



Sergio Daniel Cresta
Digamos la verdad. El tipo perdió la gran chance de aprovechar y explotar su apellido hasta ganar la tan preciada tranquilidad económica. Podría haber popularizado el movimiento punk en la Argentina antes que Los Violadores. Pero no, por entonces era muy pendejo y no alcanzaba a divisar la importancia de llamarse Cresta.
Nacido el 5 de octubre de 1967 en la ciudad de Córdoba, hizo las inferiores como volante ofensivo en Instituto (1986 a 1988) y allí mismo debutaría oficialmente, compartiendo vestuarios con el Coco Reinoso, Dalcio Giovagnoli, Enrique Nieto, José Paniagua y Renato Corsi, entre otros.
Con tan sólo 4 partidos en la máxima categoría y sin demasiado interés por parte de los equipos que peleaban cosas importantes, se armó una carpeta con recortes y salió a ganarse la vida por el Mundo, bajo la filosofía del Do It Yourself.
Después de jugar en el fútbol del interior (Alvarado de Mar del Plata, por ejemplo), en julio de 1991 apareció en Europa y estuvo probándose en el Hospitalet, de la Segunda División B española. En las prácticas y partidos amistosos, el pibe la rompió, pero su condición de extranjero le jugó en contra y se quedó con las ganas de actuar oficialmente.
Se dijo por esos días que tenía una chance de incorporarse al Espanyol de Barcelona. Pero los punkies no gustan de Los Pericos, y menos de Los Periquitos. Entonces nunca más supimos de él.
Nos gustaría saber si escucha Los Ramones o La Polla Records, si alguna vez fue a un show de Attaque 77, Dos Minutos o aunque sea a uno de Shaila. Es más, también lo vamos a querer si le tiene bronca al gordo de Airbag (?). Pero por favor, Dios no quiera que haya utilizado su grandioso apellido para laburar de Pollo Justiciero en Bahía Blanca. Enterarnos de su falsedad fue difícil de digerir. Aunque pensándolo bien, un pollo bien puesto – en el punk – no está mal visto.
Visitá Troncazos.

A mediados de la década del ochenta, la revista El Gráfico dedicó varios centímetros de espacio para presentar en sociedad al hijo del humorista Rudy Chernicoff. De nombre Javier y acusando 15 años de edad en su DNI.
La nota, con un olor a chivo tremendo por la inminente presentación del espectáculo unipersonal de Rudy llamado “El señor del baño”, se encargó sin embargo de manijear bastante al volante por izquierda que, según decían, se afirmaba cada vez más en la séptima de Argentinos Juniors.
Para los que ya están pensando mal del Semillero del Mundo, vale aclarar que el surgimiento de Javier Chernicoff no puede endosarse de ninguna manera al Bicho, ya que en realidad había arribado dos años antes procedente de Atlanta y por expresa recomendación de Silvano Espíndola.
En el sinuoso camino al fútbol grande, Javier conoció cara a cara a Fernando Batista, hermano menor del Checho, y tras compartir con él algunos entrenamientos, se ve que en algún momento de su adolescencia, tiró todo por la borda y siguiendo el mandato familiar se volcó a la bohemia. Obviamente jamás llegó a asomar la cabeza en el fútbol, pero de todas maneras se las arregló bastante bien para darle sin asco a la batería y por lo menos hacer ruido en serio.

Habiendo eliminado el descenso a través de una promoción ante Belgrano de Córdoba, el Racing del Chocho Llop buscaba un delantero de área para encarar la temporada 2008/09 sin la eficiente presencia del Colorado Facundo Sava.
La crisis institucional de La Academia complicó las cosas más de lo esperado y los refuerzos de categoría tardaron en llegar…o mejor dicho, nunca llegaron. Al técnico se le había ocurrido que la solución para la anemia ofensiva era el arribo de Federico Nieto, centrodelantero de dudosa efectividad. Y hacia él apuntaron las negociocaciones.
Con el pase sin arreglar (le pedían a Racing 600 mil dólares por el préstamo, más los pases de Prichoda y Sánchez Sotelo), el jugador se incorporó a los entrenamientos en Avellaneda y después de cuatro prácticas abandonó el club para sumarse a Banfield, equipo para el que finalmente disputó el Apertura 2008 con estadísticas negras: 8 partidos y ningún tanto.
En el Clausura 2009 fue el innecesario 9 del Huracán de Cappa, donde se mostró por debajo del nivel de sus compañeros pero al menos se dio el gusto de hacerle un gol al Racing de Llop.
A raíz de sus goles y sus buenas actuaciones, Jorge Luis Gabrich pasó gran parte de su juventud fuera de la Argentina. Y esa lejanía con la tierra que lo vio nacer le hizo perder contacto con cosas muy importantes para cualquier ser humano.
En uno de sus tantos regresos a Rosario, a fines de los 80’s, comprobó lo cruel que suele ser la carrera del futbolista errante. No sólo parecía un bicho raro vestido a la europea, con chomba salmón y pantalón con tramado escocés, sino que además había estado ausente en un momento especial en la vida de los Gabrich.
Unos días antes de su llegada al país, su hermana menor murió de un ataque de risa y alguien de la familia, que la noche anterior había visto «Fin de semana de locura«, tuvo la brillante idea de disimular el fallecimiento de la pobre adolescente, vistiéndola de forma horrible y parándola defectuosamente para recibir al goleador. Lo que hace la familia para que uno no sufra…