
Rubén Norberto Bruno
La noche del jueves 14 de agosto de 1975 no fue una más para muchos. Había fútbol. Jugaba Argentinos Juniors frente River Plate, que arrastraba 18 años de no lograr un título.
A los 21 minutos del segundo tiempo, un tal Bargas le tiró un pelotazo largo a un tal Bruno. El 3 del Bicho, Ricardo Próstamo, quiso cancherear en el anticipo e intentó hacerle un sombrerito a Bruno, pero el pibe se frenó y se encontró con la pelota en la cabeza, la llevó hacia adelante con toda la defensa saliendo, quedó cara a cara con el arquero y definió de zurda al segundo palo. Una explosión en las tribunas. River se estaba consagrando campeón tras una larga sequía.
Quien alguna vez haya visto el canal Volver, se habrá deleitado con el inefable Minguito, entrañable personaje de Juan Carlos Altavista que aseveraba enfáticamente que a cualquiera le podían levantar un monolito como hacerle una lápida. Nada mejor para ilustrar la figura de Rubén Norberto Bruno, quien podría haber pasado a la historia como un héroe, pero no fue así.
Eran tiempos de huelga de futbolistas profesionales y esos pibes de River salieron a la cancha apretados por la dirigencia. Al mismo tiempo fueron crucificados por Agremiados y ninguneados por sus «compañeros» mayores. Se escuchó el término «carneros» por ese entonces. Y se sigue escuchando.
El tiempo pasó y la euforia también. Aquellos que consiguieron lo que otros ilustres no pudieron, rápidamente se fueron perdiendo en la muchedumbre y fueron dejados al costado del fútbol. El tal Bruno aguantó dos años en los Millonarios, con sólo 11 partidos jugados y dos goles.
En 1977 quedó libre y fichó para Los Andes en la B. Durante 10 sábados pudo calzarse la casaca milrayitas y fue subcampeón a sólo dos puntos de Estudiantes de Caseros. La llama de Bruno se consumía inexorablemente. El goleador del conjunto de Lomas de Zamora fue Lanza, con 21 anotaciones, a sólo un par de Carlos Danton Seppaquercia.
Nuestro antihéroe homenajeado ya no salía en la tapa de los diarios ni se lo escuchaba en los relatos, factores desencadenantes de su viaje a Chile para jugar en el Huachipato. Luego regresó con pena y sin gloria a tirar sus últimos cartuchos en Unión de Zapala e Independiente de Neuquén, para finalmente retirarse en 1982, con apenas 24 años.
Dos décadas después de ese histórico título de River, Bruno culminó su carrera de DT y fue a ejercer a un country. Todo lo que vino más tarde fue el anonimato. Por ahí dicen que lo vieron trabajando en un comedero de spetto corrido, pero para el mundo del fútbol siempre quedará muy lejos del monolito y demasiado cerca de la lápida. Minguito era un sabio: no le gustaban los “carneros”.
Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)







