Córdoba Carlos

Carlos Alfredo Córdoba
A mediados del 2004 llegó desde Colombia junto a Francisco Foronda a probarse a Gimnasia y Esgrima de La Plata donde pasaron una prueba poco exigente y quedaron. En lo previo iba a ser suplente relegado por su coterráneo, pero una grave lesión de éste en los entrenamientos lo adueñó del puesto.
Defensor central o lateral, llegaba con el antecedente de haber pasado por el Pereira (1996-2002) y el Independiente de Medellín (2002-2003).
Un Lobo desarmado y complicado con el promedio, confió en el y las cosas fueron lamentables. La campaña del equipo de Ischia no fue despreciable, pero lo del moreno defensor resultó alarmante. Para no complicarse y disimular sus deficiencias, rechazaba lo que se movía, con la particularidad de errarle siempre a la cancha y depositando todas las pelotas más allá del rectángulo de juego. En un sólo partido anduvo bien, un miércoles frente a Independiente.
El grupo empresario que posee su pase, lo vende como un jugador de gran temperamento, muy veloz e inteligente, que tiene una gran pegada y es muy buen cabeceador en las dos áreas, aspectos que no se vieron en sus seis meses en el país.
Entrado el 2005, la dirigencia de Gimnasia al no ser tenido en cuenta lo dejó ir y partió rumbo a Europa. Actualmente se desempeña en el Ciudad de Murcia (2005) junto a los argentinos Gerardo Rivero y Cristian Díaz. Y la sigue tirando afuera.

Cucu

Herrera Hugo

Hugo Ernesto Herrera
Uno se imagina a este hombre en la plenitud de la tercera edad, contándole a sus nietos historias difíciles de creer. Les dirá que fue futbolista, y ellos escucharán asombrados. Les dirá que fue bueno, y ellos mirarán con desconfianza. Les dirá que jugó un partido con las máximas estrellas de la historia de River, y ellos caerán desmayados en el piso, emulando el «¡Plop!» de Condorito.
Para el mundo del fútbol en general, Hugo Herrera será por siempre un simple desconocido. Para la gente de Las Heras, su pueblo natal en la Provincia de Mendoza, Hugo Herrera es un tipo bastante polémico que supo prometer en el fútbol zonal.
Surgido en las inferiores del Huracán local, fue creciendo con buenas expectativas sobre su rendimiento. En 1998 le consiguieron una prueba en Capital Federal, y hacia allí fue para tratar de triunfar en el fútbol grande. Primero estuvo seis meses en Ferro, y luego le llegó la gran chance: formar parte de las inferiores de River Plate. Al principio entrenaba de lunes a viernes y los fines de semana volvía a Las Heras para jugar el torneo local.
Estuvo 4 años en la entidad de Nuñez. Superó de a poco las exigencias y llegó a entrenar con la Primera División, cuando el Tolo Gallego dirigía el equipo profesional. Compartió entrenamientos con el Burrito Ortega, Hernán Díaz y Roberto Bonano, entre otros.
En una nota concedida a un medio gráfico de su lugar natal, Herrera habló sobre su estadía en River. «En lo futbolístico, en la Reserva aproveché todas las situaciones que tuve, todas las veces que jugué lo hice muy bien. En Primera, fue una vez, pero anduve bien». Y continuó «la experiencia fue muy importante, porque las veces que tuve oportunidades las aproveché. Tuve mi debut cuando Américo Gallego me hizo jugar en ‘Los 100 años de River’, frente a Peñarol«.
Así, con esa simpleza, el delantero contaba que en 2001 había compartido una noche en el Monumental con Amadeo Carrizo, Pinino Más y el Beto Alonso, entre otros.
Al ser indagado sobre la relación que entabló con los técnicos que tuvo, aclaró «con Gallego estaba en la Reserva. Eran todos los profesionales con algunos amateurs. Y con él tenía muy buena relación. Con Ramón Díaz no quedaron tan bien las cosas. Porque su forma de ser chocaba con la mía y no congeniábamos. En el ’98 tuvimos intercambios de palabras no muy amistosas».

