
Julio Elías Musimessi. Arquero argentino. Jugó entre 1944 y 1961.

Julio Elías Musimessi. Arquero argentino. Jugó entre 1944 y 1961.
Marcelo Alejandro Rouillet
Tan baldosero como el taxi de Allegue o el sexto dedo del Nachi Medina, el apellido Rouillet está emparentado emocionalmente con ese grupo de pibes que apareció en la Primera de River Plate a comienzos de la década pasada de la mano de Daniel Passarella.
Lateral izquierdo y dueño de una frondosa melena de rulos, tuvo su debut y despedida en la octava fecha del Apertura ’90, cuando ingresó por el Pipa Higuaín en la victoria 4 a 0 sobre el San Lorenzo de Saporiti, con goles de Ramiro Castillo, el Polillita da Silva y el Mencho Medina Bello en dos oportunidades.
En algún momento, su nombre sonó en un paquete de futbolistas que iban a pasar a Gimnasia La Plata a cambio de Rolando Mannarino, pero la transferencia quedó en la nada. Después, como Matías Díaz de Borbón, Gabriel Del Valle Medina y Sebastián Ablín, desapareció de los primeros planos.
Volvió a asomar la cabeza en la temporada 1992/93, cuando jugó con el Deportivo Armenio en la Primera B. Un año más tarde, bajó a la Primera C para actuar en Tristán Suárez. Y allí formaría parte, en la temporada 1994/95, de una defensa que ayudaría al arquero Alejandro Otamendi a permanecer 1115 minutos con la valla invicta y romper de esa manera el récord que estaba en poder de Daniel Tremonti, de Barracas Central.
En la final del octogonal de la misma temporada, marcó un gol ante Berazategui que significó un importante empate como visitante que luego, con victoria en la cancha del Lechero, se transformaría en el ascenso a la Primera B. Como premio, en la 1996/97 dio sus últimas señales en esa categoría y, a juzgar por la foto y la información que manejamos, decidió ponerle coto a su carrera.
(Gracias Manute)
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Fernando Alberto López
La historia de los equipos de fútbol esta hecha por jugadores, que al fin y al cabo son seres humanos como cualquiera de nosotros. Y a los que les pasan cosas, como a nosotros. Unos cuantos trascienden, llegan muy alto en su carrera y son reconocidos por ello. Otros quedan en el olvido. Pero hay algunos a los que la vida les dio un cachetazo y tuvieron la fuerza de voluntad suficiente como para levantarse y demostrar que se puede volver a vivir a pesar de los infortunios.
El caso de Fernando Alberto López merece ser destacado. Su historia en el fútbol fue fugaz y no por cuestiones del deporte precisamente. Había debutado en la Primera de Argentinos Juniors en abril de 1992, con 19 años recién cumplidos, en ocasión del empate sin goles entre el Bicho y Unión de Santa Fe en cancha de Deportivo Español. Un par de fechas más tarde José Yudica, el DT que lo puso en Primera, dejó su cargo y Patricio Hernández lo sucedió.
López al principio no fue tenido muy en cuenta -jugó 5 partidos en ese Clausura- pero al comenzar el Apertura ’92 tuvo más minutos en cancha. Alternaba entre ser titular e ir al banco de suplentes, pero siempre era tenido en cuenta. En noviembre de ese año, Patricio Hernández fue reemplazado por ‘Chiche’ Sosa y López no volvió a jugar. Finalizado el torneo, Argentinos debía mejorar y mucho si quería evitar el descenso.
Pero lamentablemente, la vida le tenía preparado un mal partido a Fernando López. Una noche lluviosa en vísperas de la Navidad de ese 1992, un accidente automovilístico, una lesión en la columna vertebral que trunca su carrera como futbolista.
Con el tiempo, pudo revertir el mal momento en base a empeño, dedicación y apoyo y contención de amigos y familiares. Recordamos su presencia en la re-inauguración del Estadio de Argentinos, allá por diciembre de 2003. Y no importó que no pudiera ser como futbolista. Él se merecía estar ahí, porque fue parte de la inagotable cantera de jugadores que surgieron de Argentinos.
Fueron tan sólo 17 partidos con la camiseta del Bicho, pero podrían haber sido muchos más. El partido más difícil e importante, lo revirtió con mucho esfuerzo, y lo terminó ganando…
(Publicado originalmente en «¿Te Acordás Bicho?«)
Gastón Alberto Pernía
Los Pernía son como los Gatti, cuando pensás que los conocés a todos siempre aparece uno nuevo que agiganta el mito. En este caso, vamos a repasar la trunca carrera de otro hijo futbolista de aquel recio marcador de punta que tuvo Boca en los 70’s. No nos referimos a Mariano ni a Leonel, sino al menos exitoso de los hermanos deportistas: Gastón.
Nació en Tandil el día de los inocentes de 1973 y por lo tanto, nadie se lo tomó en serio. Su viejo, tal vez para incentivarle la práctica del fútbol como hizo con los demás, lo llevó a Boca Juniors, donde Silvio Marzolini le bajó el pulgar. «Temía que pensaran que estuviera allí por amistad, aunque nosotros nunca fuimos amigos. Ver a Gastón con la camiseta de Boca sigue siendo un sueño«, decía el Tano en 1993.
Por entonces, su hijo actuaba como lateral izquierdo en la Reserva de San Lorenzo de Almagro, donde ya habían planeado desprenderse de él. De hecho, ese mismo año lo cedieron al Deportivo Armenio gracias al famoso convenio que incluyó una camiseta con el escudo de ambas instituciones.
Mientras tanto, su padre insistía: «Técnicamente es un jugador de características parecidas a las mías, no es un exquisito. Es muy disciplinado y le gusta mucho trabajar en la parte física; además, se cuida como debe para poder rendir«. Vicente, se notaba, quería lo mejor para su pibe.
Lo raro es que después de muchos años de pocas certezas sobre su paradero, a comienzos de 2001 reapareció de forma brillante. Estaba en su casa de Tandil, medio aburrido, cuando se enteró que Boca estaba entrenando en la ciudad. Y bueno, no le costaba nada, así que se mandó.
El 22 de enero de ese año jugó para el Xeneize un amistoso ante Gimnasia La Plata. El equipo dirigido por Bianchi ganó 1 a 0 y alineó a Muñoz; Sergio Páez, Joel Barbosa, Gastón Pernía e Imboden; Marchant, Pinto, Javier Villarreal y La Paglia; Adrián Guillermo y Esteban Herrera. Equipazo.
El sueño se le terminó pronto, claro. Y entonces se dedicó a ganar dólares en Estados Unidos. ¿Con el fútbol? No, con el Indoor Soccer. Y jugando con las camisetas del Chicago Storm, Orlando Sharks o directamente entrenando chicos de una escuelita de Florida ha sabido sobrevivir. Lo que no le vamos a permitir son estas declaraciones sobre la actividad que practica. La verdad, nos parecen un exceso:
«En este juego si te desconcentras, si pestañeas un poquito despacio, te hacen un gol…Inclusive las paredes son un jugador extra que hay que saber usarlo, es un juego que lleva adaptación…Yo creo que es el mejor deporte del mundo».