Manis con parche (1987/88)

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El glorioso Mandiyú de la temporada 1987/88 no era un canto a la elegancia, está claro. Algunas camisetas tenían el «Cablex» borroneado, casi imperceptible. Y el arquero Oscar Manis, acostumbrado a cambiarse de equipo como de medias, no tuvo mejor idea que parchar el viejo sponsor de su buzo con cinta blanca.

Cravero 1996

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El Apertura ’96 nos regaló un momento difícil de olvidar: el Chango Cravero atajando para Lanús. Eso ocurrió el 30 de noviembre de ese año, cuando el Granate recibió al ilusionado Independiente de Menotti.

El conjunto de Cúper se puso en ventaja en el primer tiempo con un gol del mismísimo Daniel Cravero, pero no pudo sostener el resultado y se encontró con el partido igualado a los 19 minutos de la segunda parte gracias a un tanto José Luis Calderón. Todo empeoró a los 46 minutos, cuando se fue expulsado Carlos Roa por la ley del último recurso y, con un tiro libre en contra, Cravero tuvo que hacerse cargo del arco en los últimos segundos.

Aprovechando al máximo la última bola de la noche, el Toro Acuña tocó corto para Caldera, que sacó un zurdazo mordido que rebotó en el Chupa López y descolocó al improvisado arquero, que nada pudo hacer para evitar la caída de su valla. Ganó el Rojo 2 a 1.

Toledo Víctor

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Víctor Gabriel Toledo

Delantero surgido en Newell’s (1997/98) que supo alimentar sus cachetes a tal punto que algunos amigos llegaron a confundirlo con Quico y Adrián Dárgelos. Detalles físicos al margen, logró debutar de manera sorprendente en enero de 1997, metiéndole un gol a Lanús por el hexagonal de Necochea que llamó la atención de un periodista de Clarín: «Un toque corto de derecha del debutante Víctor Toledo (un atrevido de 19 años, al que solo un tirón pudo pararlo) al primer palo de Roa (…) puso la justicia«.

Al mes siguiente tuvo su estreno oficial, cuando ingresó por Bruno Marioni en el empate 1 a 1 ante el Boca del Bambino Veira. Ese año disputó otros 4 encuentros pero nunca pudo hacerlo de forma completa.

Repetiría su acotada participación al año siguiente, aprovechando unos pocos minutos repartidos en 3 cotejos. En uno de ellos, ante San Lorenzo y en el Nuevo Gasómetro, se sacó las ganas de gritar un gol en Primera cuando le convirtió al Flaco Passet. Ese día La Lepra se llevó un buen punto gracias a nuestro homenajeado.

Como la mayoría de las promesas sin consolidar de Rosario, bajó hasta el Nacional B para ponerse la camiseta de Argentino (1999-2000), en un paquete que incluía a Pablo Pooli, Damián Teres, Andrés Malvestitti, Ariel Ruggeri, Matías Gigli, Mauro Gerk y Nicolás Pavlovich.

Luego de años de no saber nada de él (tampoco fue que nos preocupamos taaaaanto), lo encontramos en el fútbol regional donde, a juzgar por la imagen, no la pasa nada mal. Después de vestir los colores de 13 de Junio de Pirané, volvió a Santa Fe y defendió la divisa de América Cañada de Gómez.

A comienzos de 2008 se incorporó a El Porvenir del Norte, donde seguramente habrá esperado un recibimiento descomunal. Pero no, la vida suele ser injusta y su nombre ni siquiera aparece en la encuesta de las mejores incorporaciones del año que publicó el sitio El Canducho.

