Pala, uhh!

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La dupla Lamadrid-Fernández fue, durante mucho tiempo, la base piramidal para el crecimiento de Luis Palau. En sus ratos libres, ambos futbolistas viajaban a todas partes del mundo para organizar los actos, conferencias y festivales del popular predicador evangelista.

Uno solía vestir completamente de blanco para simbolizar la máxima pureza. El otro, metía gris y celeste para representar el vidrio molido (?). Siempre a la par, luchando por un objetivo común, difundiendo la fe. Y no sólo fuera de la cancha. También dentro de ella.

Rayo Vallecano 0 – River 1 (1978)

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El trofeo Villa de Madrid es un cuadrangular que organizaba el Atlético de Madrid, y que comenzó a celebrarse en 1973. Cinco años más tarde, River Plate fue invitado a participar. Su debut fue frente a otro equipo madrileño, el Rayo Vallecano. El conjunto argentino se impuso por 1-0 con un gol del Beto Alonso, y de esa manera se aseguró disputar la final. Por suerte, los Millonarios llevaron las camisetas suplentes, sino la confusion hubiese sido total.

Arquero con camiseta de árbitro 2001

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El problema surgió cuando Fénix decidió jugar con camiseta roja ante FC Urquiza, sin reparar en que su arquero, Cristian Rodriguez, también usaba un buzo de ese color.

Al árbitro Darío Colombo no se le pasó ese detalle y mandó al portero a cambiarse la indumentaria, con tanta mala suerte que el único buzo alternativo que tenía la utilería de Fénix era uno negro que se parecía a la camiseta de su rival.

¿Solución? Colombo le prestó a Rodríguez una camiseta de árbitro. Y así, de amarillo, atajó en aquel partido que terminó 2 a 2.

(Gracias a El Gonza Tricolor)

Colombano Eloy

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Emmanuel Eloy Colombano (el Rayo)

El Caniggia de Pehuajó. Delantero nacido en la ciudad de la tortuga Manuelita que, contrariamente a lo que determinaría la característica autóctona (?), se destacó por su rapidez. Quizás haya tenido que ver el pronto exilio, ya que vivió mayormente en General Villegas y desde allí se tomó un micro hasta La Plata para jugar en Estudiantes.

Después de un par de años en las inferiores del Pincha, donde lo pasaron de enganche a puntero, brilló en esa posición y fue convocado a una preselección Sub 20. Como si fuera poco, logró el ansiado debut en Primera en la séptima fecha del Apertura 2001, cuando ingresó por el Luchuga Maggiolo para colaborar con la victoria 1 a 0 ante Rosario Central. En ese mismo torneo tuvo otras 4 presentaciones en las que el equipo generalmente se fue victorioso (sólo empató una vez). Colombano ya era más que una promesa. También era un amuleto.

Como en casi toda historia que desfila por este sitio, un hecho cambió su buena fortuna. Y él mismo lo contó: «Cuando en junio de 2002 retorné del Mundial de Corea-Japón (Bielsa lo llevó como sparring), Oscar Craviotto que en ese momento era el director técnico de Estudiantes, me aconsejó que pare una semana para recuperarme de la parte física, ya que venía de un mes y medio ininterrumpido trabajando con la Selección. Yo hice oídos sordos y por querer seguir al ritmo de mis compañeros, que ya estaban en plena pretemporada, a mediados de septiembre el cuerpo me dijo basta. Desde ahí comencé a decaer en forma marcada. Ese fue mi gran error y por querer demostrar que podía seguir dando cada vez más, llegó un momento que no podía ni con mi alma.«.

Ya con Cacho Malbernat en el banco, lo bajaron a las inferiores para que la remara de nuevo. Incluso le ofrecieron ir a Defensa y Justicia a cambio de Pablo Lugüercio, pero se negó. Esa decisión le costó un tiempo de inactividad bastante importante y cuando muchos imaginaban que no volvería a vestir la camiseta albirroja, en abril de 2004 reapareció nada más y nada menos que en un clásico ante Gimnasia que terminó 2 a 2 (ingresó por Maceratesi).

Sin embargo, Colombano ya no era el mismo. Y no hablamos de su velocidad ni de su destreza. Había perdido ese plus de talismán que lo había hecho un jugador clave. En su regreso al primer equipo, disputó 6 encuentros y no ganó ni uno. Se le dio vuelta la tortilla.

