Martino Sebastián

Sebastián Martino
Muy poco se sabe de este jugador surgido de las inferiores de Newell’s Old Boys, que debió soportar un pesado apellido en esa institución a pesar de no tener parentesco con el idolatrado «Tata».
Su primer y única aparición mediática fue en la Selección Argentina Sub 17 que jugó el Mundial de Ecuador junto a Daniel Islas, Diego Trotta, Elfand, Ávila, Gatti, Torres, Curieses, Calabria, Caruso y Caserio, entre otros.
Extrañamente no llegó a debutar en la Lepra, y a partir de allí se le perdió el rastro. Potenciando su búsqueda, se halló a un futbolista con su nombre en Holanda FC, un equipo de una liga precisamente de Rosario, y de acuerdo a la fotografía que allí se ve, es factible que sea él mismo. Pero a ciencia cierta, ni Salorio, que asoma su bigote, sabe donde está.

Cucu

Fontela Ariel

Ariel Marcelo Fontela (El Negro)
Paracaidista charrúa que dio una breve muestra de su fútbol en el Banfield de Garisto, en la temporada 2002/03. En su primer torneo en la Argentina pudo actuar en dos partidos, aunque sin demasiadas chances de poner al descubierto la fama de goleador que había cosechado en su país, donde actuó con los colores de Danubio, Basañez, Sudamérica y Uruguay Montevideo.
Después de su poco reconocido paso por El Taladro desembarcó en el club Alianza de El Salvador (2003/04), una tierra que le abría muchos interrogantes. «Cuando me llamaron lo primero que hice fue buscarlo en el mapa para ver bien dónde quedaba y luego saqué algunos datos en Internet«, afirmó el delantero.
Allí conoció buenas playas junto a sus compatriotas Alejandro «El Colorado» Curbelo, Luis Espíndola y Yari Silvera, con quien ya había estado en Banfield. En una de las tantas notas que dio a los medios centroamericanos reveló su amor por los tatuajes: «Me gustan mucho y por ello tengo varios. Éste (mostró el de su mano derecha) es por mi hija (el nombre grabado de Magali)». Además, dijo que le gustaban los pearcing. «Tengo uno en la oreja, pero hoy no lo ando«, aclaró.
Fanático de Peñarol y de Enzo Francescoli, no tuvo vergüenza en declarar su pachorra para festejar los goles (a diferencia de su compañero Martín García, que bailaba después de cada conquista): «Con el calor que hace aquí no puedo regalar nada ni hacer ningún esfuerzo extra, de lo contrario no podría jugar los 90 minutos«.
Como si fuera poco, habló sobre las desventajas de vivir en El Salvador, como los sismos o temblores. «El domingo pasado hubo uno y realmente nos asustamos mucho. Vimos que la gente del edificio bajaba a la planta baja y nosotros los imitamos. También le tengo un poco de miedo al volcancito que tenemos aquí cerca. Un día se le va a dar por escupir y nos va a quemar a todos«. Pese a todos los temores, anduvo bien y se consagró campeón. En 2005 regresó a su patria y se sumó a Progreso, con la ilusión de que lo vuelvan a llamar de alguna ciudad con playa y sin volcanes.

Juan Pordiosero

Carnaval toda la vida

Foto archi conocida, pero no por ello como para dejar de postearla.
Héctor Rodolfo Veira y Américo Rubén Gallego pretendían ser los dandys de la época, mejor llamado «ranas», aunque nunca lo lograrían. Y menos con una ropa así.
El pantalón del Bambino se parece más al de un heladero, enfermero o estudiante de odontología. Y que decir de esa camisa extraída de un sillón, cortina o mantel que bien podría usar Piñón Fijo o Manu Chao.
En el caso del Tolo, el tema es más sobrio, porque esa remera en la actualidad garpa muchísimo y la cadena de oro es apenas un detalle.
Pero lo que realmente se lleva todos los aplausos es el aquel estilo de póster del mono comiendo banana en el inodoro con la camiseta de algún cuadro, que además de ser bien grasa, jamás debería estar colgado en un comedor o living y mucho menos torcido y con una boina al lado!!
Belleza, belleza!!

