Golinowsky Marcelo

Marcelo Fabián Golinowsky
Ser arquero suplente no es para cualquiera. Hay que saber conjugar la paciencia con el entusiasmo por el fútbol. Casi nunca toca la posibilidad de ser titular, pero siempre hay que estar preparado, atento para actuar. Y algunos han vivido esa experiecia con total dignidad, como el caso de Golinowsky, un histórico número 12 del ascenso que incluso tuvo su versión en la Primera División. Fue allí donde puso la cara para un album de figuritas, enfundado en el buzo de Platense (1991/92) y con el apellido mal escrito. Eso fue lo más cerca que estuvo del estrellato. Antes y después, claro, tuvo una carrera sin muchas luces en el ascenso.
Recordado en Almirante Brown, comenzó con pocas chances y de a poco se las fue ganando. Entre 1985 y 1987, por ejemplo, fue suplente de los arqueros Theiler y Bertero, pero un año más tarde obtuvo la titularidad. Vivió muchas batallas, entre ellas, la que tuvo a su rival, Quilmes, como campeón del Nacional B en la temporada 1990/91. Estar en el tapete del ascenso le dio el pie para hacer la diferencia y llegar a un equipo de Primera. Después de su periplo poco productivo por el Calamar (no llegó a debutar) regresó al under, su segunda casa. Intentó lucharla bajo la sombra de Carlos Goyén en Atlético Rafaela (1992/93), pero fue en vano. Al menos conoció a Claudio Cristofanelli, al Plumero Rubén Gómez, a Daniel Selenzo y a Fabián Suescún.
En la temporada 1994/95 fue alternativa de Raña en el arco de Estudiantes de Caseros y parecía que vivíría hasta el último de sus dias relegado al banco de relevos. Pero el destino le tenía preparada una alegría bastante grande. En julio de 2000, fue protagonista cuando se lució en una definición por penales ante Ituzaingó y ganó el ascenso a la Primera B con los colores del Deportivo Merlo. Un final feliz difícil de hallar.

Juan Pordiosero

González Eduardo

Eduardo Hernán González
Arquero con un cierto aire al Torpedo Arias que pasó fugazmente por la Primera División del fútbol argentino sin que nadie lo advirtiera. En la maxima categoría, sin embargo, llegó a defender el arco del Deportivo Español en 4 oportunidades (1997). Pocos lo recuerdan pero fue parte del proceso fatídico que desembocó en la pérdida de la categoría del conjunto gallego.
Su carrera continuó en el ascenso, donde tuvo la suerte de defender los colores de varios equipos. Pasó por El Porvenir (en Primera B), Comunicaciones (en Primera C) y Yupanqui (en Primera D). Según se comenta, la AFA estudió en algún momento la posibilidad de crear una Primera E para que este portero pueda seguir jugando. No creemos en esa versión.

Juan Pordiosero

Panichelli Germán

Germán Antonio Panichelli
La imagen fuera de foco y casi fantasmal no es una mera casualidad. A su carrera siempre le sobró una gran porción de mala suerte. Este delantero cordobés padeció todos los infortunios posibles y luchó para destacarse por sus cualidades más allá de los tropiezos.
Debutó muy joven en Instituto de Córdoba (1983-86), donde sólo pudo disputar 20 encuentros sin poder hacer pie en la Primera División. Con 2 goles en la máxima categoría pocos aventuraban que rompería redes a granel. Pero pasó a Villa Dalmine en la Primera B y terminó segundo en la tabla de goleadores. Volvió a Instituto y fue transferido al fútbol boliviano, donde encontraría su verdadero lugar en el Mundo. Primero se hizo conocer con la camiseta del Blooming (jugó en 1986 con el Negro Custodio Méndez y fue finalista) y después con la de The Strongest, donde fue campeón. La escalofriante suma de 50 goles en muy poco tiempo generó interés por parte de River, que andaba buscando una alternativa en la ofensiva para el equipo que dirigía Menotti en 1988. El club no escatimó en gastos y desembolsó los 100 mil dólares que valía el pase. Pero por alguna cuestión paranormal, ese sería el inicio de su ocaso. Llegó, se puso la camista del Millonario, firmó su contrato y posó para la revista El Gráfico. La foto borroneada se convertiría en el índice de lo que significaría la peor racha de su trayectoria. En la pretemporada se rompió un ligamento cruzado de la rodilla izquierda y tuvo que ser operado por el doctor Horacio Leani. Al mes de sacarse el yeso sufrió una infección que le provocó otra internación en el sanatorio Mitre. Estuvo muy complicado y encima, a causa de los medicamentos, tuvo un cólico renal. Conclusión: perdió 10 kilos y todas las chances de poder jugar en River. Entrenó hasta mediados de 1989 pero fue en vano. En la década del ’90, donde tendría que haber explotado, fue simplemente una sombra de lo que prometía ser.

