
El 27 de enero de 2008, en Riazor, Deportivo La Coruña recibía al Valladolid por una nueva fecha de la liga española. A los 74 minutos y con el partido 3 a 0, el portero del conjunto visitante, Sergio Asenjo, recibió la segunda tarjeta amarilla y no le quedó otra que marcharse a las duchas. Minutos antes, el técnico José Luis Mendilibar Etxebarria había agotado los cambios y entonces un jugador de campo debía tomar la posta. Tras una pequeña charla con José Antonio García Calvo, Óscar Sánchez agarró los guantes y rumbeó para el arco. Pese a la derrota de su equipo (3-1), al lateral izquierdo devenido en arquero mal no le fue, ya que en los 17 minutos que estuvo en la valla mantuvo clausurada la portería.
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