
Roberto Eduardo Carboni (el Chino)
«Un jóven jugador de fútbol más que interesante«, «Una real promesa del fútbol argentino«, «un compañero de Sergio Agüero, a quien se asemeja por el estilo y la calidad«. Así es como lo pinta algún empresario inescrupuloso al homenajeado de este post, Roberto Carboni.
Este volante ofensivo debutó en la primera de Independiente en el año 2004, de la mano del Pato José Omar Pastoriza, en plena turbulencia posterior a la salida de Daniel Grinbank y todos sus jugadores.
En el plantel de esa temporada compartió los asados de la concentración con verdaderos baluartes como Tomás Charles, Leonel Bottaro, Juan Carlos Tissera, Emiliano Dudar, Yaír Rodríguez, Fernando Lorefice, Loshi Losada, Martín Morello, Emanuel Rivas, Pablo Torres y Maxi Ayala.
En ese mismo año Independiente jugó la Copa Libertadores, con una deslucida actuación del conjunto, sin poder acceder a la segunda ronda, recibiendo quejas de antiguas glorias del club.
Nuestro héroe, pese a no poder jugar a nivel internacional, se pudo conformar con disputar 6 partidos por el torneo local (5 ingresando como suplente) y marcar un gol frente al descendido Nueva Chicago.
Luego del fallecimiento del Pato, con Daniel Bertoni apenas entró en dos encuentros y pese a los adjetivos grandilocuentes enumerados al principio del post, Julio Falcioni llegó al Rojo y lo dejó ir a préstamo a All Boys, donde deambuló sin pena ni gloria. Al volver al club, fue ofrecido a Atlanta junto con Rubén Salina y Mauro Fanari, aunque no se realizó la operación y quedó libre.
Asesorado por su amigo Maxi Ayala, realizó un video de dudosa calidad, intentado encandilar algún dirigente con pocas luces, o de alguna liga de poca exigencia.
Ocurrió finalmente lo segundo, firmando finalmente con el Estudiantes de Mérida, «el equipo del pueblo» de la liga venezolana, que se encontraba en la segunda categoría.
Al año siguiente, con ganas de cambiar de aire pero no de división, firmó con el siempre aspirante
Deportivo Anzoátegui, con el que finalmente lograría saborear un logro positivo y ascender…aunque este último hecho y la necesidad de reforzar el equipo hizo que en la siguiente temporada vea la gran mayoría de los partidos sentadito en el banco de suplentes.
Hoy por hoy, con apenas 23 años, y la gran mayoría de su carrera realizada en el ascenso argentino y venezolano, queda en el aire la duda de dónde quedó aquel jugador «de presencia notoria y rendimiento constante«, a quien para ser un jugador cuyo «largo período que jugó en Primera División le permitió crecer y adquirir mayor experiencia«, todavía le falta bastante.
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