A mediados de 2001 quedó con el pase en su poder y tuvo salir a buscar club. En la misma entrevista le preguntaron sobre su futuro:

-¿Te gustaría volver a Huracán Las Heras?

-Por supuesto. Fue el club que me vio nacer. Pero en estos momentos ellos tienen que entender que estoy para dar otro paso más importante.

-¿Has tenido contacto con clubes de la B Nacional?

-En Mendoza se ha hablado con Independiente y Godoy Cruz, pero no se ha quedado en nada. Y fuera de la provincia también hay posibilidades. Profesionalmente me gustaría en México e Italia. Pero me encantaría quedarme estos seis meses en mi provincia porque soy mendocino. Pero sino, en cualquier club del país.

De tanto regalarse a los equipos importantes y negarse a jugar en el equipo que lo vio nacer, terminó arreglando con Defensa y Justicia, donde fue irrelevante y se ganó el pasaje de vuelta a Las Heras, en 2002, para jugar en…Gutierrez !!!.
Si, traicionando al club de sus amores, se puso la casaca de otro equipo de la zona, cuyos hinchas son apodados «Los Perros». Y en mayo de ese año debutó ante su ex equipo, por la liga mendocina.
Para el comienzo de la siguiente temporada consiguió el tan ansiado pase al exterior y se calzó la casaca del Provincial Osorno de Chile, donde hizo varios goles y compartió la delantera con el Turco Alejandro Naif, en la segunda división.
Allí, tras la cordillera, es donde se lo vio con vida por última vez.

Juan Pordiosero

Vujacich Leonardo

Leonardo Emilio Vujacich
Delantero del que no tenía recuerdo alguno. Sin embargo, jugó en River y Quilmes a principios de los 90 (en el Cervecero, 3 partidos en 1992 y en el Millonario, un partido oficial en 1994).
Quizás su momento de mayor gloria haya sido jugando el Trofeo «Diario UNO de Mendoza» , contra el Real Madrid, que estaba de gira en el país. En ese encuentro River puso un equipo de «emergencia» con Sodero; Gamboa, Clérico (a quien le debemos un homenaje), Almeyda, Altamirano, Cocca, Alejandro Ojeda, Toresani, Amato, Berti y el Guatemalteco Rojas. Entraron después Raciti, Vujacich y algún Fernández (otro fantasma). Con esos nombres de River podría esperarse como mínimo un Real Madrid C pero increíblemente se enfrentaron a: Buyo (Contreras); Chendo (Velasco), Marcos (Dani), Nando (Antía), Sanchis, Milla (F. Sanz), Butragueño, Míchel, Zamorano, Prosinecki y Martín Vázquez (casi todos titulares). Obviamente el partido lo ganó el Madrid 4 a 1 (¿se habrán llevado el trofeo a España o lo dejaron de seña en el hotel?).
Vujacich estuvo jugando en alguna categoría de ascenso italiano, mas precisamente en el Latina y el Formia, permaneciendo siempre entre los goleadores y mejores jugadores del torneo, lo que le valió el apodo de «fantasista».
Hoy parece que su carrera profesional terminó pero sigue vigente y es una de las estrellas del campeonato de fútbol 5 italiano, siendo partícipe de los equipos de Gaete SRL y Essemme Infissi (donde juega actualmente)
No hay mucho mas que agregar sobre Vujacich, de hecho no se como conseguí una foto.

