Bottaro Leonel

Leonel Ezequiel Bottaro

Raro que teniendo un apellido ligado a la vida política de Independiente no haya encontrado mejor suerte en el Rojo. Descartando la posibilidad de un acomodo, él siempre aclaraba ante los medios: «poné que no tengo nada que ver con Jorge, el ex presidente del club«. Se desprendía de ese pedido con énfasis, una necesidad de mostrar su talento sin prejuicio por parte de los demás. Si estaba en Primera, no era por cuestiones familiares. Y quería dejarlo bien claro.

Sus días en la máxima categoría no fueron fáciles, a pesar de haber tenido un comienzo prometedor. Hizo su primera pretemporada en el verano de 2003, con el equipo campeón del Tolo Gallego e incluso fue al banco de suplentes en un partido veraniego que su equipo perdió ante San Lorenzo por 4 a 3.

Marcador central por oficio, tenía como referente a Walter Samuel y soñaba con imitarlo: «Tiene una frialdad para salir jugando… Igual, no le llego ni al dedo chiquito del pie. Pero me defiendo. Mi fuerte es la marca«, le decía al Diario Olé. Su primer año con los profesionales fue duro, a tal punto que sufrió una lesión en la rodilla que lo dejó 3 meses sin jugar.

Esperó hasta el inicio de 2004 para que volviese a salir el sol, aunque fuese por un rato. Luego de una pretemporada en Salta con el Pato Pastoriza y un partido como lateral derecho ante el Ciclón, se vio revitalizado por los míticos asados del entrenador y en el Clausura de ese año saltó a la cancha como titular en la primera fecha, con victoria 4 a 1 sobre Estudiantes. Ese día formó dupla central con Olarra y cuando miraba hacia los laterales tenía a Zurita y a Eluchans. No lo podía creer.

Luego perdería el puesto con el paraguayo Darío Caballero y sólo volvería a participar de 3 encuentros en la Primera de Independiente, pero jugando como marcador de punta. Demasiado injusto para un pibe que no se acostumbraba a esa posición.
En junio lo bajaron a la reserva y a fines de 2004 lo mandaron, junto a Tomás Charles, a probarse al Odense de Dinamarca. «Fueron prácticas sobre pasto sintético, en estadios cerrados, por el frío, en un fútbol diferente, rápido, con mucho roce físico y donde no hay ni uno que meta la pausa«, fueron las excusas de Leonel, que no quedó.

Al año siguiente le surgió una propuesta del mismo país y viajó a Europa para entrenar con el Randers, donde finalmente le bajaron el pulgar porque no pasó la revisión médica. ¿Por qué? Algunas semanas anteriores a esa evaluación, a Bottaro lo habían chocado desde atrás en su auto y había sufrido una luxación en el hombro izquierdo. ¡Mucha mala leche! Tras quedarse con las ganar de jugar en el fútbol danés, lo más parecido que encontró fue el Danet de chocolate. Riquísimo.

Volvió a Avellaneda y se integró a la Cuarta División de Independiente, donde continuó lamentando las oportunidades perdidas: «Estaba muy ilusionado de ir a Dinamarca porque a veces siento que acá no tengo lugar. Tal vez si en Primera me hubieran dado la chance en mi puesto… No sé si hoy estaría jugando, pero hubiese tenido más chances«. Al mismo tiempo, Norberto Outes, coordinador de inferiores, le daba una manito (?): «Bottaro es un chico completo, temperamental y con buen juego aéreo. Pero es ciclotímico y no tiene la solidez mental y necesaria para llevar los tiempos«. Duro.

Tras quedar libre junto a Maximiliano Barreiro y Ramón Bulay, su nombre volvió a aparecer en los medios cuando en agosto de 2007 se incorporó a Atlético Argentino de Mendoza, conjunto del torneo Argentino B que alguna vez reforzó sus filas con el plantel casi completo de Racing Club.

Luego de un año de plena incertidumbre, en 2008 apareció en el sospechado Real Arroyo Seco, donde haga lo que haga nuevamente tendrá que convivir con las aparentes vinculaciones políticas.

Después de varios años de insistencia y tan poca fortuna, uno puede llegar a preguntarse por qué no se le dieron las cosas al pobre chico Bottaro. Hurgando en los artículos periodísticos se ubica la respuesta fácilmente, de la boca del mismo jugador cuando apenas era un purrete y ya presagiaba su triste destino: «Lo vi al Mono y casi me largo a llorar«.