Cucu

Sallaberry Pedro

Pedro Ignacio Sallaberry
Habilidoso y veloz puntero de raza golondrina que ilusionó al mundo futbolero cuando integró el seleccionado argentino que se consagró campeón en el Sudamericano Sub-16 de 1985 (con Lorenzo Frutos, Fernando Redondo y Hugo Maradona como figuras). Surgido de la cantera de River (1986-88), llegó a la Primera División pero no se pudo afianzar. Hizo 1 gol en sus 19 presentaciones oficiales con la camiseta de la banda roja. De paso poco recordado por Banfield (1988/89) , en el Nacional B, retornó a la elite con Chaco For Ever (1989-90), donde lograría la continuidad que le permitió disputar 33 partidos con la nada despreciable suma de 11 tantos. Y ese rendimiento le abrió las puertas de Independiente, que lo contrató sin la misma suerte: el delantero sólo disputó 6 encuentros en la temporada 1990-91. Breve e insignificante fue su paso por Vélez, en 1991, donde sólo jugó un partido y muy pocos lo registran. Esa fue su despedida de la máxima división porque después pasó por Douglas Haig de Pergamino (1992-93) y Almirante Brown (1993-94), en el Nacional B.
Confirmada la versión que aseguraba que ya no sería aquel pibe que deslumbraba con sus gambetas, se radicó unos años en el exterior para intentar triunfar en otras tierras menos exigentes. Actuó en el Bolivar de Bolivia (1994-95), primero, y en el Pachuca de México (1995-96), después. En la temporada 1996/97 retornó para defender los colores de Defensa y Justicia y no le fue para nada mal. Se destacó ampliamente, logrando el ascenso al Nacional B. Después, mostró sus devaludas condiciones en Talleres de Remedios de Escalada (1997-98) para pegar el salto hacia el grandioso Almagro (1998-99) del Colo Farías, Damián Grosso, Lino Arce, Marcelo Trapasso, Juan José Distéfano, Alianello, Panchito Maciel, Marcelo Couceiro y Lucas Pusineri, entre otros.
Se lo vio gastando sus últimos cartuchos en Cultural Argentino de La Pampa (1999-2000) y Colegiales (2000/01), donde se retiró.
Luego comenzó a estudiar y se recibió en la escuela de Directores Técnicos «Nicolás Avellaneda». Cuando lo consultaron sobre su experiencia comentó «A través de los dos años de Curso, he logrado incorporar mucha información que en mi etapa de jugador desconocía. ¡Creía que haber sido futbolista profesional alcanzaba para entender la Dirección Técnica! Pero el futbolista no piensa como Director Técnico. Piensa como jugador. De manera individual. Hoy veo el fútbol desde una prespectiva diferente. Además de muchísimos conceptos tácticos, aprendí el valor de manejar un grupo, teniendo en cuenta los aspectos didácticos y pedagógicos.Por otro lado destaco haber vivido hermosas experiencias con compañeros de toda América, y con profesores que me enriquecieron tanto en el plano futbolístico, como en el humano»
En la actualidad, forma parte de las inferiores de River Plate que coordina Gabriel Rodríguez y dicta los fundamentos de técnica para todos los chicos deseosos de aprender. Incluso, envalentonado por su nueva función, se animó a aventurar un posible sucesor: «Me veo reflejado en el juego del Keko Daniel Villalba, de la novena división. Es chiquito y guapo como yo. Muy atrevido y hábil en velocidad«.
¿Se viene el nuevo Pedrito Sallaberry?

Juan Pordiosero

Buttazzoni Emiliano

Emiliano Daniel Buttazzoni
Increíble su paso por el fútbol argentino. Lateral con apellido ochentoso, taurino y nacido en Granadero Baigorria, que llegó con 10 años a las inferiores de Rosario Central. Su característica más destacada era la virtud de saber bastante con la pelota, lo que le servía en algunas oportunidades para ser carrilero por derecha, puesto en el que se desempeñó en el título de 4ta división en el 2001 junto a Gustavo Arriola, Luciano Figueroa y Mauro Marchano.
«Miro mucho a Zanetti y me gusta el estilo de Cafú. Trato de aprender de ellos», afirmaba a sus 20 años y lleno de esperanzas al enterarse que Teglia lo iba a poner en la primera Canalla ante Colón. Sin embargo, lo que parecía ser un sueño, terminó en pesadilla.
A los 23 minutos del primer tiempo fue a disputar una pelota con Claudio Graff y se le trabó la pierna. Debió salir del campo y a partir de estudios se le comprobó la ruptura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda.
Eso lo llevó al quirófano en forma inmediata para acelerar los tiempos y a mitad del año siguiente ya estar jugando.
Pero esa inolvidable jornada que compartió dentro del campo con Cetto, Muñoz Mustafá, Erroz, Becerra y Javier García fue la última, ya que en mayo del 2002 bajo la dirección técnica de César Luis Menotti decidieron no firmarle el primer contrato. No obstante, se salvó de quedar libre y permaneció un año más.
En el 2003 previo a las elecciones presidenciales, en un diario de Rosario realizaron un sondeo a los jugadores de su club y el apareció entre los que iban a votar por López Murphy.
Al año siguiente, quizás triste por la derrota del bulldog, abandonó el país y viajó hacia Europa para calzarse los colores del Sporting Genzano de Italia acompañado por otros 17 argentinos de entre 18 y 23 años. Jugando en la división Eccelenza provincial, no pararon de ganar partidos al punto de llenar los estadios en toda la región y ser los mimados del pueblo.
De allí pasó junto a Nicolás Laviano al Bitonto (2005-2006) y parece ser que ya no volverá. Allí logró una continuidad que lo mantiene feliz, tratando de no recordar aquel debut y despedida.

