Un Perico diferente, un Perico de la gente (?)

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Vamos por partes. Pedro Perico Ojeda no es baldosero, pero extrañamente fue posteado allá por mayo de 2005 y nunca tuvimos tiempo (?) de indultarlo. Ahora que nos acordamos de él, es una fija para volar de este sitio a fin de mes.

Pero vayamos a lo importante. Gracias al comentario de un lector nos enteramos que el ex Racing e Instituto, ya retirado del fútbol, es candidato a Diputado y por supuesto, sale a las calles de San Luis para hacer campaña, repartiendo folletos y escarapelas.

Podríamos decir muchas cosas. Pero la realidad nos supera.

Ver:

Perico Ojeda salió a la cancha.
Cruces de Campaña.

Farías al Toluca 2007

El pase del Ernesto Farías al Toluca fue una de las novelas más bochornosas de los últimos tiempos. En el mercado invernal de 2007, el ex Estudiantes y Palermo de Italia tenía todo arreglado para irse a México por 4 años a cambio de 4 millones de dólares (lo mismo que ofrecía el Lorient francés) y un suculento contrato.
Tan convencido estaba que en el Aeropuerto de Ezeiza, antes de subirse al avión, ya se animaba a posar con su futura camiseta.
La sorpresa se la llevaron todos a los pocos días de firmar los papeles correspondientes y presentarlo oficialmente ante la prensa, cuando el Tecla decidió dar marcha atrás la transferencia y pegar la vuelta a la Argentina. «Me vuelvo de México por un problema personal. Allá me han tratado muy bien pero tomé la difícil decisión de volverme. Mi mujer ha sido operada y con el tema de la altura es difícil estar. Uno también tiene que ver la salud de la familia. Volveré a River seguramente y luego se verá. Siempre hay muchas ofertas«, tiró el delantero que un principio iba a reemplazar a Erwin Ávalos.
La bronca se incrementó a niveles insospechados cuando horas más tarde Farías fue presentando como refuerzo del Porto. Los dirigentes del Toluca solicitaron un resarcimiento económico y la inhabilitación (en vano) del jugador. A su vez, los clubes mexicanos decidieron cortar relaciones con River y Boca, por lo que tuvo que intervenir el embajador argentino en tierras aztecas, Jorge Yoma.

Talleres 1 – Argentina 1

talleresargentina

Ocurrió en mayo de 1976. En su tercera actuación frente a Talleres de Córdoba (las otras dos habían sido el año anterior), la Selección Argentina dirigida por César Luis Menotti empató 1 a 1 y reventó de gente La Boutique, logrando seiscientos millones de pesos de recaudación.

El DT, consultado en su momento por la revista El Gráfico, hablaba del gran momento de La T y de su compromiso con el combinado nacional.

—Señor Menotti, ¿le gusta que la selección juegue estos partidos, contra equipos argentinos?

No, para nada. Creo que no se deben aceptar. La selección arriesga mucho y en caso de ganar no se beneficia en nada. Pero este de Talleres es un caso particular. El compromiso estaba asumido desde hace tiempo y no nos podíamos negar. Además, nosotros le debemos muchos favores especiales a este club y especialmente a su presidente. No me olvido de que el señor Nuccetelli nos programó un partido de Talleres con la selección del interior y esa recaudación permitió solventar gastos indispensables para continuar con el trabajo. También es una manera de reconocerles el apoyo que siempre nos brindaron. Llevé a casi todos los jugadores para la selección juvenil, la del interior o la mayor y nunca me dijeron nada. Es un gesto sensacional que deberían imitar otros dirigentes…

En la cancha, Binello en contra para Argentina y Fachetti para los de la Docta, convirtieron para darle forma a un empate que a la distancia, con Talleres descendido al Torneo Argentino A, parece un hecho ficticio.

(Gracias Gabi y Talleres de mi vida)

Instituto violeta y amarilla (1999)

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A pesar de que Instituto utilizó alguna vez una camiseta aurinegra, no deja de sorprender que en pleno Torneo de la B Nacional, La Gloria haya usado una camiseta violeta y amarilla (según Olé, auriazul) de la firma adidas, cuando su proveedor oficial era Diadora.

No sabemos a qué se debió el uso de la inesperada indumentaria alternativa. Enfrentar a San Martín de Tucumán exigía un cambio de colores para diferenciarse, es cierto. Pero el hecho de haber recurrido a una pilcha genérica que por aquel entonces se conseguía en cualquier casa deportiva, nos confirma algo que ya veníamos sospechando: los cordobeses nacieron para estar En El Placard.

Fernández Eber

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Eber Fernández (El Pájaro)

Futbolista de la misma raza que Hilario Navarro. ¿Pesetero y traidor? No precisamente. Mas bien es el típico argentino que realiza su carrera en la tierra de la chipa con cocido, a tal punto que para muchos es considerado paragua.

Eber Fernández nació el 10 de febrero de 1976 en Formosa. Y ya de pequeño pintaba para crack…o al menos para hacer ruido. Hizo las inferiores en Boca Juniors pero cuando tuvo edad de debutar se dio cuenta de que jamás iba a tener una chance y se marchó al fútbol paraguayo.

En 1997 llamó la atención por primera vez cuando, jugando para Cerro Porteño en un partido amistoso ante el club de sus inicios, dirigido por el Bambino Veira, le dio una patada a Claudio Caniggia que derivó en una escaramuza de la que participó Diego Maradona. El árbitro Ángel Sánchez no quiso ganarse enemigos pesados y lo echó a Eber.

