
«Muchachos, saquen del placard la mejor pilcha que tengan porque nos vamos a pedirle una ayudita al prócer de la provincia«, anunció Pedro Guiberguis en las horas previas a la final entre Gimnasia y Tiro de Salta y Central Córdoba de Rosario. Con una camisa arremangada y por encima de una remera de cuello redondo, el volante esperó a que sus compañeros salieran de la habitación del hotel.
Primero apareció Alfredo González, que instantánamente fue felicitado por su pantalón blanco, la campera negra de corderoy y la camisa abierta hasta la altura del pecho. Después fue el turno de Popeye Herrera, que rezongó porque había planeado afeitarse ese día y con el repentino paseo no lo iba poder hacer. Por último, Miguel Amaya apareció en el lobby con su sweater, su jean azul, sus zapatillas con lengüeta hacia arriba, y exclamó: «¡Ya estoy, vámonos!«.
Al llegar al pie del cerro San Bernardo, Amaya le dijo a Guiberguis: «¿Estás seguro de que rezarle a San Martín nos va a traer suerte?«. Enfurecido, Pedrito contestó «¡Animal! Es el monumento a Güemes«. «Y bueno…no puedo ser carilindo e inteligente al mismo tiempo«, remató el Tigre.
(Gracias Nano)