Pastor

Suescun Fabián

Fabián Ariel Suescun
Pocas certezas existen sobre el origen en el fútbol de este delantero, sin embargo a partir de su paso por Ferrocarril Oeste a fines de los 80 y principios de los 90 (58 partidos, 3 goles), donde conoció a Cancelarich, Vázquez, Agonil, Turdó, Pobersnik y compañía, su nombre saltó a la fama. Interesantes producciones lo llevaron a mitad de 1991 a Racing de Avellaneda (6 partidos por torneos locales), club en el cual sólo se le recuerda un gol a Peñarol por la Supercopa de ese año.
En 1992 desembarcó como refuerzo estrella del Sporting Cristal para la Copa Libertadores. Los dirigentes optaron por contratar a un delantero de afuera como la gran solución para su equipo. Su carta de presentación decía que había jugado en la primera división de Argentina, un antecedente bien válido. Sin embargo, les faltó leer «las letras pequeñas» donde expresaba que apenas había anotado tres goles en cuatro temporadas y media.
Según los amigos de Muera el Julgo, «Suescun jamás olvidará sus primeros días en Perú. Llegó al equipo campeón, que casi no llevaba gente al estadio, competía por el puesto con dos veteranos que se jugaban sus últimas cartas en el fútbol como Baldessari y Navarro y encima lo entrevistó Jaime Baily en su programa nocturno que tenía alto rating. El cordobés estaba feliz, tocaba el cielo con las manos, pero en algún momento llegaría la hora de jugar. El hombre destinado a marcar goles en la Copa, apenas actuó en dos partidos y ninguno completo». No hace falta decir que no anotó en el torneo continental y sólo lo hizo en el local.
Retornó al país con la esperanza de olvidar el mal trago y comenzó a deambular por Atlético de Rafaela (1993-1994), Deportivo Italiano, Douglas Haig de Pergamino (1995-1997 con Perassi, Trivisonno y Cuartas, donde cobró su deuda através de una inhibición) y All Boys.
Pero no conforme en lo económico, partió a China en busca de dinero. Pasó por el Shangai pero en 1999 apareció en el plantel de San José de Oruro de Bolivia.
Se recibió de entrenador en la Escuela Oficial de Directores Técnicos de Fútbol de Avellaneda con la promoción 2002-2003, junto a Cristian Traverso, César Velásquez, Alejandro Farías, Jorge Reinoso y Gustavo Grondona.
Su última aparición pública fue en el Centenario de Ferro. Integró el «Equipo Verde» con Oscar Garré, Alfredo Turdó, Mario Gomez, Néstor Lorenzo, Gustavo Mascardi, José Forte, Jorge Cordón y Sergio Mandrini.

Cucu

Parmiggiani José

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Surgido de las inferiores de Unión de Santa Fe y con un pasado en las selecciones juveniles de Pekerman, José «Quesito» Parmiggiani tiene uno de los mejores apodos del fútbol mundial.
Debutó con buena fortuna contra Velez , en el 2001, marcando el gol del empate en tiempo de descuento con un buen cabezazo (video que podemos observar acá gracias a tatengues.com.ar). Sus números finales en el conjunto santafesino no fueron los esperados ya que completó 6 partidos con un sólo tanto.
Con el tiempo se perdió en el universo futbolero y hay indicios de que jugó para Guillermo Brown de Puerto Madryn en el Argentino A.
Como todo baldosero de ley, se fue a Europa y al parecer estuvo en Académica de Portugal antes de caer para la temporada 2004/05 en el siempre recordado Penne Calcio, de la Serie D italiana. En el Penne se destapó con 15 goles en su primera temporada. Este año sigue en el conjunto bianco-rosso manteniendo un buen nivel, en un club que aspira a ascender a la serie C2.
Por las dudas, Parmiggiani ya avisó que si se llega a dar, él invita con una fondue.

Pastor

Nordfors Gustavo

Gustavo Sebastián Nordfors
«Prefiero que salga campeón Racing antes que jugar en Primera. Prefiero eso a jugar en la Selección. Sólo lo vi dar una vuelta en la Supercopa y ante cualquier elección todo hincha la inclinaría para el mismo lado«.
Con esas declaraciones al Diario Olé, Gustavo Nordfors (o Nordfords, para otros) se hacía conocido luego de haber debutado oficialmente, en 1999.
Volante central y enfermo de La Academia hasta los huesos, no contenía su fanatismo y remarcaba a cada paso su condición de hincha ferviente, muy por encima de su realidad de futbolista. Sólo jugó un partido en la Primera de Racing, y casualmente fue en la última fecha del Apertura ’99, cuando el equipo de Avellaneda jugó el autodenominado partido de «la hinchada del milenio» ante Gimnasia y Esgrima de La Plata. Nordfors sólo jugó 12 minutos, suficiente como para contárselo a sus hijos.
Siguió en el plantel hasta 2002 (si, también vivió de cerca el título de 2001), pero luego buscó otros horizontes ya que no podía seguir viviendo del aire, o de las pocas chances que le daba el club de sus amores.
Cayó en el ascenso y allí se puso varias casacas. La de San Miguel (hasta mediados de 2003), la de All Boys (lo rajaron junto a otros seis compañeros, antes de que finalice la temporada 2003/2004) y la de Dock Sud, donde juega actualmente.

