Baldosa Vieja: Ernesto Sauza

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Ernesto Carlos Sauza
En 1976 se rumoreaba que en el club Piraña atajaba una leyenda. Entonces un sábado rumbeé para la cancha de Sacachispas, donde el Rojo del Sur de la Capital hacía de local.
Me encontré con un chofer de la Municipalidad de Buenos Aires, que de a ratos era taxista, padre de cinco hijos y deportista de corazón. Si a esto le agregamos que tenía 43 años, que su pasión por el fútbol era gran parte de su vida y que ocupaba la valla de Piraña en la Primera D, estábamos frente a un singular personaje del fútbol sabatino que se llama Ernesto Carlos Sauza, porteño de Parque Patricios e hincha de Huracán.
Mientras él, con sus 43 inviernos jugaba en el primer equipo, su hermano menor, Eduardo Orlando, era el arquero de los veteranos, y su padre Roberto El Chueco… también conservaba un pasado de guardavallas.
Por aquellos tiempos, convertido en uno de los mejores árbitros de básquet en la Capital, Ernesto, llamado «Souza» por muchos, me contó su historia:

«Empecé jugando en Lirios. Rosarinos, un equipo de barrio. Roberto, mi hermano era el arquero titular. Después pasé a Las Naciones, con Grispo, Juan C. Guzmán, Paletta, un wing derecho que jugó en San Lorenzo, Cerdeyra (ex Deportivo Español) y Vicente Bonavena, el hermano de Ringo. Fuimos tres años campeones de la Liga Independiente de Fútbol Amateur. También jugué por El Plata, con Jesús Roldán, que jugó por Huracán, Chacarita, independiente y también en Central Norte, de Laferrere, con el Chato Santamaría, que fue de San Lorenzo
«.

¿Y en Piraña desde cuándo?
Desde 1960 en que se afilió a la AFA. Jugaba por Juan Ba Juniors y en un amistoso me vio Alcides Solé, por entonces presidente de Piraña. Me invitó a firmar por su club y acepté. Entrenaba martes y jueves, jugaba el sábado en la reserva de Piraña, era suplente de la primera y los domingos me iba a jugar por Central Norte. Los lunes, miércoles y viernes jugaba al papi en La Canchita. Durante seis años fuí titular.

¿Tuvo la posibilidad del fútbol grande?
En 1955 me llevaron a Almagro. Me iban a pagar 450 pesos por mes más 50 por partido. Pero arreglaron con Güelfi y Farina, y el señor Salgado, que me recomendó, renunció como tesorero. En 1959 estuve entrenando tres meses en San Lorenzo de Almagro con José Barreiro y conformé. El único arquero era Carrillo pero cuando fui a hablar con Pecoraro, de la Subcomisión de Fútbol, me hizo una propuesta rara, y me quedé sin nada. Ah… Barreiro me pidió el teléfono pera recomendarme a algún club, pero lo debe haberlo perdido. No me llamó nunca.

Sauza tenía algunas facetas no muy conocidas. Al arquero, al laburante, al jefe de hogar, hay que agregarle otras. Porque, créase o no, enseñó folklore en el club Liniers, bailó en televisión con Margarita Palacios, tocó el bombo. Todo eso mezclado con unas ganas de jugar al fútbol que un día de 1959 provocaron que se sacara por su cuenta el yeso de una clavícula rota para ponerse debajo del travesaño. Y entre sus recuerdos está el haber jugado con Héctor Casimiro Yazalde en Piraña.

«Chirola era un pibe sensacional. Lo recuerdo con cariño. Llegaba, se sentaba en un rincón casi ni hablaba. Recuerdo que solía decirme que le gustaba pegarle a la pelota çomo yo. Y que me apodó Turco«. Basta con el recuerdo para que haga su relación y refresque su memoria: «En 1965, Delfín Benítez hizo 65 goles y Yazalde, 47. Perdimos la final por el ascenso en cancha de Atlanta contra General Mitre. A Yazalde lo echaron a los 10 minutos. Con tres menos, nos hicieron el gol del triunfo en offside. A suerte y verdad, ganábamos nosotros«.

