
Delfín Edmundo Benítez
Caso singular el de Delfín Edmundo Benítez, sobrino del ilustre Delfín Benítez Cáceres que brillara en Boca, Racing y Ferrocarril Oeste.
Inició su carrera a los 17 años y la prolongó hasta los 37. Y dentro de tantas curiosidades que signaron la trayectoria de este atacante, podemos remarcar que jugó con importantes referentes en tres épocas distintas: en la Primera de Huracán con Tucho Méndez, con Héctor Casimiro Yazalde en Piraña; y con el loco Houseman en Defensores de Belgrano, saliendo campeón en 1972 con grandes figuras como Oscar Tomás López, Albino Valentini (hoy hombre fuerte de la TV codificada del fútbol), la chancha Busti y el ratón Leonardi, entre otros.
Nacido en 1940, tuvo pasos con pena y sin gloria por Racing y Los Andes que le indicaron a los 17 años que no iba jugar más… pero volvió a los 25 para sumarse junto a Yazalde a Piraña. Entre los dos, en una temporada marcaron un centenar de goles. Con estos pergaminos, chirola se fue a triunfar a Portugal y Defín… recaló en All Boys, para pasar posteriormente por Ferrocarril Oeste, Huracán, Rangers de Talca, Unión de Santa Fe, Estudiantes, Almagro, Colegiales, Fénix y en su último club, Deportivo Riestra (1977), cuando sus compañeros mucho más jóvenes (él tenía 37) ya no le pasaban la pelota y entonces decidió largar.
Posteriormente se dedicó a la dirección técnica, permaneciendo muchos años en General Belgrano, hoy Lugano, cumpliendo la doble función de entrenador/preparador físico, tanto en Tercera como en Primera.
Asimismo, por su trabajo de sacar chicos de la calle, llegando a conducir a más de 200, la canchita de Savio ’80 lleva su nombre.
Otra faceta destacable es que escribió un libro sobre táctica y técnica de fútbol que nunca pudo editar y aún lo tiene como materia pendiente que lo desvela.
Jubilado el año pasado luego de muchos años de trabajo en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, hoy disfruta de sus nietos y su hijo, Claudio Delfín, árbitro de AFA en Primera C y D.
Una anécdota final para conocer a Delfín Edmundo Benítez, es la que vivió hace algunos años, cuando alejado de la actividad por varias injusticias y falta de reconocimiento de su paso por el fútbol, una tardecita cualquiera de sábado, se acercó a su cancha de Savio ’80, para presenciar un encuentro de Primera D, pero al querer pasar por el acceso, el control le exigió el pago de la entrada… justo arriba de sus cabezas, estaba el cartel que mencionaba su nombre, respondiéndole que él era Delfín Benítez, a lo que su autoritario interlocutor le dijo más o menos así: «Usted puede ser quien quiera que sea, pero si no paga, no entra«. Nuestro personaje de hoy, ante ésta situación ilógica e impensada, enfundó sus manos en los bolsillos, dio media vuelta y se volvió con la cabeza gacha hacia su departamento de monobloques de Lugano.
Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)