Para cortarse las venas…con una sevillana

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Ya sabemos que al Diego le perdonaban (y le siguen perdonando) cualquier cosa. Pero, ¿nadie le dijo que no hacía falta vestirse íntegramente de lunares? Para quedar bien con la gente de Sevilla hubiese alcanzado con estar más o menos flaco y rendir aceptablemente de la cancha. Pero no, Maradona eligió mutar en una bailarina andaluza y así se mostró ante el Mundo, junto a la pobre Claudia, que no era más que una simple víctima de los lujos del Diez.

Independiente 2003

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Con Luis Islas prolongando su carrera innnecesariamente, Cristian Castillo robando con los antecedentes y Damián Manso eternamente a punto de explotar, Independiente arrancó el segundo semestre de 2003 con la ilusión de ganar el Apertura o la Sudamericana.
No sólo no obtuvo título alguno, sino que además los malos resultado se devoraron a dos entrenadores que hoy son mal recordados en Avellaneda: Oscar Ruggeri y Osvaldo Chiche Sosa.

Colaboraron en ese proyecto fallido (15° en el torneo local y eliminado rápidamente por River en la Copa) jugadores como Cristian Tavio, Félix Benito, Pablo Brandán, Hernán Vigna, Emiliano Dudar, Diego Castagno Suárez, Rafael Olarra, José Luis Calderón, Daniel Quinteros, Hugo Morales, Damián Manso, Bruno Marioni, Lucas Molina, Matías Villavicencio, Emanuel Rivas, Juan Carlos Tissera, Damián Albil, Hernán Franco, Christian Giménez, Leonel Ríos, Raúl Damiani, Jeremías Caggiano, Cristian Zurita, Maxi Ayala, Brian Robert, Yair Rodríguez y Pablo Torres.

Musladini Hugo

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Hugo Daniel Musladini

Hay cosas contra las que no se puede luchar, son más fuertes que el ser humano. Es así, para todos, obviamente dependiendo de algunas diferencias lógicas de acuerdo a la actividad que se desarrolle. Naturalmente, los futbolistas no escapan a ello. El caso del jugador sobre el que versa este post, es una clara muestra al respecto.

Ser designado por César Luis Menotti como “El pichón de Passarella“; que la primera entrevista importante que se le hizo haya sido publicada en la última página de El Gráfico (edición 3517 del 3 de marzo de 1987); ser defensor en el Boca de los 80’s; y no ser un dotado técnicamente, fue un cóctel demasiado explosivo para el pobre Hugo Daniel Musladini.

No son demasiados los recuerdos que tengo de Musladini, es de esos jugadores de los cuales uno se acuerda más el nombre que de su desempeño en los campos de juego. Sí recuerdo una jugada en particular en un River-Boca; un centro bajo desde la derecha que Huguito quiso rechazar de cabeza, pero haciéndolo hacia abajo, por lo que la pelota picó ahí mismo y le quedó regalada a Antonio Alzamendi quien convirtió ante un atónito Hugo Gatti.

Era un central de buen físico, pero bastante tosco, una versión rústica de Jorge Higuaín, con lo que ello implica (y sin el gol del Pipa). Fue parte de la Supercopa que los xeneizes ganaron en 1989, pero en todos los partidos estuvo sentado en el banco de suplentes.

Su carrera en un punto es un misterio, con varios períodos sobre los que no hay datos. Debutó en Boca en 1986, estuvo un año en San Martín de Tucumán (1988/89 en Primera), volvió a Boca por poco tiempo (1989/90) y luego apareció en Alvarado de Mar del Plata (1994) para disputar el torneo Regional, gozando evidentemente, aún a esa altura, del favor del Flaco Menotti, quien era la cabeza de un proyecto que fracasó en la empresa de llevar a un equipo marplatense al Nacional B.

Según el Bestiario del Balón, pasó por el Independiente Santa Fe de Colombia, donde a juzgar por el post y los comentarios, no dejó un gran recuerdo.

Pep

Publicado originalmente en el buen blog Fútbol Ochentoso, que lamentablemente anunció su cierre (¿definitivo?) hace unas semanas.

Excursionistas “yo no soy culpable” 2000

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El 23 de abril de 2000 unos 200 hinchas de Excursionistas invadieron la cancha y golpearon a algunos jugadores de Comunicaciones, entre ellos Adrián Barrionuevo. El delantero fue el más perjudicado, a tal punto que tuvo que dejar el fútbol por aquel tremendo episodio. En la otra vereda, los jugadores de Excursio se empeñaron en tratar de demostrar la injusticia en la decisión de la AFA de quitarle 21 puntos al club y lucieron esta camiseta fabricada por Dana con la inscripción “yo no soy culpable“. Razón tenían, pero el mensaje quedó desubicado al lado del dolor de un colega.