Cucu

Bullentini Andrés

Andrés Pablo Bullentini (Chiquito)
Recordado delantero del norte argentino, no al nivel de Mario Lobo, Trimarchi y Gorostidi, pero sí con una trascendencia que lo hizo famoso, sobre todo a partir de su gran tamaño de 1,98 metros (en ese momento el más alto del fútbol argentino) y talle 48 de calzado.
Actor secundario en el ascenso de Gimnasia y Esgrima de Jujuy a primera división en 1994 con 2 goles en 23 partidos, se mantuvo allí dos años acompañado por los puntas mencionados y por Campi, Arzubialde, Barrionuevo, Priseajniuc, Piaggio, Garnier y Giustozzi, entre otros.
Por ese entonces, en Clarín se referían a «las torpezas del gigante Bullentini», pero el se las ingenió para continuar en los diferentes planteles.
Aún se recuerda su anécdota cuando en un triunfo frente a Independiente, Mondragón le dijo: «No sé que festejás. Yo gano cuatro veces lo que ganás vos». Y el longilíneo respondió: «Qué me importa, si hoy te gané yo».
Ya en 1997 y no habiendo convertido en 35 partidos en la A, cruzó la cordillera para hacer dupla con Sergio Gioino en el Osorno y según los amigos de La Rompieron, fue «otro de los grandes troncos, paquetones, closet, camarotes o pianos, que ha pasado por el fútbol chileno».
Durante un tiempo poco se supo sobre su carrera, que volvió a tener color cuando apareció en Argentino de Rosario (2002) dirigido por Adrián Taffarel. Allí marcó muchos goles y fue siempre un delantero tan peligroso como respetado.
En 2004 y cerca del retiro, participó del homenaje por los 10 años del desembarco del Lobo del norte en la elite del fútbol nacional. Esa noche, se volvió a encontrar con Dómene, Moreyra, el «Pato» Ibáñez y el «Chato» Rosas.
Sin más datos que aportar y agradeciendo su inolvidable paso por primera división a pesar de no meterla, le deseamos una emotiva bienvenida.

Cucu

Bordad Ignacio

Ignacio Bordad (Nacho)
Los arqueros rubios quedan en evidencia cuando se mandan macanas. Por eso, en el manual del número 1 debería existir una regla indispensable: tener cara de Chilavert. Hay excepciones, por supuesto, pero el caso del uruguayo Bordad confirma la idea de que los blondos no triunfan en el arco.
Nacido en Montevideo en 1974, apareció de muy joven en la valla de Danubio (1995-2002), donde amenazó con convertirse en un gran portero después de la ida de su colega Fabián Carini. Cuando comenzaba a gustar por sus buenas actuaciones (incluso fue convocado a la Selección charrúa), se equivocó feo en la primera final del campeonato uruguayo de 2002, ante Nacional, y se tuvo que conformar con el segundo puesto.
Para descomprimir la situación y probar sus condiciones en el exterior eligió a la Argentina. Llegó junto a su compatriota Carlos Camejo al comprometido Huracán del torneo Clausura 2003, que también tenía a Dario Cabrol y a Darío Gigena como refuerzos de lujo. Le fue imposible jugar como titular (sólo fue 2 veces al banco, porque tenía por delante a Martín Ríos y peleaba un lugar con Mariano Andújar) y desde afuera no pudo evitar el descenso al Nacional B. Sin un minuto en la Primera División de nuestro país volvió a cruzar el charco y disputó la temporada 2003/004 en Bella Vista. A pesar de todo lo bueno que prometió en un principio, su destino parece estar atado a clubes de menor envergadura como Paysandú (2005) o al más absoluto anonimato, como en estos días, donde no se sabe nada sobre su vida.

Juan Pordiosero