Especiales: el hijo de Rudy Chernicoff

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A mediados de la década del ochenta, la revista El Gráfico dedicó varios centímetros de espacio para presentar en sociedad al hijo del humorista Rudy Chernicoff. De nombre Javier y acusando 15 años de edad en su DNI.

La nota, con un olor a chivo tremendo por la inminente presentación del espectáculo unipersonal de Rudy llamado “El señor del baño”, se encargó sin embargo de manijear bastante al volante por izquierda que, según decían, se afirmaba cada vez más en la séptima de Argentinos Juniors.

Para los que ya están pensando mal del Semillero del Mundo, vale aclarar que el surgimiento de Javier Chernicoff no puede endosarse de ninguna manera al Bicho, ya que en realidad había arribado dos años antes procedente de Atlanta y por expresa recomendación de Silvano Espíndola.

En el sinuoso camino al fútbol grande, Javier conoció cara a cara a Fernando Batista, hermano menor del Checho, y tras compartir con él algunos entrenamientos, se ve que en algún momento de su adolescencia, tiró todo por la borda y siguiendo el mandato familiar se volcó a la bohemia. Obviamente jamás llegó a asomar la cabeza en el fútbol, pero de todas maneras se las arregló bastante bien para darle sin asco a la batería y por lo menos hacer ruido en serio.

Nieto a Racing 2008

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Habiendo eliminado el descenso a través de una promoción ante Belgrano de Córdoba, el Racing del Chocho Llop buscaba un delantero de área para encarar la temporada 2008/09 sin la eficiente presencia del Colorado Facundo Sava.

La crisis institucional de La Academia complicó las cosas más de lo esperado y los refuerzos de categoría tardaron en llegar…o mejor dicho, nunca llegaron. Al técnico se le había ocurrido que la solución para la anemia ofensiva era el arribo de Federico Nieto, centrodelantero de dudosa efectividad. Y hacia él apuntaron las negociocaciones.

Con el pase sin arreglar (le pedían a Racing 600 mil dólares por el préstamo, más los pases de Prichoda y Sánchez Sotelo), el jugador se incorporó a los entrenamientos en Avellaneda y después de cuatro prácticas abandonó el club para sumarse a Banfield, equipo para el que finalmente disputó el Apertura 2008 con estadísticas negras: 8 partidos y ningún tanto.

En el Clausura 2009 fue el innecesario 9 del Huracán de Cappa, donde se mostró por debajo del nivel de sus compañeros pero al menos se dio el gusto de hacerle un gol al Racing de Llop.

No te saluda por la gripe A, pero quedate tranquilo

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A raíz de sus goles y sus buenas actuaciones, Jorge Luis Gabrich pasó gran parte de su juventud fuera de la Argentina. Y esa lejanía con la tierra que lo vio nacer le hizo perder contacto con cosas muy importantes para cualquier ser humano.

En uno de sus tantos regresos a Rosario, a fines de los 80’s, comprobó lo cruel que suele ser la carrera del futbolista errante. No sólo parecía un bicho raro vestido a la europea, con chomba salmón y pantalón con tramado escocés, sino que además había estado ausente en un momento especial en la vida de los Gabrich.

Unos días antes de su llegada al país, su hermana menor murió de un ataque de risa y alguien de la familia, que la noche anterior había visto «Fin de semana de locura«, tuvo la brillante idea de disimular el fallecimiento de la pobre adolescente, vistiéndola de forma horrible y parándola defectuosamente para recibir al goleador. Lo que hace la familia para que uno no sufra…

Martínez Pandiani Jorge

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Jorge Adrián Martínez Pandiani (Cachito)

La eterna (?) discusión de si la salvación económica puede darse más fácil baldoseando que agarrando los libros, parece llegar a su fin cuando hurgamos un poco en la historia del homenajeado de turno. Y el veredicto, para que tengan en cuenta las futuras generaciones de futbolistas no tocados por la varita, es contundente. Hay que estudiar.

