Simovic Edgardo

Edgardo Damian Simovic Ramsés
Cuando el ex presidente uruguayo Jorge Batlle declaró «los argentinos son una manga de ladrones» seguro no conocía la trayectoria de su compatriota Edgardo Simovic.
Antes de arribar a nuestro fútbol este delantero con apellido de faraón nacido el 8 de febrero de 1975 había derrochado talento siendo goleador en inferiores del Liverpool uruguayo. En ese equipo jugó en 3 períodos (1994/1995, 1997 y 1999/2002), luego pasó por el Sport Clube Vianense (2 meses en 1996) y Marítimo de Portugal (1996), Tigrillos de Monterrey de México (1998), Miramar Misiones de Uruguay (2003), Platense (2003) y Marathon de Honduras (2004/2005), y Olimpia de Paraguay (2006).
También había integrado la selección charrúa sub 17 en el Sudamericano de Ecuador 1991 y el sub 20 en Colombia de 1992. Visitó la Argentina en 1995 formando parte de la delegación que participó del Preolímpico Sub 23 en Mar del Plata.
A mediados de 2006 vino a conocer Buenos Aires. Pasó por el Obelisco, la Plaza de Mayo, el Congreso y de yapa se probó en Nueva Chicago. Rodolfo Motta dio el visto bueno y sin que nadie lo notara alcanzó a disputar 2 partidos en el Torito. Ante Gimnasia de Jujuy y Quilmes ingresó desde el banco en lugar de Jorge «te desbordan todos» Martínez y Lucio Filomeno, respectivamente. Además se quedó con las ganas de entrar ante Colón de Santa Fe.
A fin de año, así como llegó se fue. Claro que un tipo de su talla no podía irse a jugar a Bolivia, Perú, Chile o quedarse a pelearla en el ascenso local. Para nada. No le importo estar en una zona de riesgo extremo y se fue a Irán, para romperla en el Zob-Ahan Sport Culture de la Primera División.
Hace algunos días, cansado de escuchar en la tele los consejos del Mickey palestino se tomó el primer avión con destino a Sudamérica. Así llegó a la Sociedad Deportivo Aucas de la segunda división de Ecuador.
Para el primer semestre de 2008 no descarta sumar otro sellito en su pasaporte número 2.648.465-2 (no, no es joda) y espera ofertas de países como Afganistán, Omán y por qué no Irak, total no le hace asco a nada.

KeyserSoze

Diego, LaGorra es lo mas presentable

latorrezulemita.jpg

A principios de los ’90, Diego Latorre se llevaba el mundo por delante: figura de Boca, jugador de seleccion, futuro europeo y novio de la hija del Presidente de la Nación. Quizás por todo esto creyó que usando esa camisa impresentable con el blazer (existe esa palabra?) cuadriculado y rematándola con una gorra azul, iba a pasar desapercibido.
Todavia no sabemos si lo logró, es una de las tantas posibilidades ya que terminó jugando en Guatemala y en el ascenso Mexicano. Otra opcion es que luego de conocer a su ex-suegro le cambio la vida para siempre. Nunca lo sabremos, tampoco sabremos porque el cuello de la camisa es tan…feo. Bah, feo le queda chico.

Pastor (Créditos a La Memoria que Perdimos vía Tic Espor)

Maxi Lopez 2007

lopezmaxi.jpg

El vuelo eterno. La fotogenia de siempre. Maxi López, el Drogba Blanco, se estira para evitar un gol durante un entrenamiento del Mallorca. La imagen corresponde a la temporada 2006/07.