Juan Pordiosero

Ayr Nicolás

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Nicolás Nahuel Ayr
Unos cuantos dirán que puede ser prematuro y hasta peligroso postear a un jugador de 23 años, porque su historia aún se está escribiendo y por ende revertirse. Pero vale ir por partes.
Su apellido encajaría perfectamente con un jugador de básquet, y hasta el mismo Michael «Air» Jordan debe morir de envidia, aunque es sólo una simple suposición, es poco factible que el norteamericano conozca a Nicolás. Pero sabiendo que internet llega a todas partes del mundo, desde este humilde blog, lo damos a conocer.
Nació en 1982 y de pequeño comenzó a «volar» detrás de la pelota en El Ciclón de Berisso. Al tiempo su entrenador consiguió un lugar en otro club y no dudó en llevarlo. Hasta los 13 años participó en los planteles de 19 de Noviembre en la Liga LISFI, la misma de la que surgieron entre otros Rubén Capria, Diego Colotto y Juan Sebastián Verón.
Luego de un glorioso 1995 en el que ganó entre otras cosas los Torneos Juveniles Bonaerenses, fue a probarse a Estudiantes de La Plata, en donde consiguió el fichaje y el sueño de hacer una carrera consagratoria.
Admirador de Almeyda y del Pepi Zapata, comenzó a entrenar con la primera y a aprender los diferentes secretos de la profesión. Jugó de líbero, stopper, marcador de punta derecha, izquierda y hasta de volante, tratándose de adaptarse pero siempre bajo la sombra de algún futbolista con mayor experiencia.
Cuando recién arrancaba, sufrió uan dura lesión que le hizo perder mucho terreno, y una vez recuperado ya casi no tuvo lugar. Para colmo el Pincha era una verdadera banda que agruapaba figuras de la talla de Tauber, Alejandro Carrusca, Pajuelo, Unali, Bergara, Molinari, Ciavarelli, Osorio, Pieters, Kmet, González Tapia y Zúñiga.
De su camada, sólo Mariano Pavone logró hacer pie, ya que Israel Damonte y Leandro Evangelisti debieron buscar otros horizontes.
En el 2003 le llegó una oferta del Huachipato de Chile, club en el cual dirigía Oscar Garré, pero la operación quedó trunca.
Al año siguiente finalmente pasó a préstamo a los Trotamundos de Querétaro (2004), de la segunda división de México. Sin embargo a mitad de año retornó al país.
Según el Diario Olé, entrenó en Sarmiento de Junín pero no llegó a un acuerdo por lo que sin más remedio volvió a su ciudad.
El incipiente La Plata FC, de la mano del poder político, pretendía comenzar a escalar posiciones alocadamente y con unos buenos billetes empezó a gestar un equipo con nombres importantes. Así como en Rosario los jóvenes de Newell’s o Central pasan a clubes de menor envergadura, en este caso sucedió algo similar. Ayr fue de los primeros en llegar, y conoció durante todos estos años a Martín Mazzuco, Daniel Fernández, Guillermo Tambussi, Gustavo Dueña, Mauro Amato, Claudio Biaggio, Jose Manuel Barbas y Marcelo Ruffini. Asentado en una institución en la que juega, cobra bien y al día, y está cerca de su casa, Nicolás parece haber tomado un poco de Ayre, pero muy lejos de una primera división.

UPDATE

Después de su paso por La Plata paso al 2 de Mayo de Paraguay donde estuvo un año, para esta temporada 2006/2007 firmo con el Deportes Tolima colombiano donde jugará la Copa Libertadores junto a Gustavo Savoia y Diego Cochas.

