Under ladrón: Wander de Almeida

Wander Antonio de Almeida

Podríamos limitarnos a decir que Wander en inglés significa deambular y esto resume la carrera del jugador en cuestión. Sería el post más corto de la historia, apto para el Twitter de la dama o el caballero.

Pero la trayectoria de Wander Antonio de Almeida, nacido el 5 de mayo de 1977 en Cristiano Otoni, un pueblito de poco más de 5 mil habitantes ubicado en Minas Gerais (Brasil), es digna de conocerse.

Este volante ofensivo arrancó jugando en el popular Rubro Social Esporte Clube de Río de Janeiro (1996/1997) y luego pasó al Vasco da Gama (1997). Despuntaba el vicio en el famoso Serrano Football Club carioca (1998) cuando un empresario le ofreció probarse en River Plate.

El mineiro armó las valijas y se subió al avión. De su paso por el Millonario se llevó la amistad de Guillermo Pereyra y Franco Costanzo. También tenía buena relación con Santiago Solari, y los hermanos Aimar, Andrés y Pablo. En Nuñez no duró mucho y la siguiente escala fue Holanda. Allí jugó en el equipo reserva del PSV Eindhoven, pero el frío, la comida y el idioma fueron determinantes a la hora de pegar la vuelta.

De nuevo en suelo argentino, se tomó el tren y bajó en la estación Banfield. En el Taladro formó parte del plantel que disputaba la B Nacional dirigido por Cachín Blanco y Claudio Jara.

Lo siguiente fue un paso por Independiente Rivadavia de Mendoza, bastante de paracaidísta. «Cuando me enteré que el profe (por Cachín Blanco) estaba en Mendoza, lo llamé inmediatamente y lo consulte sobre las posibilidades de probarme en Independiente. Lo que pasa -explicó- es que estoy de novio con una argentina y mi suegro trabaja en una empresa de esta zona. Por eso es que a mí me vendría muy bien quedarme a jugar en este club«, dijo el morocho cuando todos se preguntaban cómo había llegado.

Cuando parecía que se iba a quedar en Mendoza, le bajaron el pulgar. Volvió a Brasil para sumarse otra vez al Rubro Social Esporte Clube. En 2003 tenía todo encaminado para arreglar contrato con Atlético de Rafaela, pero terminó jugando en Argentino Quilmes. Casi lo mismo. De allí fue transferido a Ben Hur (2004), donde convirtió un gol en 11 partidos.

Después deambuló por el Argentino A defendiendo los colores de 9 de Julio de Rafaela (2005/2006), Sportivo Patria de Formosa (28 encuentros, 1 gol en la 2006/2007) y Talleres de Perico (26 presentaciones y 11 tantos en la 2007/2008).

La última temporada la dividió entre Boca Unidos de Corrientes, donde rescindió el contrato a fines de 2008 y Racing de Córdoba, donde jugó poco y nada. «Llegué a Racing con muchas expectativas, pero no le recomendaría a nadie ir a ese club. No cumplieron nunca económicamente, y aunque jugué, cuando lo echaron sin sentido a Bonetto, con Ranalli perdí mi lugar en el equipo, y cuando no cobras y tenés una beba de 7 meses y una esposa en Rafaela, se hace muy difícil estar bien«, se excusó el brasileño.

Hace algunas semanas hizo la gran Salmerón. Fue presentado como jugador de Alumni de Villa María para la temporada 2009/2010, pero cuando se enteró de que el entrenador que lo pidió renunció (sí, Marcelo Bonetto, que se fue a Instituto), apareció como refuerzo de Crucero del Norte, donde comparte plantel con Derlis Soto y Gonzalo del Bono.

Cae al mar II

aimarpassarella

Si cerramos los ojos e imaginamos una parva de adolescentes chillando por un autógrafo de Aimar, ineludiblemente vamos a pensar en Pablito. Pero eso sucede porque no estuvimos lo suficientemente atentos durante los 80’s, cuando el único Aimar que rompía corazones era Carlos.

En la foto, observamos al ex entrenador del Logroñés su momento de mayor exposición, cuando permitía que tanto groupies como colegas y fotógrafos subieran a su avión personal. De más está decir que el Cai siempre fue tipo generoso. Y si las chicas querían autógrafos, tenían que hacer felices a todos los pasajeros.

Sosa Hernán

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Hernán Fernando Sosa

Mucho antes de que Ariel Alcami nos deslumbrara en Atlanta con sus famosos pero ineficientes laterales al segundo palo, otro marcador de punta se destacó por la potencia de sus brazos en la Primera División del fútbol argentino. He aquí el recuerdo para el Negro Sosa, uruguayo que vistió sin pena ni gloria la casaca de San Lorenzo de Almagro.

Jugaba en Bella Vista de su país, junto a Rubens Navarro y Heber Bueno, cuando el Bambino Veira los fue a ver y quedó maravillado con el nivel de los tres y se los llevó para el Cuervo en 1983. «Conmigo quedó encantado, porque me habían fracturado la nariz a los diez minutos e igual seguí todo el partido. Después me hablaron algunos dirigentes. Yo ya tenía todo arreglado con Luis Cubilla para irme a Olimpia de Paraguay y le tuve que explicar a él que quería ir a un equipo que me agradaba más«, dijo Sosa años más tarde.

La experiencia en el Ciclón, sin embargo, no fue del todo buena. Ni bien llegó tuvo una lesión en la rodilla derecha y ese primer año jugó muy poco. Ya para 1984 se había adueñado de la camiseta número 4 pero así y todo le costaba que le aplaudieran otra cosa que no fueran los saques de banda: «Desde chico, trataba de darle importancia a una jugada que en teoría no la tiene. El Bambino, recuerdo, me ordenaba sacar con la mano al punto de penal, para que la bajara algún delantero«.

Disputó 48 partidos oficiales en estas tierras y después se fue a triunfar a…Costa Rica. Usó los colores del Alajuelense (disputó la Interamericana de 1987 ante River) y antes de dedicarse de lleno a la dirección técnica, recomendó a algunos jugadores centroamericanos a otras ligas más importantes. «A Eduardo Bennett lo conocí mientras jugaba en el campeonato hondureño. Me sorprendió la potencia que tenía y la fuerza de su remate. Le pregunté si quería ir a la Argentina y me dijo que sí. Entonces hablé con Miele y le mandé un video. Cuando hizo sus primeros goles, me emocioné mucho. Eso llevó a que siguiera enviando cassettes«, contó.

Desde el año 2000, se ha ido convirtiendo en un Beto Pascutti del ascenso tico, dirigiendo equipos como La Fortuna, Brujas, Guanacasteca, Cartagena, Santacruceña, San Carlos, Grecia y Carmelita. Y en este último club, creemos, la gente lo debe haber recibido muy bien, sobre todo después de haber leído el diario local que tituló «Sosa llega a robar«.