KeyserSoze

Amadei Gabriel

amadeigabriel.jpg

Gabriel Amadei
Entre las miles de historias truncas salpicadas por la angustia de interminables lesiones se encuentra el caso de Gabriel Amadei, una eterna promesa xeneize postergada una y otra vez por los infortunios físicos. Durante 7 años estuvo a punto de debutar en Primera División y navegando por las divisiones previas, como la Quinta, la Cuarta y la Reserva.
Fue subido al plantel superior cuando tenía 15 años, de la mano del técnico César Luis Menotti y el Director General de las Inferiores, Silvio Marzolini. Tratar de jugar unos minutos con los grandes en 1993 era a esa altura algo impensado, pero al menos ya compartía entrenamientos con Márcico, el Manteca Martínez y la Larva Saturno.
Se había ganado el respeto en el club gracias a una enorme cantidad de goles convertidos en Séptima. Ese antecedente lo colocó rapidamente en el muestrario deluxe del semillero xeneize.
Alternando las prácticas con los consagrados y los pibes de su edad se le fue pasando el tiempo hasta que, a fines de 1995, llegó Mauricio Macri a la presidencia y se hizo una reestructuración en la cantera. Amadei pasó a integrar imprevistamente la Quinta y la Reserva. Precisamente en ese embudo que tienen los futbolistas antes de tocar el cielo con las manos encontró el momento crucial de su vida deportiva. En una nota para el Diario Olé, años más tarde contó lo que sintió aquel 24 de abril de 1997: «Jugando en Reserva contra Newell’s me lesioné la rodilla derecha. Fue una lesión parecida a la de Palermo, pero yo me había roto más cosas: ligamentos cruzados, ligamento lateral externo, la cápsula de la rodilla y un tendón. Estuve casi un año sin jugar, fue larguísimo el proceso. Lloraba todas las noches, pero tenía que seguir. Era bravo porque yo veía que los chicos que se habían roto los ligamentos cruzados volvían a los 6 ó 7 meses. Y aunque yo le daba duro, la rodilla no me respondía«.
Recien a fines de los 90’s puedo volver a pisar una cancha de forma activa y a pesar de que ya era demasiado tarde la siguió peleando. Con 22 años, a mediados de 2000, seguía en la institución, vagando por las instalaciones y entrenando por su cuenta, ya que la edad le impedía actuar en la Cuarta y en la Reserva no le daban cabida.
La última ilusión estuvo prendida de un supuesto interés del cuerpo técnico de Carlos Bianchi, pero esa posibilidad nunca se cristalizó. El 30 de junio de 2000 le llegó el telegrama que le informaba su libertad de acción, y tuvo que alejarse junto a otros pibes como Catriel Orcellet, Guillermo Valdéz, Martín Orlando y Mauricio Giganti.
Después de 15 años en Boca quiso saber qué había más allá del horizonte y recaló en El Porvenir junto a otros juveniles boquenses como Aróstegui, Bahamonde y Pignatta. La B Nacional no era un castigo tan duro para un delantero que no había tenido chances concretas. En esa institución estuvo hasta 2002, momento en el que pasó a Juventud Antoniana de Salta y firmó, al menos para los medios de comunicación, su certificado de defunción dentro del fútbol.

Juan Pordiosero

Blanco Néstor

blanconestor.jpg

Néstor César Blanco Correa
Volante uruguayo nacido en 1966 que jugó en varios equipos del fútbol argentino en forma mediocre, y de no haber sido por su condición de extranjero, ni a baldosero hubiese llegado.
Cerca de cumplir los 30 y tras haber pasado por Cerro a fines de los ’80 y ser dirigido por Menotti en Peñarol (1990) cayó al majestuoso Ferro de la temporada 1994-1995, que contó con megafiguras como el Doctor Khumalo, Oscar Ferro, Mandrini, Chaparro y «Zapatilla» Sánchez y que increíblemente no se fue al descenso.
En esa época trabajó con varios entrenadores, entre ellos Rodolfo Motta que alguna vez puso en cancha una alineación titular que ya fue homenajeada en ese sitio.
Fueron en total 24 partidos en el club de Caballito, con 2 goles y más pálidas que alegrías. Es que al final del camino los números indicaron apenas 9 victorias, 15 derrotas y 14 empates.
Sobre fin de temporada llamó la atención que no haya recibido alguna oferta más interesante que la de Almagro (1995-1998) que jugaba en Primera B, aunque semejante bajada de escalones le dio réditos ya que junto al «Beto» Yaqué logró el ascenso al Nacional con Pascutti como entrenador.
Continuó en el Tricolor hasta 1998, y allí tuvo compañeros como Solchaga, Luengo, Timpani y Cinto, entre otros.
A mitad de año y en pleno receso por el Mundial, volvió a la tercera división para jugar en Sarmiento de Junín (1998-1999).
Luego su trayectoria se fue terminando y su nombre cayó en el olvido. Y sacando cuentas, el paso de Blanco por el país, fue definitivamente negro.

Cucu