anthony Waiters, era optimista a pesar de lo complicado que pintaba el panorama: «Aunque todavía nos falta recorrer camino, tenemos un equipo que sabe lo que quiere y no seremos rivales fáciles«, había vaticinado.

El debut, frente a Francia, fue una sorpresa para todos: los canadienses aguantaron muy bien y recién quedaron en desventaja faltando 11 minutos para el final, cuando un error de su arquero Paul Dolan le permitió a Jean-Pierre Papin marcar el definitivo 1 a 0.

El segundo rival fue Hungría, y a pesar de que esta vez el arco estuvo custodiado por Tino Lettieri, fue victoria para los europeos por 2 a 0.

La despedida de tierras aztecas se dio ante la U.R.S.S. Y fue tal vez el mejor partido de Canadá, pero entre pifiadas y algún tiro libre que se estrelló en una barrera formada por jugadores propios, terminó perdiendo 2 a 0.

De esta manera, concluyó la única participación de los canadienses en una Copa del Mundo, con un récord de 3 partidos perdidos, ningún gol a favor y 5 en contra.

Pero, más allá del récord negativo, lo llamativo de este equipo estaba en su composición. En el plantel había seis jugadores sin club, entre ellos su barbudo capitan Bruce Wilson, de 34 años, que hacía dos que no jugaba profesionalmente. La base de la formación titular estaba enlistada en el soccer de Estados Unidos, con algunos refuerzos del fútbol local y otros de poderosísimas ligas como la de Suiza (el defensor Bridge), o la segunda división de Bélgica (el delantero Vrablic).

El arquero Tino Lettieri, nacido en Bari, Italia, había atajado toda su vida en el fútbol yankee, y estaba jugando fútbol indoor en el momento del Mundial. Pero este no era un caso único: Dale Mitchell, Carl Valentin (nacido en Inglaterra), Gerry Glay (escocés de nacimiento), David Norman (también de Escocia) y Branko Segota (de origen yugoslavo) también jugaban en indoor cuando fueron convocados.

Además, esos no eran los únicos extranjeros nacionalizados: también se sumaban Paul James (de Gales), Igor Vrablic (de Checoslovaquia), Randy Samuel (de Trinidad y Tobago), Colin Miller (de Escocia) y Sven Habermann (de Alemania Occidental), llegando a la nada despreciable cifra de 10 jugadores nacidos en otro país.

Entre los casos mencionados merecen destacarse algunos, como el de Igor Vrablic, que fue habitué de la Selección entre 1984 y 1986, y después del Mundial paso al Olympiakos de Grecia, pero no debutó y se retiró con 21 años.

El defensor Collin Miller era una joven esperanza del Rangers durante aquella época. Luego de pasar por más de diez equipos, fue el último en retirarse, jugando en 2005 con casi 41 años para el Abbotsford Mariners.

Uno de los delanteros, Dale Mitchell, llegó a México con un temible porcentaje de efectividad: esa temporada había hecho 100 goles en 99 partidos, pero obviamente en el fútbol indoor.

Otros jugadores merecen su mención en este repaso, como Bob Lenarduzzi, que debutó en 1970 en el Reading de Inglaterra con sólo 15 años, siendo el primer canadiense en jugar en la liga inglesa. Sin embargo, a los 18 se volvió para continuar su carrera en su país.

Por último, se destaca el caso de Jamie Lowery, un mediocampista que no sólo no tenía club, sino que nunca jugó profesionalmente, salvo en 1988 para Vancouver 86ers. En el momento del Mundial estaba en la Universidad, por lo que fue convocado siendo un jugador amateur. Grandes historias de un equipo injustamente olvidado.

Mal pase: Enzo Trossero a México ’86

trossero

Convocado por Bilardo desde la primera lista de 18 jugadores allá por marzo de 1983,  Enzo Trossero dio toda la sensación de encajar perfectamente en las maniobras tácticas pergeñadas por el Narigón a lo largo de su ciclo. De hecho, entre eliminatorias y algunos amistosos, se puso la celeste y blanca en más de 20 partidos.

Pero a fines de abril de 1986, a casi nada de la Copa del Mundo de México y en el momento exacto de conocer la lista definitiva de convocados, se quedó afuera. Poco importó si los motivos fueron una inactividad futbolística que llevaba a cuestas o si hubo algo más. Lo concreto es que con 32 años, le tuvo que decir «hasta siempre» a su segundo sueño mundialista (ya había estado en España ’82).

Y claro que no se iba a quedar de brazos cruzados. Demostró ser tan temperamental afuera como adentro del campo de juego. Y puso primera nomás: «…con Bilardo me equivoqué, me engañó. Me dijo que tenía todo armado para la gira, que me quedara tranquilo, que yo estaba en sus planes. Me pidió que entrenara fuerte en Independiente y quedamos en hablar a la vuelta. Pero Bilardo como persona me defraudó. Hace cuatro meses me aseguró que yo iba al mundial. ¿Qué cambió desde entonces?».

Cuando le recordaron que lo que pudo haber cambiado fue el detalle de no estar jugando, puso segunda y apretó el acelerador a fondo: «…y no es motivo que yo no esté jugando eh, porque en la lista de 22 hay uno que tampoco juega que es Brown. O Zelada. ¿Hace cuanto que terminó el campeonato mexicano? Y resulta que Zelada va y yo me quedo. Estamos en la misma situación…».