Pero el arquero tenía más cosas para contar, para sumar a su casi increíble gama de actividades. Jugó a la paleta en San Lorenzo, practicó patín, jugó al handball y al básquet, paró palos de bowling y fue . . . camionero.
En 1974 mereció la plaqueta al jugador más correcto por parte de los árbitros, y al mejor compañero que le dio Agremiados. Un tipo de esos que ya no hay. Un pibe de 43 años que jugó al fútbol porque le gustaba, que tenía un entusiasmo incomparable y puede ser mostrado como un ejemplo. Se llama Ernesto Carlos Sauza.

Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)

Islas parche Mita 1992

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Los partidos de verano también suelen dejar algunas perlitas en el vestuario de los futbolistas. Por la Copa Ciudad de Mar del Plata de 1992, Independiente venció a San Lorenzo por 4 a 1. Por el resultado del partido, se ve que Luis Islas no fue gran protagonista. Por suerte, ya que su vestimenta estaba muy lejor de enorgullecer el famoso paladar negro de sus hinchas. No se sabe si el buzo habitual quedó en Avellaneda o qué otro percance estival le sucedió al utilero, lo cierto es que en aquel partido Islas (en la foto junto a Boldorini, Meijide e Ibáñez) debió salir a la cancha con un parche publicitario (MIta) en su pecho para no quedar a destono de sus compañeros. Igual, no pasó desapercibido.

Chelo

Diazastroso, Diego

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Recién se iniciaba el verano del 92 y el actor/conductor/futbolista Diego Díaz se paseaba por las playas marplatenses destilando un innegociable mal gusto a la hora de vestir. Jardinero rojo (sin remera), vincha rojiblanca y protector labial. Por aquellos días, el Tinelli Boy que integraba el plantel de Platense (nótese la combinación archirrival de Díaz en su ropaje) se debatía entre la redonda y la pantalla como notero de canal 13. Finalmente, se decidió por el ambiente televisivo. Los hinchas, agradecidos…

Chelo

Beto Acosta 1991

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Que los hinchas de San Lorenzo se cansaron de gritar goles del Beto Acosta no es ninguna novedad, pero el goleador alguna vez tambien se encargó de evitarlos.
Por la última fecha del Apertura ’91, el Ciclon que dirigía el Nano Areán viajaba a La Plata para enfrentar a Estudiantes. San Lorenzo vencia al local por 2 a 0 (goles de Zandoná y el Beto) cuando a los 40′ del segundo tiempo Rubén Ruiz Díaz debió abandonar la cancha a causa de una lesión en el hombro. A partir de ese momento, el 9 ocupó el arco azulgrana durante 8 minutos, en los que detuvo un remate de gol de Aredes y un tiro libre de Trotta. Finalizado el encuentro, que clasificó a San Lorenzo a la Liguilla Pre – Libertadores, el Beto declaró a los medios que en su paso por Francia le tocó vivr una situación similar jugando para el Tolouse. En la foto, el festejo final junto a Ballarino, Monarriz, Matosas, Areán, Gustavo González y Cardinal.

Chelo

Jarast Sebastián

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Sebastián María Jarast
Nadie sabe cómo llegó, ni a donde partió este ignorado volante rionegrino con nombre de cuartetero nacido en Viedma el 5 de agosto de 1977, que se ganó un lugar en la Primera de Belgrano de Córdoba a fines de la década del noventa.
Con su pase en poder de gente de dudoso prontuario, desde su debut en 1999 hasta su salida a mediados de 2001, Jarast obtuvo la consideración de Ricardo Rezza, Enrique Nieto, Mostaza Merlo, Gustavo Alfaro o el DT de turno del Pirata.
Ingresando generalmente desde el banco de suplentes en las segundas partes, se dio gusto de jugar al lado de Coco Capria, Julio «le hice un gol a Quilmes y todavía vivo de eso» Mugnaini, Ariel Giaccone, Gastón Martina, entre otras glorias que pasaron por el conjunto cordobés.
Algunas lesiones impidieron que se desarrollara con mayor continuidad y a mediados de 2001 sufrió un duro revés cuando quedó libre por cuestiones económicas al igual que Luis Artime, Luis Sosa, Marcelo Amaya, Nicolás Godino, Heber D’Assise y el buscado Julio López.
Un viaje a Bolivia para defender los colores del Blooming le dieron la oportunidad de participar de la última edición de la Copa Merconorte, aunque luego de la desastrosa actuación de su equipo (último cómodo, con un punto) se le perdió el rastro. En 2003 sonó como posible refuerzo de Racing de Córdoba y desde entonces nunca más se lo oyó nombrar.
Se desconoce si durante su paso por el Pirata sus compañeros lo torturaban con los CD’s de la Mona Jiménez, provocando esto su gusto por el vino, y cambio de fisonomía mediante, sea el mismo que hoy hace sus delicias en el conurbano bonaerense.

