
Alejandro César González
Defensor argentino de fuertes convicciones religiosas que desarrolló gran parte de su carrera en Uruguay y que se dio el lujo de retornar fugazmente a nuestro país para salir campeón de Primera División.
Nacido en la localidad bonaerense de Trenque Lauquen en 1979, se animó probar sus condiciones de manera profesional a sus jóvenes 18 años, cuando cruzó el Rio de La Plata y le tomaron una evaluación en Nacional de Montevideo, equipo que le dio su primer contrato y un lugar para vivir. Además de dar sus pasos iniciales en el fútbol grande, González descubrió allí la razón de su existencia: «Un día de noviembre del año 1998, un compañero me comienza a compartir su experiencia con una persona especial: Jesús. Me contaba de su vivencia y del significado que Él tenía en su vida. De forma extraña, y sin que lo supiese, aquel cambio en su vida era lo que yo estaba buscando. Esa noche, luego de tres horas de conversación, comprendí que la necesidad que inquietaba mi corazón era Jesús, así que lo invite a que entrara en mi«.
Con el hijo de Dios adentro se fue a Tacuarembó (1999) y luego de un tiempo en All Boys de La Pampa (2000) se tomó el buque nuevamente para continuar su periplo charrúa con los colores de Racing (2001), Cerro (2002 a 2004) y Danubio (2005/06).
En el medio de tanto trajín montevideano, claro, tuvo la mencionada oportunidad de consagrarse en su tierra, sumándose al Newell’s del Tolo Gallego en el Clausura 2004 y formando aquel grupo de héroes impensados como Pedro Aguírrez, Lucio Ceresetto, Mario Jardel, Damián Manso, Ruben Capria, Jose Luis Almaraz y el Pentacampeón.
El ex Bolso disputó 5 partidos como lateral derecho (3 como titular) pero terminó perdiendo la posición con el Tano Luciano Vella. Lo curioso es que, con González en cancha, La Lepra ganó 4 encuentros y empató solamente 1. Su condición de amuleto la resignaría recién en su único match del Clausura 2005, cuando el Gimnasia de Troglio se impuso 1 a 0 con tanto de Lucas Licht.
«Hoy no sólo tengo un lugar preparado para mí en el cielo, sino que disfruto de jugar al fútbol, de mi vida… puedo decir, sin duda alguna, que está llena de plenitud, y tengo el privilegio de formar parte, junto a mi esposa, del liderazgo de ADC”, declaró en una de sus últimas entrevistas. Y allí está, en Uruguay, presidiendo la sede central de Montevideo y teniendo como colegas sudamericanos a Paulo Silas, Marco Sandy, Eduardo Bennett, Fabio Landaburu, Guillermo Franco y muchos más. De su fútbol sólo nos queda el recuerdo en You Tube bajo la etiqueta «mágico», alimentando la idea de que todavía le queda recorrido a su currículum deportivo, sobre todo si alguien llega a confundírselo con el gran ídolo salvadoreño.
Juan Pordiosero