Ya sin importarle absolutamente nada para cerrar, puso tercera, cuarta y cerró los ojos: “…toda la vida dijo que no se puede armar un equipo de un dia para el otro. Y resulta que ahora 10 jugadores de los que ganamos la eliminatoria quedamos afuera y convoca a Enrique cuando están subiendo al avión. Acá hubo fallas humanas. ¿O acaso a Gareca no le hizo lo mismo? Muchos errores conceptuales. Y la incoherencia es muy grave…”.

En el placard: México alternativa 1994

mexicoumbro1994

Después de ahondar (?) durante años en la historia de la indumentaria deportiva, llegamos a la conclusión de que los diseñadores de Umbro probaron todas las drogas posibles en la década del ’90. La camiseta alternativa de México en el Mundial de Estados Unidos ’94 es una muestra más de que no les importaba nada a la hora de pensar en estampados y colores.

mexico942

El conjunto alternativo, además de contar un diseño desconcertante que casi no dejaba apreciar la marca sobre el pecho, tenía una excesiva presencia del color rojo. La casaca, que en ese Campeonato del Mundo sólo se usó ante Italia, era horrible, aunque al lado de la pilcha del arquero Jorge Campos pasaba desapercibida.

En el placard: Escocia pantalón bandera 1986

escociapantalon

Como ya tuvo su merecido espacio de la cintura para arriba gracias a su camiseta alternativa en Italia 90, Escocia nos muestra ahora toda su desfachatez pero de la cintura para abajo. Y eso que ni vamos a mencionar a sus pollerudos hinchas empujándose borrachos en las gradas del estadio La Corregidora en Querétaro, México. El tema pasa exclusivamente por sus pantalones azules y blancos con un diseño más para una bandera que para otra cosa.

En México 1986, sus mejores (?) jugadores se pusieron la ropa oficial Umbro y le mostraron al mundo dos cosas: primero sus pantalones, obvio. Y segundo, que se puede salir cuarto en un grupo de cuatro y ver como los otros tres equipos pasan de ronda. Dinamarca, Alemania y Uruguay, agradecidos.

Mal pase: Raúl de la Cruz Chaparro a España ‘82

chaparromalpase_espana82

Cual enanito de Blancanieves (?), Raúl de la Cruz Chaparro vivió su cuento de hadas durante dos meses de trabajos intensos, hasta que un buen día, viernes 23 de abril de 1982, fue devuelto a la dura realidad: con 29 años sus chances de formar parte de un Mundial quedaban sepultadas para siempre. Pero ojo que la bofetada fue adornada con las dulces palabras del buen orador que siempre fue, es y será César Luis Menotti. Ese viernes, a las 16.30 en Tortuguitas, el Flaco los reunió a todos y arrancó: “…ustedes saben que este momento finalmente llegaría. Todos conocían las reglas de juego, pero esto no es consuelo. Realmente no hay consuelo posible. Los cuatro que deben dejar la concentración son Bulleri, Bauza, Chaparro y Gordillo…”.

Cuando Menotti vio que no sólo los apuntados se le quebraban anímicamente y que el Tolo Gallego, por ejemplo, estallaba en llanto, trató de remar el momento metiendo bomba anímica y hasta vendiendo un poco de ilusión: “…mi concepto sobre ustedes es muy superior a cuando llegaron. Trabajaron magníficamente y no es este el momento de decir por qué elegí asi. Estoy convencido que son jugadores de gran nivel y no dejen de pensar que podemos volver a encontrarnos. Además esta lista no es definitva. Todavia puede haber posibilidades…”. Sí, seguro (?).

Enseguida Passarella trató de dar vuelta la página y armó un picado. Picado que a los ventipico de minutos contó con un desertor: nuestro homenajeado. Chaparro tiró la toalla, rumbeó hacia el vestuario, se armó el bolsito y arrancó hacia el portón. Un grupo de periodistas intentó pararlo al grito de “…Chaparro, Chaparro, unas preguntas…”. Pero el formoseño zafó con un “…esperen que ya vuelvo…”. Todavía lo están esperando. Es más, en el vestuario fue encarado por Menotti y sus oídos recibieron más palabras de humo de aliento: “…Chaparro, con usted tengo un cargo de conciencia y quiero que lo sepa. Le pido por favor que haga un esfuerzo y se recupere. Usted es el mejor nuúmero nueve del fútbol argentino en los últimos 20 metros…”.

Atrás quedaba su ascendente carrera con las camisetas de San Lorenzo, Gimnasia de Jujuy, Tigre, Chacarita, San Martín de Tucumán e Instituto, club donde se consagró goleador del Metro 81 con 20 tantos y superando a estrellas del calibre de Maradona, Brindisi y Kempes. Pero nada de deprimirse por no poder estar presente en España 82. Chaparro dejó el predio y siguió con su vida como si nada. O por lo menos eso quiso mostrar: “…cuando Menotti nos reunió en la AFA el 28 de diciembre dijo cuáles eran las condiciones de trabajo. Y antes de irme de Tortuguitas me dijo que siguiera trabajando a fondo. Eso me tranquilizó mucho. De ahí me fui a mi casa en San Fernando y mi señora estaba destrozada. La consolé un poco pero nos teníamos que ir a un casamiento. De ahi me tomé un avión y me vine a Córdoba. El técnico quería que juegue y acá estoy…”.