Sin lugar y luego de masticar bronca (llegó a decir que se iba de Estudiantes porque peleaban siempre el descenso y a los pibes no le daban cabida), pasó finalmente a Defensa y Justicia (2006/07) y de allí saltó al Kansas City Wizards (2007/2008) de los Estados Unidos, donde le costó tener continuidad. «El país es hermoso para vivir, muy lindo, pero no era rentable. Se ganaba poco dinero y es muy caro para vivir. De un contrato de 70 mil dólares anuales te quedan 45 mil, porque te sacan mucho por los impuestos. Después yo tenía que alquilarme la casa y el auto, que me lo dejaban a un precio accesible por un arreglo del club con una marca. Encima después llegó el Piojo López y las posibilidades de jugar ya no fueron tantas«. Y hablando de rivales, agregó: «a Beckham lo enfrenté y lo bajé en una jugada, de atrás. No arrugué por el nombre que tiene; típico argentino, no me achiqué«. Magia.

En la temporada 2008/09 le tocó el turno de vestir la camiseta de Atlanta en la Primera B. «Me llamó Rubén Agüero, que me conoce de Estudiantes. Un lindo club, grande, pero con los problemas económicos que tienen todos los clubes de Capital Federal«. Cansado quizás de tantas promesas de instituciones con cartel pero sin dinero, bajó hasta el Argentino B para actuar en Ferrocarril Sud de Olavarría (2009) y tirarle centros a Claudio Biaggio. Pero a comienzos del torneo el Pampa se lesionó y ahora el bueno de Eloy tendría que combinar los desbordes con su cuota goleadora. Va a estar difícil la cosa, en 8 años de carrera apenas le contamos 2 tantos. Un capo.

Turrismo Aventura: AD Sagrada Cena

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Esta incesante búsqueda de clubes aptos para baldosear, nos llevó hasta la Regional Preferente de Extremadura, la quinta división de la liga española de fútbol. Ahí juega la Asociación Deportiva Sagrada Cena. Veamos qué tiene para picar.

Entrada

El club pertenece a Cáceres, una ciudad de 92 mil habitantes que es capital de la provincia homónima, situada en oeste español. No es casualidad, además, que sea el municipio más extenso del país. Los jugadores que desembarcan en esas tierras necesitan mucho espacio y no precisamente para tirar el achique.

Plato Principal

La receta tradicional de la zona es la Chafaina, una comida a base de carne de cordero, cebolla, ajo, laurel y ají, que admite otros condimentos y variantes de acuerdo al lugar dónde se cocine. Se acompaña con vino tinto, obvio. No van a ser tan cabezas de pedirse una H2O Citrus (?).

Ah, además de comer abundantemente, los hombres del Sagrada Cena acostumbran a jugar al fútbol, más o menos una vez a la semana. Los resultados, por supuesto, no son los mejores. El equipo casi siempre pelea abajo, pero con la panza llena y el corazón contento.

En el mismo torneo participan equipos como el mítico Extremadura y otros no tan conocidos por estas pampas, como el Malpartida, el Chinato y el Campanario. Aunque éste último puede que a alguno le suene.

Postre

Dato clave: el sitio oficial del AD Sagrada Cena tiene el banner de una cafetería-chocolatería de Cáceres. Es probable que el sponsoreo contemple alguna especie de canje para que sus jugadores puedan probar las delicias del local. Un cafecito con una porción de selva negra garpa bastante para terminar la noche previa a un partido.

Argentinos que actualmente hacen turrismo: aparentemente son tres. Uno se llama Ariel Battaglia, es delantero, le dicen «el Bochi», aunque también lo apodaron «El Pulcro». De los otros dos sólo sabemos que los llaman «Leo» y «Franco«.

Argentinos que han hecho turrismo: no muchos. Creemos que a partir de este informe se abre una transitada ruta, al mejor estilo Mar del Plata-Mallorca.

Probabilidades de baldosear en ese club: 80%. Sabemos que hay jugadores como Cristian Fabbiani, Ángel Puertas, Sebastián Cobelli, Federico Nieto, el Ancho Ibarra y muchos otros que marcarían la diferencia en una liga así. Pero jugar con exceso de peso no es para cualquiera. El profesionalismo a baja escala exige, también, cierto compromiso con el estado físico si el objetivo es consagrarse deportivamente. Ahora bien, si lo que estaba buscando, usted Señor baldosero, es morfar a cuatro manos, ni lo piense. El Sagrada Cena siempre tiene un lugar más en la mesa.