Navarro a River 2007

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Un año nos bastó para saber que Hilario Navarro es un jugador muy profesional, en el sentido más económico de la palabra. Donde está la plata, él va. Y está bien que así suceda, lo raro es que un futbolista de esas características haya jugado una temporada en Racing, donde precisamente no abunda el dinero.
El 2 de agosto de 2007, después de haber entrenado 10 días en La Academia, el arquero correntino que había llegado desde Cerro Porteño desapareció misteriosamente y comenzó a tomar forma lo que había nacido como un rumor: podía pasar a River. Esa misma mañana, acompañado por dirigentes del Millonario, hizo la revisación médica en una clínica capitalina y acordó todo de palabra para firmar su contrato. Luego llegaron llamados de Fernando de Tomasso, respuestas de Mario Israel, explicaciones del representante de Navarro y un gran malestar de Gustavo Costas. Todo eso derivó en el regreso del portero al conjunto de Avellaneda, donde finalmente debutó, justamente ante River y con una destacada actuación.
Lo que vino después ya se sabe. Atajó un año en Racing y, cuando se especulaba que se quedaría un año más, pasó a Independiente.

Estudiantes clásico con pantalones 2005

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La intención no era mala. Estudiantes de La Plata cumplía 100 años y para festejar a lo grande los dirigentes organizaron un partido ante el Palmeiras de Basil. Para estar a tono con el agasajo, la empresa Penalty diseñó una camisa bien tradicional y unas medias grises acordes a la época más gloriosa del León. Lástima que descuidaron el detalle de los pantalones y los jugadores salieron a la cancha con los que venían usando hasta ese momento. La diferencia en los escudos y la distancia entre lo retro y lo actual, arruinaron un homenaje que pintaba bastante bien.

Pranich Darío

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Darío Javier Pranich

No es difícil darse cuenta de que la carrera de este futbolista surgido en Huracán se vio perjudicada, en gran parte, por la pésima época deportiva e institucional en la que le tocó debutar. Ponerse la camiseta del Globo en la temporada 2002/03 fue, para la mayoría, un certificado de defunción sin firmar. Algunos tardaron más y otros menos, pero casi todos terminaron sellando el acuerdo con la baldoseridad eterna.

La aparición de Pranich se produjo en la novena fecha del Apertura ’02, cuando fue titular en un partido ante Talleres, en Córdoba, beneficiado por una lesión de Rodolfo Graieb. Ese día el club de Parque Patricios se comió 5 y el homenajeado, que formó defensa con Morquio, Lobos y Lavallén, fue reemplazado por Pablo Monsalvo a los 32 minutos del segundo tiempo.

Después sumaría otros 9 partidos con los quemeros, compartiendo cancha con valores como Sebastián Caramelo Lipo, Diego Cochas, Ramón Antonio Ortíz, Juan Carlos Padra, Sergio Comba, Juan Zalazar, Francisco López Rojas, Ramón Pedro Ortíz, Edson Uribe y Mariano «le dije a Pusineri que quemó Kheyvis» Andújar, entre otros.

Con el descenso consumado no le quedó otra que masticarse 6 meses de espera, porque no fue tenido en cuenta, y recién a comienzos de 2004 le aflojaron la soga para que se distrajera en Huracán de Comodoro Rivadavia y Temperley. Retornó al Globo en el inicio de 2005 pero otra vez lo colgaron y penó hasta mitad de año, cuando pasó a préstamo a Defensores de Belgrano junto a Claudio Guerra.

Tras una temporada negativa, fue noticia en agosto de 2006 cuando, ya en libertad de acción, inhibió a su club de origen junto a Pozo, Monsalvo, Daniel García, Pardal, Bazán, Sartori, Marini, Ciavarelli, Bontemps, Andersen, Garipe, Godoy, Hirsig, Kobistyj, Lobos, Mazzuco y Ávalos.

Con escaso rodaje ya que parecía no conformar en ningún lugar, tomó la decisión más acertada cuando se fue a Corrientes y se incorporó al mítico Textil Mandiyú. Allí se dio el lujo de vestir la bonita camiseta algodonera y además de compartir vestuarios con el gran Julio Marinilli, disputó más de cuatro partidos seguidos y hasta lo hizo como volante central, mostrando una faceta que ocultaba desde inferiores. Ahora no sabemos dónde se metió, pero si sigue a este ritmo en cualquier momento hace un gol a favor, porque los pocos que tiene fueron en contra.