
Norberto Adrián Candella (El Beto)
Todo equipo que se digne de tal debe tener un delantero suplente. Uno de esos que entran faltando 5 minutos y hacen el gol del empate para salvar las papas. Esos que están a la sombra del 9, del goleador. Generalmente a la espera de una chance breve. Y casi siempre, también, terminan ganándose el cariño de la hinchada por esa innata condición de amuleto.
No es el caso de Candella, un tipo que humedeció su pólvora de tanto aguardar su oportunidad y cuando le llegó el turno de mostrar sus condiciones se apichonó como el peor. Ni de palomita, jugada fetiche del simpatizante canalla, pudo meterse en el bolsillo a la gente de Central. En la foto se lo observa definiendo fallidamente ante Nicolak, arquero de Estudiantes de Mérida, conjunto venezolano que chocó con los rosarinos en la Copa Libertadores de 1987.
En ese certamen continental Candellita tuvo chances de actuar como titular pero generalmente era reemplazado por otras promesas, como el caso de Urruti. Ni siquiera estar al lado de Scalise o de un buen puntero como el Pichi Escudero le aseguraba presencia en el arco contrario. En el torneo local sólo disputó 2 partidos y no convirtió.
El Nacional B también supo de su andar. Arribó a Quilmes (1987/88) como refuerzo para la segunda rueda, jugó 19 partidos y marcó en 4 ocasiones. Logró sacarle el puesto al peruano Baroni y en líneas generales no dejó un mal recuerdo. Después Douglas Haig de Pergamino (1988 a 1990) y Nueva Chicago (1990/91) lo tuvieron en sus filas con la firme intención de ser testigos de un milagro que jamás llegaría.
Un escalón más abajo, en la Primera B, conoció algunas canchas que le faltaban tachar en su diario de ruta gracias a Sarmiento de Junín (1991/92). En el verde hizo un gol ante Arsenal que significó el primer triunfo del equipo bonaerense en la categoría y luego, con la pasividad de un delantero suplente, se sentó a esperar su homenaje en este sitio.






