Juan Carlos Padra
Petiso, flaco, flequillo prolijo, gambeta endiablada. Así asomaba Juan Carlos Padra en la Primera de Huracán a fines del milenio pasado. Claro que su historia en el fútbol venía de antes, del baby de Franja de Oro de Pompeya, al lado de su amigo Leandro Romagnoli, de las divisiones inferiores en el Quemero y una prueba en el Barcelona de España, que a los 16 no lo pudo fichar por no tener la doble ciudadanía.
Debutó en 1999 en la B Nacional jugando unos minutos ante Deportivo Español. Al año siguiente se ganó el puesto de enganche a fuerza de talento y los hinchas comenzaron a ilusionarse.
Tras lograr el ascenso a la A, se cumplió su sueño de jugar en Primera. Pero con el paso del tiempo y los técnicos quedó marginado detrás del Rolfi Montenegro y Lucho González. Babington lo colgó y no le quedó otra que buscarse club.
A fines de 2002 estuvo en Corea. El Daewoo Football Club estaba interesado en contratarlo, pero el clima asiático le jugó en contra. «Durante estos días de licencia que pedí en Huracán estuve en Corea, en Seúl. El club Daewoo me había hecho una oferta inmejorable, viajé para concretar la transferencia, pero decidí no aceptar cuando vi que el lugar era casi inhabitable. Imposible sobrevivir ahí, hacía 14 grados bajo cero, así que preferí quedarme acá. Tal vez psicológicamente no iba a poder aguantar«, dijo cuando pegó la vuelta. Días después pasó a préstamo al Logroñes del ascenso español. A cambio de 10.000 dólares y con una opción de compra de 400.000 partió seis meses rumbo al Viejo Continente para jugar, por problemas burocráticos con su pase, apenas 9 partidos y convertir un gol.
Cuando retornó, el Globo ya había descendido y se quedó a pelearla en la B Nacional. Sus números totales en el club de Parque Patricios cerraron en 90 partidos y 12 goles (58 encuentros con 10 tantos en la A).
Tras haber estado en carpeta de Los Andes y Cobreloa de Chile, a mediados de 2004 se mudó a Caballito. En Ferro disputó 4 cotejos y no convirtió goles. Sin embargo le alcanzó para conocer a figuras de la talla de Carlos Bangert, Cristian Ayala, Muhamed Nsubuga, Ibrahim Sekagya, Juan Pablo Caffa, Roberto Molina, Diego Cochas, Félix Décima, Mariano Campodonico y Federico Lagorio.
Para 2005 volvió a sacar el pasaporte a la luz y luego de fracasar su pase a Millonarios de Colombia fue hasta México. Fichó con el Lobos B.U.A.P, donde redondeó 14 encuentros y 3 anotaciones.
A mediados de año coqueteó con Olimpo de Bahía Blanca, pero terminó en Defensa y Justicia, donde apenas repartió 163 minutos entre 5 partidos.
En 2006 recaló en All Boys, para jugar el primer semestre del año, sin embargo no descolló y volvió a probar suerte en Europa.
En Italia defendió los colores del poderosísimo Nuovo Campobasso de la Serie D. «Me fue muy bien en el aspecto futbolístico. Pero en el club había muchos problemas entre los dirigentes y no me sentía cómodo. Además tengo una familia y ellos (su esposa y su hijo Román) no podían acostumbrase a la vida de Europa. Por eso preferimos volver y probar suerte acá«, declaró meses después.
A principios de 2007 estuvo a prueba en Temperley, pero no llegó a un acuerdo económico. También anduvo por Deportivo Morón, donde no convenció al cuerpo técnico. Por estos días está libre, buscando su destino en alguna cancha de nuestro país.
Hasta acá llegó la carrera de Juan Carlos Padra, un pibe que podría haber conocido el mundo y terminó conociendo gran parte de Buenos Aires a la perfección.
KeyserSoze