Argentinos Juniors sin marca 1983

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Cuando uno repasa mentalmente la indumentaria de Argentinos Juniors de los 80’s, la empresa adidas salta naturalmente como su proveedor oficial. En curioso entonces que en 1983 el Bicho haya utilizado este conjunto, sin marca aparente, que se destacaba por su tradicional diseño babero (para otros, una caja de Marlboro), que homenajeaba a un uniforme del pasado. Nótese como 2 jugadores de la formación (Batista y Espíndola) tienen el logo de 7up del lado izquierdo y sobre el fondo rojo.
Es para destacar también, aunque era común por entonces, que el arquero luciera un buzo de otra firma. En este caso, el Pato Fillol muestra el modelo Le Coq Sportif, adaptado para la ocasión, que usaba la Selección Argentina.

EDIT. El forista Doctor_JR nos aclara el asunto: Fillol se fue de River por su contrato con Le Coq Sportif, y recaló en Argentinos para poder seguir usando su buzo con marca. Los dirigentes del Bicho, en sintonía con la decisión del Pato, deciden dejar de utilizar las camisetas con el logo de Adidas. En ese momento resurge el diseño del babero, que no se utilizaba desde hacía años y esto se mantiene hasta que Fillol es vendido en el mismo 1983 al Flamengo de Brasil. Recién ahí la empresa alemana volvió a vestir al conjunto de La Paternal.

Juan Pordiosero

Fuera de stock: la pose Zaccanti

A lo largo de la historia muchos futbolistas se han encargado de realizar maniobras originales, arriesgadas, llenas de virtuosismo o simplemente efectivas, para inmortalizar acciones que van ganando espacio en el inconsciente colectivo. Uno sabe que la bicicleta le pertenece a Saturno, Di Stéfano, o en menor medida a Robinho. Uno alcanza a comprender que la boba lleva la firma de D’Alessandro y que la rabona tiene la cara de Borghi o de Diego Bustos (y la panza de Kenig).
Lo que uno no llega a percibir, quizás porque se sobreentiende como algo lógico y natural, es que todas esas jugadas fueron concebidas durante los 90 minutos.
Sólo algunos pocos, únicos y privilegiados, pudieron patentar una pose antes del pitazo inicial. Con ustedes, Cosme Julián Ubaldo Zaccanti.

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Un prócer entre los once

Primero y abajo, para que su genial apellido apareciera en las revistas, al lado de los dos puntos que le daban pie a los jugadores que estaban agachados. Una rodilla contra el suelo, la otra pierna formando un arquito de penal en partido playero, el brazo derecho en jarra y la mano izquierda sobre la espalda de algún compañero, como dando una palmada de aliento o un sentido pésame luego de una cruel noticia. Lo primordial, empero, no estaba en sus extremidades, sino en sus ojos. En esa mirada de prócer, de héroe de la patria, que por supuesto nunca apuntaba a la cámara. Su vista siempre estaba comprometida con un horizonte lejano, con sueños de libertad, con un país mejor, con empates de visitante…

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Los tiempos cambiaron, pero Cosme se ha ido adaptando. En su rol de técnico, incluso conserva gestos de su clásica postura. Con el ángulo invertido y hasta con un Chiche Sosa reacio a prestar su lomo para tan digna tarea, Zaccanti se ha dado maña para seguir siendo el de antes. O lo que fue siempre, un grande.

Giunta 1986

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Quien supo ser ídolo de la parcialidad xeneize años más tarde, también debió experimentar la vivencia de calzarse el buzo en su paso por San Lorenzo. Se trata de Blas Armando Giunta, quien el 9 de noviembre de 1986, en un clásico ante Racing, reemplazó al expulsado Chilavert a dos minutos del final. El partido fue ganado por el Ciclón 3 a 2 y el improvisado arquero ni siquiera llego a tocar la pelota en ese lapso.

Chelo

Cortizo Leandro

Leandro Horacio Cortizo
Arquero con apellido de enano que tuvo el privilegio de estar en el banco de suplentes de Primera División. Eso ocurrió en un partido ante Vélez de la temporada 1993/94, cuando el Gato Sessa comenzaba a dar sus primeros pasos como titular en Estudiantes de La Plata.
Con el curioso dato de haber hecho inferiores en Gimnasia, se formó mayormente en el Pincha y fue integrante de la Reserva hasta diciembre de 1997, cuando quedó en libertad de acción.
En su época de mayor exposición se dio el lujo de aparecer en una pequeña fotografía de la revista El Gráfico en la pretemporada veraniega de 1996, subiendo a un micro escolar en la localidad bonaerense de Necochea. Eso fue todo.
Con las chances de jugar reducidas a 0, Cortizo partió en 1997 a Berazategui (estuvo hasta mediados de 1999) y después de 2 años en la Primera B decidió que ya era hora de conocer la plata que se cuenta en fajitos, porque la de las diagonales ya la dominaba de memoria.
Su carrera extranjera comenzó en el Chiasso FC de Suiza (sólo 3 meses en 1999 junto a Sebastián Landro y Leandro Temporini) y continuó en el ascenso italiano con el Ancona (1999/2000, al lado de Fúriga y La Grottería), Pergolese (2001 a 2004), Gualdo (2004 a 2006) y Umbertide Tiberis (2006 a 2007). Como era de esperar, vivió mil historias que de a poco fue contando. Desde compartir entrenamientos con el Ciruelo Piaggio y Baratteri, hasta ascender a la serie D con el Pergolese el mismo día que nacía su hija Renata, el ex portero del León también hizo notar las diferencias económicas cuando lo entrevistó el diario Hoy: «Los contratos van desde los 10 mil a los 90 mil euros anuales en promedio. Ojo, hay clubes que incluso pagan un poco más todavía, a jugadores destacados. Y los chicos de primer o segundo contrato cobran 500 euros al mes«.
En la actualidad, con el pase en su poder y con mucho tiempo para dedicarse de lleno a otras actividades, quizás pueda construir una repisa para colocar los galardones que aparecen en su currículum:

*1999: Premiado mejor arquero 1°B metropolitana.
*1999: Premio «Coincidencias» Mejor jugador del ascenso Prov. de Bs. As.
*2001: Premiado entre los 10 mejores extranjeros de la Region Marche (Italia).
*2004: Premiado mejor Arquero en la categoria Eccellenza (Italia).
*2005: Premiado mejor arquero media voto serie C2 (Italia).

Con tantos halagos, no es para menos, se le debe haber inflado el pecho lo suficiente como para animarse a hacer un programa con algunos amigos del fútbol (incluido Turchi) en la emisora italiana Radio Tadino. Lo genial es que el ciclo se llame «Magabald«, como admitiendo inconcientemente que Cortizo, con todo lo que hizo y lo que le falta por hacer, es mega baldosa.

Juan Pordiosero

Las 3 G (Gordo, Grasa y Gasalla)

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Al borde de cumplir su sanción por doping, Diego Maradona disfrutaba de sus últimos días como condenado. Aquel junio de 1992 lo mostraba con un pico de hiperactividad, típico de su personalidad. Mientras negociaba su situación contractual con el Nápoli de Ferlaino, también jugaba en Ritmo de La Noche, compraba jugadores como Charles y hasta tenía tiempo para ir a ver «la verdá de la milanesa«, el espectáculo de Antonio Gasalla. Esa noche, en honor al nombre del show, se comió una milanga tan aceitosa como la camisa que llevaba puesta.

Juan Pordiosero