¿Cuatro meses? La sacaste barata

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La pendeja se había encaprichado, quería tener a un jugador de Boca como padrino de su fiesta de quince años. Los padres, que no toleraban ver triste a la nena, hicieron todo lo que tuvieron a mano para cumplirle el deseo. Llamaron a Márcico pero el Beto se excusó diciendo que ese día tenía que hacer un tratamiento para dejar la Coca Cola. Telefonearon a Navarro Montoya, pero en medio de la conversación se cortó la luz y por las dudas no siguieron adelante.
Cuando parecía que el sueño era imposible, a la madre se le prendió una lamparita «¡Ya está, llamemos a Giuntini! Ese seguro agarra por dos mangos«

Así fue como lo citaron para un domingo y el rubio aceptó. Despistado como pocos, el defensor no se percató de que ese día jugaba un partido ante Vélez. Para no quedar mal con la familia que lo había contratado, no le dijo nada a sus compañeros y ni bien terminó el match se puso la bermuda rayada, agarró el botinero multicolor y salió rápidamente hacia el salón. Una vez en la puerta, se sacó una foto con la cumpleañera, saludó a un típico fan xeneize y volvió a Liniers para hacer el control antidoping del encuentro que había jugado minutos antes. Cuando llegó se encontró un panorama desolador. El médico no estaba y sus compañeros tampoco. Sólo un ácido plateísta velezano lo vio perdido y le gritó «¡Giuntini, te vas a comer 4 meses de suspensión!«. ¿Por llegar tarde?», contesto el pelilargo. «No, por vestirte así, hijo e’ puta«.

Acoglanis Diego

Diego Hernán Acoglanis (El Tata)

Rosario no es una ciudad más. Da para especiales, no quedan dudas. La cuna de la bandera, buenas minas, capital mundial del gatopán, la tierra de Fontanarrosa, el Negro Olmedo, y cómo olvidarse del Pájaro Gómez y Vilma Palma e Vampiros. Rosario es, también, una fuente inagotable de baldoseros.

Rubio y metedor, Diego Acoglanis, volante central de profesión, emergió de las divisiones inferiores de Rosario Central en el momento equivocado. Integrante de la cuarta división campeona en 2001 junto con Mauro Poy, Leonardo Borzani, Luciano Figueroa, Leonardo Talamonti, Mariano Echagüe, Agustín Lastagaray Toledano y Emiliano «Habemus» Papa, entre otras eminencias, nunca tuvo la posibilidad de ganarse en lugar en el plantel de Primera pese a que sus compañeros solían ser el manotazo de ahogado del técnico de turno.

Siempre estuvo ahí, al pie del cañón, cumpliendo en Reserva hasta mediados de 2004, cuando quedó en libertad de acción. ¿Sus quince minutos de gloria? Un amistoso televisado ante Quilmes en el que reemplazó a Diego Erroz.

En 2002 estuvo cerca de incorporarse a Instituto Atlético Central Córdoba, pero el pase quedó en la nada. Dos años más tarde, se sumó a Central Córdoba (2004/2005), pero de Rosario. Ahí se dio cuenta que batallar las canchas del ascenso nacional no era lo suyo y cruzó la Cordillera.

En Chile, defendió los colores de Coquimbo Unido (2006). No dejó un gran recuerdo y se fue (bueno… lo fueron) rápido a Europa, a ganarse unos euros en el under español, jugando para el Club Deportivo Lalín (2006).

La llegada del Tata a la madre patria estuvo plagada de expectativas, por parte de los hinchas y de los dirigentes, que soñaban con el ascenso a la Segunda B. Pero la campaña fue desastrosa y el rosarino debió buscar nuevos horizontes para conquistar apenas seis meses después de haber arribado al viejo continente.

En 2007, con el pasaporte comunitario en la mano se fue a Italia, donde creyó que tendría inmunidad para robarla descaradamente. Allí estuvo hasta hace algunos meses en el Nuovo Campobasso Calcio, de la Serie D.

No sabemos si anduvo bien o no, pero que aprovechó las bondades de la tecnología siglo XXI es una certeza, un par de partidos televisados le bastaron para armarse unos videítos, ponerlos en YouTube y venderse al mejor postor, esperando que algún club muerda el anzuelo y lo contrate para lo que queda de esta temporada 2008/2009.