Durante la última década del siglo pasado hubo varios proyectos de cambio que nunca lograron llegar a materializarse. Entre ellos podemos comentar la tan mentada aeroísla, el taxi espacial y las mujeres árbitro de Primera División.
En nuestro caso, ahondaremos en la más representativa de aquellos años.

Florencia Romano
Fue la primer mujer que intentó llegar a dirigir en la máxima categoría. Esta tucumana nacida en el año 1971 se hizo famosa por haber protagonizado una huelga de hambre frente a la AFA en el año 1996, como último intento de ser aceptada como árbitro del fútbol practicado por hombres, obligando al Presidente de la AFA, Julio Grondona, a concurrir a la Cámara de Diputados a explicarse por sus dichos («No es sensato que una mujer dirija un partido de fútbol«) frente a las demandas de ella.

Eventualmente, y tras un problemita de salud, logró torcerle el brazo y debutar en la categoría más baja del fútbol argentino, dirigiendo Victoriano Arenas – Deportivo Muñiz un 4 de abril de 1998, pero su gran día fue el 18 de marzo del 2000, cuando integró la terna arbitral del partido de primera B entre Atlanta y Argentino de Quilmes, con dos asistentes femeninas: Alejandra Cercato (primera asistente) y Elvia Maldonado (segunda asistente); en esa tarde sacaron 7 tarjetas amarillas y 1 roja.
De ahí en más, su carrera se fue apagando y cayó en el ostracismo definitivo cuando el Tribunal de Disciplina la sancionó por 4 meses por una serie de duras declaraciones que realizó («La AFA es una mafia y su presidente Julio Grondona un mafioso…por eso yo lo llamo Don Corleone«)
Ya alejada de las luces del fútbol, intentó recobrar un poco de notoriedad probando suerte en algo totalmente distinto.
Hubo otros casos menos resonantes (o con menos prensa) como el de la quilmeña Salomé Di Iorio o Estela Mary Alvarez de Olivera, pero ninguna ha logrado el nivel de exposición que Florencia.
Quizás algún día, dentro de muchos años se de la posibilidad de que alguna mujer llegue a Primera, pero antes habría que eliminar algunos pequeños prejuicios que todos tenemos dentro.
White Russian