Cucu

Bartolucci Uriel

Uriel Marcelo Bartolucci
Para tratar de ser más creíbles sin perder la emotividad, a la hora de transmitirle lo que sucede a la gente, los relatores de fútbol suelen apelar al dramatismo y a la exageración con algunas metáforas y el sonido ambiente como únicos aliados.
Están los que dicen que tal o tal jugador «corre hasta quedar sin piernas», «deja el corazón en la cancha», «es el alma del equipo» o sencillamente «se juega la vida».
También suelen adornar las frases que tienen que ver con las sensaciones que viven los futbolistas durante los 90 minutos. La alegría está relacionada al gol o a los festejos. La muerte, el terror y el miedo, a los momentos complicados y decisivos.
Sin embargo, ningún relator imaginó alguna vez que una metáfora como «el jugador tiene pánico» podría convertirse en realidad.
Uriel Bartolucci es la prueba de que una persona puede sufrir esa enfermedad, incluso dentro de un campo de juego. Ocurrió en Marzo de 2004, cuando jugaba para su equipo, el Real Avilés, ante el Racing de Santander B, por la Segunda B de España (la tercera categoría).
A los 14 minutos del primer tiempo le dijo a su técnico «no puedo más, me ahogo» y a los pocos segundos tuvo que abandonar el estadio con un cuadro típico de ansiedad, con ataque de pánico.
La noticia tuvo una repercusión muy grande en el país ibérico porque el motivo del percance físico del argentino era bien claro: angustia provocada por los incumplimientos por parte del club. A Bartolucci y al resto del plantel les debían tres meses de sueldo.
«Nunca me había pasado algo así. Sufrí una crisis de ansiedad. Venía muy preocupado porque no nos pagan. Los dirigentes prometen y no cumplen. Unos a otros se pasan la responsablidad. Nunca me imaginé que iba a pasar por una situación así. Para eso me hubiera quedado en la Argentina. Creía que estas cosas sólo pasaban en nuestro país, pero aquí también hay gente que no cumple«, declaró Bartolucci luego de aquél incidente.
Sobre la notoriedad que tuvo el caso explicó «se armó mucho revuelo, pero nunca estuve grave. Tampoco me desvanecí, salí caminando. Si hubiera querido armar algo así para llamar la atención y tratar de que nos paguen, no me hubiera salido tan bien. Lo que pasa es que el ambiente está muy sensibilizado por las últimas muertes que hubo en las canchas (el camerunés Foe y el húngaro Feher)» y agregó «el sueldo promedio en esta categoría oscila entre los 1200 y los 1500 euros. Yo alquilo y pago 400 euros. En los últimos meses se me fueron los pocos ahorros; ya tengo que empezar a cuidarme en las compras básicas. Veía que no podía pagar el alquiler, que me iba a atrasar. No podía sacarme estos problemas de la cabeza. Le pedí el dinero a un dirigente y me lo dio, pero me hizo sentir que me estaba haciendo un favor, como si no nos debieran nada. No me gustó la actitud«.
Volante central, nacido en Cañada de Gómez y con inferiores realizadas en Newell’s, llegó a la Primera de La Lepra de la mano de Mario Zanabria, en 1996. Sólo disputó 2 partidos y partió hacia Argentino de Rosario, emulando la carrera de varios ignotos futbolistas de la zona. En el Salaíto estuvo 4 años e incluso logró el ascenso al Nacional B. Pero en la última etapa en Rosario se le complicó el tema económico (Argentino le debía 5 meses de sueldo) y prefirió buscar nuevos horizontes con el pasaporte comunitario en la mano.
Jugó primero primero en el Preñá de Mar, de Cataluña; luego en Castellón y por último en el Avilés de Asturia, todos de la Segunda B de España.
Su carrera no tuvo demasiados factores extraordinarios hasta el mencionado día en el que «empecé a sentir que se me aceleraba el pulso, palpitaciones. Una sensación de agobio y de opresión. Me asusté mucho, me pegué un cagazo bárbaro«.
Según dicen, hoy está en el Alcalá Guadaira del mismo país. Y queda claro que no está en este sitio por haber robado en el exterior.

Juan Pordiosero