Con la pregunta resuelta acerca de si conviene patear la caprichosa o patear para tomarse el bondi a la facultad, el tema pasa por saber qué estudiar. Para los indecisos, una opción podría ser tomar el ejemplo exitoso de tipos como Cacho Martínez Pandiani.

Defensor temperamental, nacido a comienzos de la década del sesenta y surgido de las inferiores de Racing en los inicios de los ochenta, su camino al fútbol grande fue mucho más mediático que lo habitual. Porque llevar el brazalete de capitán todos los martes en el Torneo Proyección 86 le hizo, por lo menos, ser un apellido conocido. Obviamente no ganó él solo ese campeoato juvenil en 1983. Lo hizo acompañado de Zubzuck, Héctor Fernández, Williner, Garzete, Jorge Acuña, Anciart, Marcos Leiva, Gaby De Andrade, Gustavo Calderón y el Torito Raffo. La formación base que usó la victoria ante la Lepra en la final como trampolín para pegar el salto.

Pero en el tsunami que fue la Academia ese año, la mayoría no pudo hacer pie en primera. Y el caso más emblemático es tal vez el de Martínez Pandiani. Debutó oficialmente en el incendio que fue la última fecha del Metropolitano 1983 entrando a los once del segundo tiempo por Lozano. Esa histórica visita al hoy demolido estadio de la Doble Visera (que incluyó en el combo derrota 0-2, vuelta olímpica del Rojo y retirada a los vestuarios como jugador descendido), paradójicamente, debe ser uno de sus recuerdos más atesorados. Porque ese partido, en realidad esos treinta y cuatro minutos, fueron sus únicos en la máxima categoría. Aunque lo de máxima categoría es una forma de decir, ya que ese partido Racing lo afrontó con el pasaje a la B comprado.

La experiencia de yirar en el ascenso debe haber influido seguramente en la ruta elegida. En 1985 se fue a Los Andes, en 1987 le empezó a dar más bola a los libros a tal punto que fue bañado en harina y huevos al recibirse de abogado y un año más tarde, con apenas 24, colgó los botines. La temprana retirada le hizo reflexionar bastante sobre su fugaz paso en el fútbol: “…sin dudas nos perjudicó el momento que vivía el club y la falta de una base en la Primera. En ese entonces, a los chicos se les exigía ser salvadores. El Torito Raffo, un nueve de área y goleador, hizo tres o cuatro goles en la misma cantidad de partidos, pero después no repitió eso y lo sacaron. A Gaby De Andrade, otro talentoso, le pasó lo mismo y al cuarto partido lo mandaron a San Miguel. A Horacio Williner y a Garzete los mandaron a Lanús y a mí a Los Andes. Recién con el Coco Basile se revirtió la crisis, pero ya era tarde. Casi todos nos habíamos ido…”.

Tras consolidarse como abogado y poner su estudio sobre la avenida Mitre en Avellaneda, sospechamos que debe haber tenido en el laburo toda la suerte que le faltó en el fútbol. Y a las pruebas nos remitimos tras su inesperada reaparición en el verano de 2008 haciendo unas compritas en Mar de las Pampas. La verdad, parece que mal no le va.

Racing amarillo y negro (1973)

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En 1904, cuando Racing todavía no había adoptado sus colores definitivos, una asamblea de  socios resolvió que el club utilizaría una camiseta amarilla y negra a bastones verticales. Sin embargo, esta postura duró apenas una semana, ya que se decidió dejar estas tonalidades de lado, por su similitud con Peñarol de Uruguay.

Casi siete décadas después, el equipo de Avellaneda volvió a usar, aunque por poco tiempo, una camiseta con esos colores. Fue en 1973, en épocas de Néstor Scotta, Hugo Gottardi,  Roberto Díaz y Alberto Mario Jorge. Ese fue el último homenaje de Racing a una de las primeras camisetas de su historia, hasta que llegó el recuerdo a la camiseta rosa y celeste en 2005

(Gracias Filsan)