Ricardo Javier Viveros
Esta es la historia de un olvidado personaje que pasó de forma fantasmal por el fútbol argentino.
Se trata de un delantero chileno que en 1992 apareció en Huachipato y al debutar marcó un gol frente al durísimo Lota Schwager. Durante varios años permaneció en ese club transformándose en un jugador del montón.
No obstante, en 1997 fue adquirido por el Deportes Temuco dónde jugó hasta 1998 sin cobrar y luego desembarcó en nuestro país.
El club que se animó a contratarlo fue Argentinos Juniors, en el que jugó poquito y su estadía se resume en un clásico perdido ante Patense, dos goles poco importantes y una deuda salarial. Explicando su fracaso, sostuvo que había madurado como persona y como jugador. «En ese sentido le saqué mucho provecho, lo importante es que anduve bien y eso me dejó tranquilo. Los entrenamientos son prácticamente iguales, lo que lo hace diferente es la gente en los estadios».
Por todas esas cosas, es que pidió rescindir, además de tener una jugosa oferta del Colo Colo. Al menos, se llevó un buen recuerdo de Pontiroli, Plaza, Moreno, Cartés, Sanzotti y Ceferino Denis.
Contento y feliz por firmar con uno de los clubes más grande de su país, se daría cuenta poco tiempo después que la camiseta del Cacique le quedaba grande. Es que el entonces técnico Gustavo Benítez, que lo había pedido, partió al fútbol español y fue reemplazado por el brasileño Nelsinho Baptista. Con la llegada de éste vio disminuídas sus posibilidades y se podría decir que «retrocedí varios años en el fútbol».
«Fue el peor momento de mi carrera, incluso estuve pensando en retirarme. Veía como muy injusto el hecho de que miraba los equipos y yo no podía estar en uno. Era frustrante».
Emigró al O’ Higgins en el 2000 y sólo un año después pasó a la Universidad de Concepción, donde aún hoy permanece a pesar de todo. «En lo futbolístico he andado bien, pero en lo que son los goles, me han faltado. Pero eso no me inquieta porque en cualquier momento pueden salir. Lo importante es que ande bien y que el equipo esté ganando». Jugó dos años en el ascenso pero lograron llegar a primera e inclusive participar de Copa Libertadores junto a Hugo Droguett.
Para el 2004, Estudiantes de La Plata a punto estuvo de contratarlo, pero su inscripción cablegráfica quedo precisamente en eso.
En cuanto a sus cualidades, él mismo se autodefine: «no soy muy carismático, de demostrar mi enojo en el momento de ir perdiendo o cuando estoy haciendo las cosas mal», lo que deja entrever a un verdadero pechofrío.
De familia de futbolistas, su tío Gustavo integró la selección nacional a comienzos de los ’70 y su primo Juan Francisco fue seleccionado nacional Sub 17.
Siendo la oveja negra del clan, Viveros reconoce que una espina que tiene clavada es que nunca tuvo la suerte de participar en alguna selección… y por lo visto nunca la tendrá.
Cucu






