Castillo Rubén

Rubén Aníbal Castillo

Hace 10 años, Rubén Castillo era el zaguero central del futuro de San Lorenzo de Almagro. Se destacaba en la reserva dirigida por Ángel Bernuncio y el Gallego González y se daba el lujo de marcar a Enzo Francescoli. Atrás habían quedado las épocas en que se fue a probar a Vélez y pese a ser del agrado de los entrenadores no pudo fichar porque no había plata para el viaje en colectivo desde su Moreno natal hasta Liniers. Hoy, y desde hace varios años, su paradero es un misterio al igual que el de muchos otros jugadores que integran En Una Baldosa.

Cuando dijimos que marcó a Francescoli no mentimos, claro que no fue en un partido oficial (el uruguayo se retiró en 1997) sino en un amistoso para festejar los 108 años de Peñarol de Montevideo que se disputó en septiembre de 1999 en el mítico estadio Centenario y al que el conjunto del Bajo Flores viajó con un rejunte de pibes y suplentes.

En el segundo tiempo de un encuentro en el que lo que menos importaba era el resultado (terminó 0-0), el técnico azulgrana Oscar Ruggeri mandó a la cancha a varios juveniles, entre ellos Castillo. «Yo estaba más pendiente de Francescoli que de jugar. él iba a recibir una pelota y antes de que la parara, lo enganché abajo y cayó. Caímos los dos, el puso el cuerpo y lo barrí. Me miró feo, como diciendo qué hacés, pibe. No me lo voy a olvidar nunca«. comentó alguna vez ante la prensa. Sin embargo, su mayor complicación fue el 9 del Manya: «Habían sorteado un número para que un plateísta jugara para Peñarol. Le tocó a un pibe que se paró de nueve, y lo tenía que marcar yo. En una se me iba solo y ya estaba encarando al arquero. Lo bajé de atrás, no me quedaba otra. El Centenario se venía abajo. Me querían matar«.

Pavada de debut para el pibe que aún después del partido no caía del sueño. «Estábamos en el hotel cuando me dijeron que íbamos a cobrar 1.300 pesos por haber jugado. Yo no podía creerlo. Vinieron Borrelli y Zapata y empezaron a repartir dólares. Y no creí hasta que le cambié los dólares por pesos a Félix Benito; recién ahí me di cuenta de que no era joda«.

Luego siguió jugando en Reserva y en 2000, Ruggeri lo incluyó en la lista de buena fe para la Copa Mercosur con el número 25. En esa competición, fue suplente ante el Atlético Mineiro en el estadio Mineirão de Belo Horizonte. Desde el banco, vio el triunfo brasileño por 3 a 2.

En 2001, fue a la pretemporada y vio un poco de acción ante Racing en Mar del Plata. Desde entonces quedó relegado hasta mediados de 2002, cuando pasó a El Porvenir, para desaparecer por completo, sin dejar rastros.

Fernández Adrián

fernandezcarucha

Adrián Gustavo Fernández (Carucha)

Sinónimo de baldosero acá, en Chile, y en la mayoría de los países que ha pisado. Su capacidad para mentir con la pelota en los pies y emocionar a la gente al mismo tiempo, le ha valido un sinfín de homenajes en foros, blogs y hasta fotologs que cuentan una por una sus más grandes anécdotas.

Surgió en Nueva Chicago, donde jugó desde 1998 a 2001 en la B Nacional y tuvo la fortuna de obtener el ascenso a Primera División, categoría en la que estuvo algunos años (2001 a 2003) haciendo de las suyas: disputó 8 partidos y no convirtió.

Delantero aunque también volante ofensivo (una manera de decir, en realidad no es muy agresivo), bajó de división para reinventarse…y vaya si lo lograría con el tiempo. En El Porvenir (2003/04) casi pasó desapercibido pero increíblemente se alinearon los planetas (y representantes, dirigentes, billetes…) y terminó en el Colo Colo (2004), uno de los equipos más importantes de Chile.

Si lo que había hecho en Argentina ya era delicioso para este sitio, definitivamente lo que hizo tras la Cordillera de Los Andes fue para ponerle una limousine manejada por Orestes Katorosz que lo dejara directamente en la alfombra roja que conduce al home de la baldosa.

Arribó a la institución junto a Darío Cajaravilla, Germán Real y Marcelo Verón, todos de la mano del entrenador argentino Ricardo Dabrowski. En su debut, el ex Chicago tuvo que enfrentar nada más y nada menos que a la Universidad de Chile. ¿Y cómo le fue? ¿Bien? No, todo lo contrario. Fernández erró dos goles imposibles de errar e inmediatamente sus jugadas comenzaron a ser conocidas como «caruchazos«.