Ya para 1998, Fernández era conocido como «El Pájaro«, favorecido por su pelo largo, aunque morocho. Y volvió a enfrentar al Xeneize, pero oficialmente, en un match correspondiente a la Copa Mercosur. Eber, vengándose de aquella expulsión, marcó un gol en la victoria 3 a 2 de Cerro, en Asunción.

Pero no todo lo que pasó en la carrera de Fernández tuvo que ver con Boquita. En Paraguay también jugó con los colores de Libertad (2001), Sport Colombia (2003) y Sportivo Luqueño (2004), aunque allí no regalaría tanta magia como lo hizo en la Primera División de nuestro país.

En 2002 lo repatrió Talleres de Córdoba con la intención de engordar el plantel que afrontaría el torneo local (jugó 9 partidos y no marcó) y la Copa Libertadores (1 gol en 2 encuentros). La lucha por un lugar no era taaaan jodida, sólo tenía que ganarle la pulseada a Federico Astudillo o Perico Ojeda. Pero una serie de infortunios lo postergaron durante algunas semanas. Primero, una distensión de ligamentos en su rodilla derecha le negó la posibilidad de debutar oficialmente. Y después, se abriría uno de los capítulos más gloriosos de mundo baldoseril.

En la noche previa a su estreno, ante Unión de Santa Fe, unos ladrones ingresaron al hotel Riviera de Villa Carlos Paz, donde concentraban los Tallarines, y se llevaron: bolsos, ropa, elementos personales y…el DNI más el pasaporte de Eber Fernández, quien tuvo que estampar su impresión dígito pulgar para poder jugar.

Luego del partido, el técnico Mario Ballarino y los dirigentes cordobeses, salieron desesperadamente a pedir la devolución de los documentos. El delantero tenía que actuar en la Copa Libertadores ante el América de México y dudaban de la obtención de un permiso.

Esa misma semana, el formoseño faltó a las prácticas para tramitar un duplicado que consiguió pronto…pero no todo terminaría ahí. Dos personas que decían haber «encontrado» el DNI del futbolista, fueron hasta la casa de Horacio Humoller (a quien también le habían robado) y se lo entregaron…¡a cambio de 30 pesos!

Pero faltaba lo mejor. No contentos con los 30 mangos de la extorsión, los chorros revisaron bien el bolso de Fernández y encontraron la llave de su departamento. A partir de ahí, planearon el robo del siglo: se vistieron con la ropa del jugador para no levantar sospechas y se mandaron al domicilio del pobre Eber.

Pero, como en las mejores historias, siempre aparece el héroe. El encargado del edificio se dio cuenta de la treta y los detuvo en el hall. Y sí. Eber Fernández, por primera vez en su vida, se alegró por la buena labor de un portero ajeno al club.

Castillo Rubén

Rubén Aníbal Castillo

Hace 10 años, Rubén Castillo era el zaguero central del futuro de San Lorenzo de Almagro. Se destacaba en la reserva dirigida por Ángel Bernuncio y el Gallego González y se daba el lujo de marcar a Enzo Francescoli. Atrás habían quedado las épocas en que se fue a probar a Vélez y pese a ser del agrado de los entrenadores no pudo fichar porque no había plata para el viaje en colectivo desde su Moreno natal hasta Liniers. Hoy, y desde hace varios años, su paradero es un misterio al igual que el de muchos otros jugadores que integran En Una Baldosa.

Cuando dijimos que marcó a Francescoli no mentimos, claro que no fue en un partido oficial (el uruguayo se retiró en 1997) sino en un amistoso para festejar los 108 años de Peñarol de Montevideo que se disputó en septiembre de 1999 en el mítico estadio Centenario y al que el conjunto del Bajo Flores viajó con un rejunte de pibes y suplentes.

En el segundo tiempo de un encuentro en el que lo que menos importaba era el resultado (terminó 0-0), el técnico azulgrana Oscar Ruggeri mandó a la cancha a varios juveniles, entre ellos Castillo. «Yo estaba más pendiente de Francescoli que de jugar. él iba a recibir una pelota y antes de que la parara, lo enganché abajo y cayó. Caímos los dos, el puso el cuerpo y lo barrí. Me miró feo, como diciendo qué hacés, pibe. No me lo voy a olvidar nunca«. comentó alguna vez ante la prensa. Sin embargo, su mayor complicación fue el 9 del Manya: «Habían sorteado un número para que un plateísta jugara para Peñarol. Le tocó a un pibe que se paró de nueve, y lo tenía que marcar yo. En una se me iba solo y ya estaba encarando al arquero. Lo bajé de atrás, no me quedaba otra. El Centenario se venía abajo. Me querían matar«.

Pavada de debut para el pibe que aún después del partido no caía del sueño. «Estábamos en el hotel cuando me dijeron que íbamos a cobrar 1.300 pesos por haber jugado. Yo no podía creerlo. Vinieron Borrelli y Zapata y empezaron a repartir dólares. Y no creí hasta que le cambié los dólares por pesos a Félix Benito; recién ahí me di cuenta de que no era joda«.

Luego siguió jugando en Reserva y en 2000, Ruggeri lo incluyó en la lista de buena fe para la Copa Mercosur con el número 25. En esa competición, fue suplente ante el Atlético Mineiro en el estadio Mineirão de Belo Horizonte. Desde el banco, vio el triunfo brasileño por 3 a 2.

En 2001, fue a la pretemporada y vio un poco de acción ante Racing en Mar del Plata. Desde entonces quedó relegado hasta mediados de 2002, cuando pasó a El Porvenir, para desaparecer por completo, sin dejar rastros.