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Una vez retirado se dedicó a la dirección técnica y de a poco se fue insertando en el medio. A fines de 2004 se sumó como entrenador de la quinta y sexta división de Instituto y de a poco fue ganando posiciones. Tal es así que en la temporada pasada llegó a ser ayudante del técnico de Primera, Ramón Álvarez.
Sin embargo, la notoriedad que no supo tener en su paso por el fútbol grande si la logró en otro ámbito. Increíblemente, su nombre apareció recientemente en una polémica y mediática guerra de los heladeros en Córdoba Capital.
Germán Panichelli es uno de los dueños de la fabrica de helados Tío Elvio, que se caracteriza por el bajo costo de sus productos (en 2005 tenía el kilo a 5 pesos), cosa que pone muy nerviosos a sus competidores del rubro. Sus económicos helados fueron incorporados por los comerciantes a las heladerías, maxikioscos y polirrubros cordobeses, en una movida bastante particular.
En Tío Elvio asesoran a sus franquiciados (tiene mas de 30) para que no realicen servicios de delivery o entregas a domicilio por cuestiones de seguridad, privilegiando el bajo costo de sus productos en el mismo local para mantener la clientela. La pauta es clara: precios accesibles para la gente de menor poder adquisitivo. Asique, usted ya sabe. Si vive en Córdoba y quiere helado, cómprele a un baldosero.

Juan Pordiosero

El arte de la combinación

Estaba al caer el homenaje a Rubén Darío Insúa que en apenas una temporada en Ferro y otra en San Lorenzo, dejó un grato recuerdo en sus banquillos imponiendo todo un estilo…pero de vestimenta, no futbolístico.
Qué una persona combine de la forma en que se puede apreciar en las fotos preocupa, pero también intriga como hizo para ganarse a su voluptuosa mujer, que lo acompaña desde sus días de jugador.
De la primera imagen nada se puede decir del saco, pero se asoma una remera complicada, que no queda linda ni de pijama. En segundo orden, aquella camisa naranja con corbatín que ni siquiera se puede justificar con que haya servido de cábala para ganar la Copa Sudamericana. Y por último, el jean rojo y con mocasines, nada más antiguo y atemporal.
Desde ya, hacemos un llamado a la solidaridad a aquellas personas que puedan aportar fotos del personaje en los ’90, que esas sí, pueden dar mucho que hablar.