KeyserSoze

Amarilla Roberto

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Roberto Ángel Amarilla
Zaguero paraguayo de curioso e interesante currículum, que sacó chapa por haber firmado con un club español cuando era un purrete y que transitó fugazmente por el fútbol argentino antes de darse a conocer en su tierra, donde tampoco fue gran cosa.
Nacido en Eusebio Ayala, a 80 kilómetros de Asunción, comenzó a jugar en los clásicos potreros hasta que un día lo vio Adolfino Cañete, aquel gran atacante de Ferro, y lo llevó para la Provincia de Santa Fe. Alto, flaco y con fama de buen cabeceador (sólo por la sangre guaraní), llegó a Atlético de Rafaela en la temporada 1998/99 y disputó 18 encuentros sin hacer demasiado ruido.
Truco de magia mediante, recaló en el Valencia de España (1999 a 2005) pero su insuficiente nivel y, por sobre todas las cosas, la dura competencia por un lugar en la defensa, sólo le permitieron jugar seguido en el Valencia B y ser prestado a otras instituciones, mientras los dirigentes esperaban la finalización de su largo contrato.
Casi como una mosca, lo fletaban pero volvía al primer equipo en las pretemporadas y a modo de justificación por una inversión que ya no daría rédito, los entrenadores lo ponían en los amistosos. Con ese currito disputó 17 encuentros no oficiales en el conjunto Che y, como si fuera poco, se dio el lujo de entrar un ratito en un partido de Champions League ante el Sturm Graz.
En condición de préstamo pasó sucesivamente al Getafe (2000/01), Badajoz (2001/02) y Racing Club de Avellaneda (2003), episodio fundamental en su carrera baldosera. Su paso por La Academia no fue malo ni mucho menos, pero en su brevedad alcanzó a entusiasmar a la gente con condiciones de crack y terminó defraudando como el peor, generando un comentario que encontraría eco: «¿Y éste jugaba en el Valencia?».
Sus 2 goles en 11 partidos por el torneo Clausura ’03 y su participación en la Copa Libertadores con aquel equipo dirigido por Ardiles, lo convirtieron en un momentáneo referente de la defensa, a tal punto que la dupla que formó con el colombiano Orozco le dio nombre a un sketch del programa Arde Troya, donde Gabriel Schultz y Diego Ripoll encarnaban a dos policías: Orozco y Amarilla, obvio.
Al año siguiente quiso ser profeta en Paraguay y se las arregló para actuar en Libertad junto a Guido Alvarenga y Derlis Soto; y en Cerro Porteño, al lado de Aldo Bobadilla y César Ramírez Caje.
Después de la última limosna del Valencia (62 minutos en 2 amistosos de la temporada 2005/06) finalizó su relación laboral con los Murciélagos y comenzó a desbarrancar de forma evidente, aunque siempre en la misma zona. En la 2006/07 anduvo por la 3º división española, defendiendo los intereses del Burjassot, equipo de camiseta amarilla y violeta. Cuando se enteró que no estaba en Los Angeles Lakers y que Kobe Bryant se iba a demorar un poquito en llegar, armó las valijas y a mediados del año pasado recaló en la Unión Deportiva Alzira. Hoy, a la distancia, debe estar arrepentido porque se fue de un club que tenía los mismos colores que el oso de La Nueva Seguros.

Juan Pordiosero