Las críticas despiadadas no tardaron en llegar tras su primer partido y hasta su padre tuvo que salir a defenderlo. Él, por su parte, también dijo unas palabras y hasta se hizo el chileno por un rato: «Yo vine a aportar lo mío, a trabajar, a sacarme la chucha, como dicen ustedes, a meter el pecho y sé que tengo que mejorar muchas cosas todavía«.

En su segundo partido, ante el Audax Italiano, alimentaría su figura de ídolo desgraciado cuando tiró un centro muy malo que se convirtió en gol. O mejor dicho, golazo. La Garra Blanca lo ovacionó y el bueno de Carucha se largó a llorar como un niño, mostrándose totalmente vulnerable. ¿Algo más? Sí.

Ese mismo día, escupió a un jugador rival y lo expulsaron. No solo eso, sino que además le dieron 5 fechas de suspensión. De poco sirvió que le pidiera disculpas a su colega.

Para ese entonces y con sólo dos partidos con la camiseta del Colo Colo, Adrián Fernández no era un futbolista, mas bien era un chiste. Motivo de gastadas de propios y extraños, entró de cabeza en la mitología futbolera de Chile. Con muchos días para pensar y reflexionar, Carucha se alejó temporalmente de los terrenos de juego y aprovechó el tiempo para conocer Viña del Mar, todo eso bajo el seguimiento de los periodistas. Fernández, muy a su pesar, ya era una celebridad.

A su regreso, hizo todo para revertir la historia pero sus esfuerzos fueron en vano. Los colocolinos ya no esperaban buenas actuaciones de él, querían más capítulos de su antihéroe preferido.

Apenas un segundo antes de transformarse en un dibujo animado, le dieron vía libre y se fue al fútbol boliviano, más acorde a su nivel. «Tenía posibilidades de ir a otros clubes, en el mismo Chile y Colombia, pero mi representante me comentó la idea de venir aquí. Además, jugar la Copa Libertadores será importante… no prometo muchas cosas, puedo decir que vengo a trabajar«, dijo antes de ponerse la casaca de The Strongest (2005), donde tuvo momentos libres para elaborar un plan maestro: juntar petrodólares.

Así fue como un nuevo movimiento de su apoderado lo colocó en la liga de Arabia Saudita. ¿El club? Lo de menos, pero era el Al-Shabab Riyadh. Allí estuvo un semestre de 2006 y juntó unos billetitos para mitigar tantos palos en la rueda.

En la temporada 2006/07 caería en el Schaffhouse (?) de Suiza, donde sólo anotaría 3 goles en 26 encuentros, y después defendería la divisa del Saint Gallen (2007/08), equipo que le permitió mejorar su promedio, ya que anotó 3 en 25 partidos. Un capo.

De volver a la Argentina ni noticias. Y a Chile ni hablar. Desde el año pasado juega en Bulgaria: primero en el Cherno More Varna (2008) y ahora en el Chernomorets Burgas (2009). Y desde ahí trata de enganchar buena señal de wi-fi para editar su errónea ficha en wikipedia.

Mugnaini a Gimnasia LP 2001

mugnainiagimnasia

Fue una de las novelas del 2001. Julio Mugnaini había tenido sus 15 minutos de fama salvando del descenso a Belgrano de Córdoba, y algunos clubes se interesaron en contar con sus servicios.

El que mostró más interés por el delantero fue Gimnasia y Esgrima La Plata, que negoció infructuosamente durante 45 días (entre junio y agosto de 2001).

Todo empezó a mediados de junio, cuando los dirigentes del Lobo se lo ofrecieron al técnico Timoteo Griguol, que dio el OK para la contratación. De ahí en más, pasó de todo. Los clubes acordaron de palabra, Mugnaini viajó a La Plata, se hizo la revisión médica, lo presentaron en Estancia Chica y estuvo a punto de entrenarse. La transferencia se cayó, luego modificaron el acuerdo, se reflotó, se volvió a caer, el jugador regresó a Córdoba, retomaron el acuerdo inicial, se lo anunció como el primer refuerzo de Gimnasia, se habló de un préstamo, de la compra definitiva por parte de un empresario, de la inhibición que tenía Belgrano para vender, y finalmente el pase se cayó. ¿Algo más? Sí, unos días después el Tiburón casi firma con Huracán, pero al final se quedó en el Pirata.

Monsalvo (2004)

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Juramos que el de la foto es el mediocampista surgido de Huracán. La calidad no es del todo buena (ojo: no nos referimos al jugador, sino a la imagen), pero vale la pena para recordar su efímero paso por el arco del Globo. Fue por la quinta fecha del Apertura 2004 del Nacional B. El 9 de septiembre, Huracán perdía contra San Martín de San Juan 1-0 , con gol de Juan Casado. Faltando poco para el final fue expulsado el arquero Elías Gomez y Pablo Monsalvo sumó un punto más en su curriculum baldosero, al hacerse cargo del arco de su equipo. Nada cambió, Huracán perdió por la mínima y se volvió a Parque Patricios con las manos vacías.