(Gracias Costacurta)

Fuera de stock: Los Salieris de Chilavert

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La dominante figura de José Luis Chilavert como arquero goleador, generó en sus colegas una marcada tendencia ofensiva que encontró su pico a mediados de los 90’s y fue menguando a medida que se fue desarrollando el nuevo siglo.

De esa manera tuvimos la suerte de ser contemporáneos de la ola de los porteros como protagonistas de penales, tiros libres e incluso cabezazos. Algunos como Pontiroli, Cuenca, Luchetti o Saja, trascendieron la atractiva moda y con el tiempo se fueron metiendo al club de los clásicos guardavallas con gol, como Rogerio Ceni e Higuita. Pero otros, sólo fascinados por la posibilidad de salir en la tapa de un diario o simplemente por el hecho de imitar e incluso vengar al prócer paraguayo, terminaron prendiéndose a una movida que no en todos los casos dio buenos resultados.

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Tú no has ganado nada

Sandro Guzmán declaró, jugando para Boca y en la previa de un match ante Vélez, que tenía en mente hacerle un gol a Chilavert. Como se imaginarán, ocurrió lo opuesto y el que embocó a su rival fue el que popularizó el Bulldog en el pecho.

Faryd Mondragón también se hizo el valiente aprovechando la pena máxima ante el capitán del Fortín, en el Apertura ’97. Pero nadie le avisó que además de convertir tenía que atajar. Ese día Independiente se comió 5 en su propia casa.

Roberto Bonano, en una etapa donde estaba cambiando de personalidad y quería ser provocador, le hizo un gol desde los once pasos al paragua, en aquel recordado encuentro de la Copa Mercosur de 2000 que encuadró el arquero vencido con una declaración contundente: “le pegó con un periódico“. Esa noche Chila también mojó.

Nacho González (8 tantos en la temporada 1996/97) y Terremoto Cejas (7 entre 1999 y 2001), demostraron cierta regularidad pero no se afianzaron como referentes del arquero artillero. Labarre, Sodero, Sala, Sanzotti, Varisco, Yorno, Campestrini, Roa y Ustari también se encargaron de los penales a favor.

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Con barrera
Envalentonado por el cartelito de “Chila bueno” que le había adosado la revista El Gráfico, Sebastián criollita Saja fue uno de los tantos que se animaron a patear tiros libres, como Peratta o Cejas. Ninguno tuvo efectividad en Primera.

Tampoco la tuvo el Flaco Vivaldo en 1999, cuando ejecutó una falta en la campaña que terminó con el ascenso del Funebrero. Bossio, después de su recordado gol de cabeza ante Racing, también probó con una pelota parada ante Ferro pero su intento se estrelló contra el caño horizontal.

Uno que pasó vergüenza fue Leo Díaz, el ex arquero de Colón e Independiente. Jugaba para el Sabalero cuando cruzó toda la cancha en un partido ante Boca, en el Apertura 2000, y sacó un disparo que salió 2 metros encima del travesaño. Encima el caradura, sabiendo de su limitación a la hora de jugar la pelota con los pies, declaró “Estas cosas no se practican, salen. Antes del partido, habíamos planeado con Javier Delgado una jugada para distraer en caso de que hubiera un tiro libre. Por eso fui, para hacer lo que habíamos conversado. Pero creo que no me entendió, se quedó parado y por eso no la pudimos hacer. Entonces, finalmente decidí patear directo al arco“. Lamentable.

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De cabeza a la gloria

Como ir, van todos. Cuando las papas queman y se consumen los segundos finales, los arqueros suelen correr hasta el área de enfrente para convertirse en héroes. Sin embargo, son muy pocos los que han provocado el milagro. Chiquito Bossio, en el Clausura ’96, se apoderó de un pedazo de historia cuando metió un cabezazo en el Cilindro de Avellaneda que sirvió para igualar 1 a 1 ante Racing.

Un par de años más tarde, César Labarre se tuvo a fe en un córner e impulsado por los insultos de su gente se tiró de palomita, convirtiendo el agónico tanto con el que Nueva Chicago le empató a Arsenal de Sarandí en tiempo de descuento.

En 2004, Pablo Santillo utilizó el recurso del testazo en un partido que Atlanta perdía ante Central Córdoba, en Rosario. El ex guardameta del Chacarita colocó el empate sobre la hora y desató la locura de los hinchas bohemios.

Aparte otra cosa

Hoy que la costumbre de convertir ha mermado en el puesto, queda en evidencia que aquella seguidilla de arqueros arriesgados sólo fue una moda impulsada por la admiración, el odio o el sentimiento de venganza hacia uno de los mejores extranjeros que han pisado canchas argentinas. Gracias a Chilavert tuvimos la fortuna de ver a Leo Díaz, un tipo que sólo usaba los pies para caminar, parado frente a una barrera y poniendo cara de “la voy a poner en un ángulo”.