Cucu

Momó Blaise

Blaise Douglas Momó
Delantero camerunés que llegó a Uruguay junto a otros dos compatriotas como Tatap y Hughes Mbiakop, aunque claramente fue el peor de los tres.
Precedido por actuaciones en Unión Douala (1996-1997) y Racing Bafusam (1998-1999), ambos de su país, insinuó algo con su tenacidad y velocidad en Tacuarembó (2000), pero se mostró muy alejado del gol. De esa forma debió conformarse a ser suplente y sobre el final, ni siquiera eso.
Sin dudarlo y con la convicción de pelearla por estas latitudes, optó por jugar el ascenso charrúa para el pintoresco Tanque Sisley (2001) aunque allí tampoco logró sacar diferencias que justificaran su permanencia en esa institución y emigró.
Pasó por el fútbol de China y tomó una prueba en el Blooming de Bolivia (2003), hasta que apareció en Argentina para ser observado en Tiro Federal (2003-2004) junto a Tatap. Pero nuevamente decepcionó y obviamente se mandó a mudar para recalar otra vez en nuestro vecino país del norte. De esa manera se cerraba el efímero capítulo en nuestro país de esta pintoresca dupla.
Según Seducidos y Abandonados, «hasta aquí todo normal, un ladronzuelo más que vino a hacer la América y terminó sufriendo todas las penurias de un fútbol pobre en todo sentido. Pero este Momó no se conformaba con ser un ladrón dentro de la cancha y trató de ejercer como estafador fuera de la misma. El resultado de esta profesión también fue el fracaso rotundo».
La historia cuenta que el morocho fue detenido en Bolivia junto a otros dos africanos, mientras era jugador de segunda división, por una estafa de 175 mil dólares a un empresario.
Fue en la zona de Tipuani, en donde por su condición de futbolistas, establecieron buena relación con algunos habitantes y mucha confianza con el adinerardo Franco Quispe Choque, a quien se ofrecieron ayudarlo a vender maquinaria pesada para la explotación de oro.
Una vez que tomaron confianza, la víctima, que tenía el dinero sobre la mesa, se sintió mal por algunos segundos, y en ese momento aprovecharon para llevarse el botín. Se estima que los acusados mezclaron algunas pastillas en la bebida para adormecerlo. Ya recuperado, el minero ofreció una recompensa de 30 mil dólares a la persona que los atrape.
Finalmente fue detenido por un grupo especial de la Policía Técnica Judicial cuando se alojaba en un hotel, pero lo curioso es que unidades especializadas investigaron las conexiones que tendrían ellos con la denominada «Bota Africana» que operó el año 2003 y estafó una veintena de empresarios, industriales, comerciantes y ejecutivos.
Lo cierto es que este muchacho llevó una vida que bien refleja su apodo, siendo todo un carnaval, y él justamente, el Rey Momo.

Cucu

García Manuel

Manuel Pablo García (El Conde)
Goleador en las inferiores de Racing, alimentó en sus últimos años de juvenil la teoría que aseguraba que repetiría su labor en Primera División. Pero claro, se quedó sólo en las buenas intenciones porque una vez consumado su debut jamás pudo mostrar su instinto asesino.
Nacido en Brinkmann, a 70 kilómetros de la localidad cordobesa de San Francisco, hizo su estreno en la noche del sábado 8 de julio de 2000, en una inusual goleada (6 a 0) de La Academia ante Unión de Santa Fe, en el Cilindro de Avellaneda. El Conde (el apodo es gracias a su parecido físico con Fernando Galetto) marcó el sexto tanto de su equipo en la primera pelota que tocó e ilusionó a varios simpatizantes ávidos de un hombre-gol.
A partir de ese momento trató de aprovechar las oportunidades otorgadas a cuentagotas, pero se le hizo difícil. Jugó un puñado de encuentros con grandes baches en donde ni siquiera fue al banco. Incluso formó parte del plantel que ganó el Apertura 2001, pero no jugó ni un minuto.
En la temporada 2003/04 tomó una decisión bastante jodida: irse a jugar al fútbol polaco. Y aguantó bastante, porque regresó en julio de 2004 luego de un año de hacer goles en el Legia Varsovia.
Cuando volvió a Racing escuchó ofertas y pudo haber fichado para Newell’s, que lo inscribió cablegraficamente, pero finalmente se quedó con las ganas de jugar. Recién recobró protagonismo cuando pasó a Unión de Sunchales (2005/06), en el Torneo Argentino A. Allí anduvo muy bien y despertó el interés de otros conjuntos de la categoría.
En julio de este año fue pedido expresamente por el técnico de Atlético Tucumán, Andrés Rebottaro y firmó a préstamo por un año. Aunque no la tiene nada fácil, porque pelea el puesto con Carlos Paratore, Cristian «el Bocón» Torres y Facundo Gareca, tratará de mantener el nivel y ascender al Nacional B.

Juan Pordiosero