
Delantero se ofrece
Ícono de la promesa desaparecida en Uruguay, Jhonny Miqueiro quiso comprobar que su fama de ilusión trunca también podía hacer historia fuera del paisito. Y aunque parezca mentira, lo logró en Argentina sin siquiera pisar una cancha.
Nacido el 18 de julio de 1964 en Montevideo, hizo sus primeras armas como delantero del club Sud América (1985/86), donde compartió equipo con su hermano mellizo Aníbal, que se desempeñaba como marcador de punta.
A mediados de 1986 el Johnny pasó a Progreso y ahí sí: fue la sensación. No sólo sus 48 goles en poco más de 3 temporadas (fue campeón y máximo artillero en 1989) lo catapultaron a la Selección charrúa. También su larga cabellera rubia y su condición de aparente crack en un cuadro chico lo hacían un especimen bastante llamativo. Su participación con la celeste, vale decir, fue intrascendente y además marcaría el resto de sus días. Disputó sólo dos partidos (ante Costa Rica y Colombia) en Miami, por la Copa Marlboro. Y sí, fue puro humo.

El sol de enero de 1991 calentaba la brea de las calles capitalinas cuando en la sección Deportes del diario Clarín apareció un anuncio clasificado que decía: «A representante o entidad de fútbol. Delantero hombre gol, integrante selección uruguaya, 25 años, excelente treiling. Pase en su poder. 962-4335 Alberto. (aviso solventado por amigos)«.

Intrigados por la noticia, desde la redacción de la revista El Gráfico llamaron a ese número y dieron con Alberto Haber, un empresario electrónico que gentilmente se ofreció a mostrar un video de 10 minutos con las mejores jugadas de Miqueiro. «El teléfono no deja de sonar; llamaron de Boca, Platense, Huracán, Quilmes y varios empresarios. Creo que la de Platense es la propuesta más firme, pero eso tendrá que arreglarlo él porque yo simplemente como amigo tuve esta idea del aviso para ver si puede, como quiere, venirse a jugar a la Argentina. Creo que con una prima y un sueldo la cosa puede arreglarse… Como también soy amigo de Alberto Bica, si alguien buscan un puntero puedo hacer el contacto«, explicaba Haber, tratando de sumar otro poroto.
Desde En Una Baldosa intuimos que los dirigentes de Platense no avazaron en la negociación porque todavía se deben estar preguntando qué carajo es un «excelente treiling«.
La carrera del puntero derecho no fue la misma a partir de aquella frustrada negociación y de su no-convocatoria al Mundial ’90. Volvió a Progreso, donde siguió haciendo goles hasta 1993, pero su destino baldosero ya estaba marcado. Decidido a hacer un poco de plata se fue a la tercera división de Japón y la robó en el PJM Futures (1994) y un año más tarde, obligado a irse por el cupo de extranjeros ocupado por un tal Lalo Maradona, regresó a Uruguay para jugar en…¿Peñarol? ¿Nacional? No, ¡Basáñez!
Desbarrancando a más no poder, continuó girando por el resto de América e hizo escalas en Emelec de Ecuador y el fútbol guatemalteco. Ya retirado y abocado a su laburo como profesor de educación física en Guatemala, fue tentado para retornar a Progreso y así lo hizo. Aunque, como era de esperarse, las cosas no fueron como antes y tras unos meses le dijo adiós a la práctica profesional.
Gracias a los amigos del extinto S&A y del sitio Montevideo.com, nos enteramos que hasta hace poco el blondo atacante dirigía a un club de la segunda división guatemalteca y difundía el fútbol en los colegios, datos que sin embargo no han frenado ese impulso natural que lleva a cualquier uruguayo a preguntar en una mesa de café: «Bo, ¿Qué será de la vida de Johnny Miqueiro?«.